El Descenso del Extra - Capítulo 404
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Capítulo 404: Arzobispos de Pecado [1]
Dentro de un apartamento, un niño, que no aparentaba más de diez años, estaba de pie junto al balcón, dejando que la brisa fría le rozara la cara.
Pero a decir verdad, su edad no encajaba con su apariencia.
Había vivido más de 230 años.
El Arzobispo de la Avaricia, Orión.
En el momento en que sus clones murieron, sintió cómo su poder mágico aumentaba, regresando a él.
Después de todo, cada vez que se dividía, su poder mágico se reducía en un 50 %.
Al dividirse en dos clones, su poder se distribuía equitativamente, 25 % para cada uno, dejando el cuerpo que deseaba que fuera el principal con un 50 %.
Esa era solo una de las esencias de la [Autoridad de la Avaricia].
Un poder que le fue otorgado como recipiente de la Avaricia de los Siete Círculos del Infierno.
En cualquier caso, la puerta del apartamento se abrió y, poco después, emergió una mujer.
Sus ojos carmesí destellaron un instante al percatarse de que había alguien en su apartamento.
—Tú….
Balbuceó.
Tras mirar a su alrededor, azorada, Lujuria volvió a centrar su atención en Avaricia.
—¿Por qué estás…? ¿Cómo has entrado aquí?
—Tranquila, Lujuria. No estaré aquí mucho tiempo.
La Arzobispo de la Lujuria.
Era la Arzobispo más joven y la más nueva.
Y era la más débil.
—Están hablando de ti. ¡Los atacaste a plena luz del día! El Ejército Imperial te está buscando. ¿Acaso sabes lo que estás haciendo?
Orión, el Arzobispo de la Avaricia, no respondió de inmediato.
Continuó con la mirada fija en la ciudad.
—Sé exactamente lo que hago —dijo, con voz suave pero fría—. La Avaricia nunca es imprudente, Lujuria. La Avaricia sabe cuándo tomar y cuándo esperar.
Lujuria se cruzó de brazos, intentando recuperar la compostura.
—Pero ahora estás siendo imprudente. Te has expuesto. El Ejército Imperial va a caer sobre ti con todo.
Orión finalmente se giró para mirarla, con los ojos brillando de diversión.
—¿Expuesto? No, Lujuria. No han visto nada. No saben quién soy ni qué soy. Solo vieron sombras…, fragmentos de mí.
—¿Fragmentos?
Lujuria frunció el ceño. Ya estaba Orión otra vez con sus discursos de Avaricia.
«¡¿No puede hablar normal y ya?!»
Si alguien tuviera que referirse a él en un entorno moderno, ¡sin duda lo asociarían con el síndrome de octavo grado!
Orión sonrió, aunque no había calidez en su sonrisa.
—La Avaricia nunca lo da todo de una vez. Solo les he mostrado una fracción de lo que soy. Y ahora, perseguirán sombras mientras yo tomo lo que quiero.
—¿Y qué es lo que quieres, exactamente?
Orión dio un paso lento hacia ella, con las manos entrelazadas a la espalda.
—¿Querer? Esa es la pregunta equivocada.
—Entonces, ¿cuál es?
Lujuria frunció el ceño aún más.
Aunque Orión hubiera vivido mucho más que ella, parecía que su cerebro no se había desarrollado lo suficiente después de una fase otaku.
—Los Elfos. Necesito encontrarlos.
—Ah, cierto. Eso.
Al igual que todos los Arzobispos, todos operaban por interés propio.
En el caso de Orión, había vivido una vida de burlas por su permanente apariencia juvenil.
Ninguno de los Arzobispos lo tomaba en serio, especialmente Orgullo, que a menudo se burlaba de él como si fuera un niño de verdad.
—Los encontraré. Y me libraré de esta maldición.
Orión, que había sido maldecido por los Elfos durante la Gran Guerra hace 200 años.
Apenas recordaba ya el aspecto que tenía su forma adulta.
