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El Descenso del Extra - Capítulo 396

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Capítulo 396: Santuario de Pruebas [5]

Cuando se levantó la sesión del juicio, Brandon quedó libre de inmediato.

Amelia y Belle corrieron hacia él y lo estrecharon en un abrazo.

—¡Brandon!

Brandon les alborotó el pelo con suavidad y les dedicó una cálida sonrisa.

—¿Estás bien? ¿Te hicieron mucho daño? —preguntó Amelia.

—No es gran cosa. Estoy bien.

Brandon le restó importancia encogiéndose de hombros, y las dos se apartaron. Amelia y Belle parecían querer decir algo, muy probablemente sobre la muerte de Evelyn, pero se abstuvieron de hacerlo.

En su lugar, Amelia le hizo la misma pregunta, intentando averiguar sobre su salud mental, pero de forma indirecta.

—¿Estás… bien?

—Sí, estoy bien.

Brandon flexionó el bíceps.

—¿Ves?

Y le dedicó otra cálida sonrisa.

—Ah, vale…

No se refería a su estado físico… Pero Amelia dejó de preguntar ahí, y Belle permaneció en silencio.

Sabían que su sonrisa era una fachada, un intento de tranquilizarlas. Pero tras sus ojos, había un vacío que no podían describir.

—Escucha, Brandon… —Belle estaba a punto de hablar, cuando de repente Brandon avanzó.

—Bueno, vámonos. Estoy algo cansado.

—S-Sí, vale.

Brandon se alejó a grandes zancadas sin mirar atrás, como si no se hubiera dado cuenta de que las dos mujeres no lo seguían.

Amelia y Belle intercambiaron miradas, con una expresión de preocupación extendiéndose por sus rostros.

—¿Va a estar bien? —preguntó Belle.

—… No lo sé. Pero… siento que las cosas serán diferentes a partir de ahora.

Se les hizo evidente después del juicio, al ver todos los artículos y las publicaciones en las redes sociales sobre el mismo.

Los ojos del mundo entero estaban puestos en Brandon Locke.

***

Con las piernas cruzadas, después de que se levantara la sesión del juicio y terminara la retransmisión, Lujuria parpadeó, incapaz de procesar lo que acababa de suceder.

¿Cómo había atado cabos?

Pero la pregunta más importante que rondaba su mente era…

«¿De dónde sacó su conocimiento sobre los Arzobispos?»

Las cosas no habían salido según el plan en absoluto.

FIIIIII—

De repente, un portal se materializó detrás de su asiento, y un hombre emergió poco después, haciendo que Lujuria frunciera el ceño con asco.

—Tú otra vez…

Era Orgullo.

—La has cagado, pero bien.

—…

Lujuria había intentado negarlo para sus adentros, asegurándose a sí misma que, al final, había destrozado mentalmente a Brandon.

—Mira cómo las tablas han girado.

—…

A Lujuria le tembló un párpado. Se había equivocado. «Las tornas han cambiado», quiso corregirlo, pero no lo hizo. Sabía que solo intentaba provocarla.

Pero Orgullo no estaba del todo equivocado.

Había subestimado a Brandon.

Había planeado llevarlo al límite, destrozarlo por completo.

—La pequeña Lujuria pensando que todo estaba bajo control. ¿Cuál era tu lema? ¡Todo en este mundo me pertenece! ¿Verdad? ¡Ja, mírate ahora!

Orgullo, con su figura erguida y petulante, inclinó ligeramente la cabeza.

—Te volviste engreída. Pensaste que podías controlarlo todo.

Lujuria apretó más las piernas cruzadas, sintiendo la ira y la frustración bullir en su interior.

Había borrado todo rastro de su implicación, había matado a cualquiera que supiera demasiado.

A estas alturas, Brandon debería ser un hombre destrozado, incriminado por el asesinato de Evelyn y obligado a huir como un fugitivo.

¿Y adónde huiría?

Por supuesto, a Milis. La raíz de todos los problemas.

Esa era la totalidad de su plan.

Pero en cambio, él había convertido el juicio en una plataforma; una plataforma para exponer la verdad al mundo.

—…

—Te ha superado. El juicio que pensabas que acabaría con él no fue más que un escenario para que él lo derrumbara todo por completo.

El corazón de Lujuria latió más deprisa, pero esta vez, no era solo ira. Era otra cosa.

Su fuerza, su resiliencia… la excitaban.

Cuanto más se resistía, más lo deseaba.

Cuanto más la desafiaba, más anhelaba destrozarlo, hacerlo suyo en todos los sentidos.

Y ahora, después de todo, en lo único que podía pensar era en cuánto deseaba aplastarlo, hacer que suplicara su piedad.

Pero ¿cómo se las había arreglado para descubrirlo todo?

—¿Cómo lo sabía?

Masculló por lo bajo, más para sí misma que para Orgullo.

—Esa es la cuestión, ¿no es así? ¿Cómo sabe de nosotros? ¿De los Arzobispos?

Los puños de Lujuria se cerraron sobre su regazo.

Ese era el mayor misterio de todos. No debería haber ningún conocimiento público sobre los Arzobispos.

Llevaban años manipulándolo todo discretamente.

Sin embargo, de alguna manera, Brandon había atado cabos.

—Es… otra cosa…

Su voz era suave, casi reverente; su mente, una tormenta de emociones contradictorias.

Brandon lo había arruinado todo.

Había convertido su plan perfecto en un desastre y, sin embargo, no podía dejar de pensar en él.

No podía dejar de imaginárselo, erguido, desafiante ante ella, incluso mientras ella conspiraba para destruir lentamente todo a su alrededor.

Él era su obsesión.

—Lo tendré —susurró.

—Lo destrozaré. Y cuando lo haga, será mío.

Orgullo enarcó una ceja.

—¿Y si no se quiebra? ¿Qué harás entonces?

Los labios de Lujuria se curvaron en una sonrisa retorcida.

—Entonces disfrutaré cada momento. Cada momento hasta que lo haga. Este continente, puede arder hasta los cimientos.

Orgullo negó con la cabeza, suspirando mientras se erguía.

—Eres un caso perdido.

—…

Ella lo ignoró, con sus pensamientos ya volviendo en espiral hacia Brandon. El juicio había sido un contratiempo, pero no había terminado.

Puede que todo hubiera sido expuesto al mundo, pero su identidad aún permanecía en secreto.

—Para que lo sepas, parece que los Ancianos están de su lado, ¿tienes alguna forma de encargarte de eso?

—Lo sé. Ya he pensado en algunas contramedidas.

Pero cambiando de tema.

—¿Vas a quedarte de brazos cruzados? Sé que no estás asignado aquí, pero se ha opuesto a los Arzobispos por completo. ¿Qué hay de los otros? ¿Han dicho algo al respecto?

—No es mi trabajo limpiar tu desastre. Ya sabes cómo son los Arzobispos…

Todos tenían objetivos diferentes que se adaptaban a sus necesidades.

En otras palabras, hacían lo que les daba la gana.

Como si el mundo entero fuera su patio de recreo.

—Pero al final, has logrado para lo que estabas aquí en primer lugar.

Aunque todos habían operado por voluntad propia, los Arzobispos tenían un objetivo en común.

Encontrar el paradero de todas las razas humanoides.

Puede que la Santa Britania pensara que todos habían surgido de la calamidad de hacía un año.

Pero nada más lejos de la realidad.

Habían estado aquí todo el tiempo, ocultos a plena vista.

Ni siquiera los Ancianos actuales conocían este secreto.

Después de todo, los Ancianos que lo sabían llevaban mucho tiempo muertos.

—Alguien viene. He pensado en avisarte.

—¿Quién?

—Avaricia.

***

—¿Oh?

Un hombre sentado en un trono se frotó la barbilla con las cejas enarcadas.

Mechones fantasmales enmarcaban su rostro; su mirada, de un penetrante tono amatista, brillaba con interés.

—¿Podría ser?

Había visto la retransmisión por sí mismo.

El hombre no era otro que el Arzobispo del Pecado de Ira.

Al ver la provocación de Brandon Locke, un sinfín de pensamientos llenaron la mente de Ira.

No era más que una retransmisión, algo que podía ver en la pantalla.

Sin embargo, Ira podía estimar más o menos la fuerza de Brandon Locke.

Era débil.

Sin lugar a dudas.

Pero esa confianza…

Era similar al orgullo.

No, no exactamente.

Era la vanidad en sí misma.

—¿Es realmente…?

El pensamiento no abandonaba su mente.

—¿Vanagloria?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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