Cada vez que se miraba en el espejo, recordaba su derrota de aquel día.
Esa mujer… Crystalia, quien lo había maldecido y destrozado su núcleo de maná, privándolo permanentemente de su afinidad.
Ese era Orión, el Arzobispo de la Avaricia.
Un niño que…
«¡Un hombre!»
Un hombre que había perdido su identidad, como un despiadado asesino de magos en el pasado.
—Pff….
Lujuria no pudo evitar soltar una risita. Orión estaba totalmente enfrascado en un monólogo interno sobre su pasado otra vez.
—¿Qué es tan gracioso?
Orión frunció el ceño.
—N-nada.
Con desdén, Lujuria se giró hacia un lado. —Pff….
Orión, ya demasiado acostumbrado a las burlas, negó con la cabeza.
—En fin, estoy aquí para un intercambio.
—¿Intercambiar qué?
—Información.
Ah, claro. Porque Orión los había enfrentado de frente. Algo que Lujuria tenía el suficiente cuidado de no hacer por el momento.
—Dime lo que sabes sobre los Elfos. Había informes de que merodeaban por Santa Britania, ¿no?
—Sí, informes. Pero no los he visto por mí misma.
Los dos se acomodaron en la sala y empezaron a intercambiar información.
Aunque Lujuria era consciente de las capacidades de Brandon Locke y los demás, podría haber algo más.
Algo que solo podría ser perceptible en una confrontación directa.
Y sus especulaciones eran correctas, ya que las siguientes palabras que salieron de los labios de Orión hicieron que Lujuria abriera los ojos de par en par.
—Atravesaron mi Autoridad.
—….
—No estoy seguro de si es coincidencia o no, pero la frecuencia me lleva a creer que pueden hacerlo.
—Espera, ¿eso es siquiera posible?
Lujuria no podía creerlo.
Solo las Autoridades podían anularse entre sí. Así que no tenía sentido que un grupo de adolescentes fuera capaz de semejante hazaña.
Y para empezar, ¿cómo iban a poder siquiera atravesar una Autoridad?
Simplemente no era posible.
—Tres de ellos, para ser exactos. Amelia Constantine…
¡Crac!
Algo se hizo añicos.
—Eh….
—Continúa.
—Amelia Constantine…
¡Crac!
La ventana se agrietó de repente.
Orión se giró hacia un lado, escrutando la ventana. Algo era extraño.
Lo puso a prueba, hablando tan rápido como pudo.
—Amelia Constantine…
¡Crac!
Ahí lo vio. Una vena pareció hincharse en la frente de Lujuria.
—….
—¿Qué pasa? Continúa.
Lujuria ladeó la cabeza, dedicándole una sonrisa. Pero la sonrisa era de todo menos amable.
Era más bien una sonrisa asesina. Como si Lujuria quisiera estrangularlo.
Había oído hablar de esto antes. Algo llamado intuición femenina.
—Eh… La rubia, Raven Blackheart y Brandon Locke…
El comportamiento de Lujuria cambió de repente. El maná que irradiaba antes era casi malicioso, ahora contorsionado en algo sereno.
«Esta mujer…»
—Brandon Locke…
—Je.
Un extraño sonido escapó de los labios de Lujuria.
—Brandon Locke…
—Je, je~
—¡¿Estás babeando?!
—*Sorb*~ ¿Eh?
Orión no pudo evitar negar con la cabeza. Le estaba empezando a doler la cabeza.
—Olvídalo. En fin, tengo bastante hambre. ¿No le ofrecerás a tu invitado algo de comer?
—Cocínatelo tú mismo.
—….
Orión ladeó la cabeza.
—Brandon Locke…
—Je~
—Brandon Locke… quiero algo de comer.
—Je, je~ ¿Por qué no lo dijiste antes?
—….
Milis.
18 de enero de 2150.
Instituto de Archivos Plateados.
La academia por excelencia del Continente Milis, a la que la mayoría de las familias nobles que viven en cada país del continente envían a sus hijos a estudiar.
La academia, que presumía no solo de un control de afinidad impecable, dinámica de círculos mágicos y funcionalidades alquímicas, sino incluso de la investigación y aplicación de la magia perdida.
Confluencia rúnica.
Un tema que exploraba la mezcla de múltiples sistemas y lenguajes de runas, centrándose en cómo se podían combinar diferentes alfabetos rúnicos antiguos para crear efectos nuevos y más poderosos.
Era el punto culminante de la academia y, hasta el día de hoy, de vez en cuando surgía una nueva tesis al respecto.
El Instituto de Archivos Plateados era también la academia en la que Belle había intentado ingresar durante sus años de secundaria.
Pero ni siquiera su talento fue suficiente. Y así, se conformó con la segunda mejor academia de Milis.
Sin embargo, no tuvo más remedio que regresar a Santa Britania y asistir a la Academia Astrea.
—Profesor, ¿qué opina de los recientes acontecimientos?
Preguntó un estudiante que se encontraba en el despacho de su profesor.
El profesor, parpadeando sus ojos de amatista, cruzó las piernas. Permaneció en silencio un segundo mientras sorbía su té antes de responder.
—Creo que es una idiotez que le estén echando toda la culpa a la Gran Tierra de Milis.
—Yo también lo creo. Es la primera vez que oigo semejantes acusaciones. ¿Milis preparando una invasión? ¡Si los soldados están de lo más ociosos!
—Exacto. Pero si sus acusaciones resultan ser ciertas, entonces debieron de ser los convictos que huyeron de este país.
—He pensado lo mismo. ¿De verdad pueden señalarnos solo porque sus supuestos convictos son de ascendencia milisiana?
El estudiante no pudo evitar suspirar.
La retransmisión entera había dejado incluso a Milis conmocionada por las repentinas acusaciones contra su continente.
—Y ese tipo… ¿Cómo se llamaba? ¿Brandon Locke? Es demasiado engreído.
Los dos conversaron un rato, hasta que de repente sonó la campana, haciendo que el estudiante se levantara.
—Hacía tiempo que quería tener esta conversación. Mis compañeros de clase no parecen tomarse la situación en serio. Gracias, Profesor Fyodor. Me retiro ya.
—Por supuesto. Pásate cuando quieras, Noah.
Noah von Aria.
Nacido en la familia Aria, actualmente el estudiante más prestigioso del Instituto de Archivos Plateados.
Un mago que alcanzó el quinto nivel de su núcleo de maná a los diecinueve años.
—Tiene potencial.
Ciertamente, Noah sería el candidato perfecto.
El profesor, Fyodor, se levantó y miró hacia abajo por la ventana.
Los estudiantes se habían reunido en la zona de césped, socializando entre ellos antes de levantarse.
Entonces, captando su atención, la puerta se abrió de repente.
Un hombre apareció, pero Fyodor no se dio la vuelta.
El hombre se sentó en el sofá de invitados, mostrando el debido decoro.
—Ya estás aquí.
Dijo Fyodor.
El hombre se quitó la capucha, revelando sus rasgos.
—Charles.
El hombre no era otro que Charles, de los Doce Ancianos.
Charles, que nunca haría algo así por nadie, inclinó la cabeza respetuosamente.
—Disculpe, me ha costado un poco despistar a los Ancianos.
—No pasa nada. Has hecho un buen trabajo salvando la situación, redirigiendo su atención por completo. Ahora, habrá menos malicia contra Milis.
—No tuve elección, fue un error llevar a ese chico al Sanctum.
Puede que Charles hubiera votado en contra del Análisis de Cadáver Rúnico, pero solo porque quería mantener oculta la condición de Evelyn Cessna.
Sin embargo, hubo una variable que no había previsto.
La interferencia de Isaac.
Isaac había impulsado el asunto, proporcionando hechos que llevaron a los Ancianos a votar a favor de que se llevara a cabo el Análisis de Cadáver Rúnico.
Y como si solo estuviera jugando, había votado en contra.
«No lo entiendo en absoluto».
«¿No oponerse, para luego oponerse?».
Era como si estuviera jugando a dos caras.
«Hasta consiguió que Mira se uniera a sus payasadas…»
La situación entera llevó a que Brandon Locke se enfrentara a un juicio en el Sanctum.
Algo que Charles había intentado evitar a toda costa.
Y así, tuvo que fingir estar del lado de Brandon Locke.
Después de eso, las cosas empeoraron mientras intentaba salvar la situación.
«Su conocimiento sobre los Arzobispos…»
Fue completamente inesperado.
—No te amargues tanto, Charles. Aunque todo ha quedado al descubierto, hemos conseguido sacar dos cosas en claro de la situación.
—¿Sí?
—Uno: alguien que estaba fuera de nuestro radar ha revelado saber mucho más de lo que aparenta.
Brandon Locke, un nombre que nunca habían oído al principio.
—Y dos: Santa Britania es máxima prioridad.
Había un tercer hecho. Pero Fyodor no sintió la necesidad de decirlo en voz alta.
Era algo que necesitaba confirmar primero.
—S-sí, por supuesto. Entonces…
Los ojos de Charles se movieron de un lado a otro, aparentemente dudando si decir algo.
—¿Sobre una Autoridad?
—Sí, eso…
Había sido parte de su acuerdo. Otorgarle a Charles una Autoridad.
—Si se te considera digno, despertará. Si no…
Los ojos de amatista de Fyodor centellearon de forma siniestra, enviando un escalofrío por la espalda de Charles.
—Sin rencores.
—Por supuesto, por supuesto, Señor Fyodor.
Aunque Charles no esperaba que se le otorgara pronto, si se mantenía al lado de Fyodor, existía la posibilidad de que se le concediera una Autoridad.
—Conoces las condiciones, ¿no?
—S-sí. Solo puede haber una Autoridad a la vez. Por el momento, no hay puestos disponibles. La Autoridad más reciente que se otorgó fue Lujuria.
—Entonces, ¿por qué tienes tanta prisa?
Charles tragó saliva, notando el peso en el tono de Fyodor.
—¿Está insinuando que quiere que mate a…?
—No, no. ¡Por supuesto que no, Señor Fyodor! ¡Jamás lo haría!
—Jaja.
Fyodor no pudo evitar reírse.
—No me importaría hacer algo así. Pero, por el momento, los Arzobispos han sido útiles.
—¿Incluso…?
Charles dudó. Pero conociendo la posición que ostentaba, Fyodor no lo mataría tan fácilmente.
—¿Incluso Lujuria…?
Aunque Lujuria pudo haber cumplido la tarea de matar a Evelyn Cessna, según los informes de Orgullo, parecía que después empezó a actuar por interés propio.
—Sí, Lujuria se ha infiltrado por completo en Santa Britania, el continente en el que tenemos toda nuestra atención puesta actualmente.
—… ¿Ah, sí?
Charles desconocía por completo la identidad de Lujuria.
La conversación continuó a partir de ahí, pero Fyodor nunca divulgó la identidad de Lujuria.
—Sigue con el buen trabajo, Charles. Incluso si no se te otorga una Autoridad, eres la pieza más importante que tengo.
—Entendido, Señor Fyodor. No me atrevería a decepcionarlo.
—Bien.
Fyodor asintió con la cabeza, y Charles se fue poco después.
Una vez más, Fyodor reflexionó sobre la situación.
Gracias a que Charles logró salvar la situación, se evitó un escenario en el que todos los continentes del mundo apuntarían sus armas contra Milis.
Aunque los Arzobispos pudieran poseer un gran poder, había existencias en este mundo contra las que ni siquiera ellos se atrevían a luchar.
Uno de ellos era Lucian Frost.
El hombre que fue dado por desaparecido hace un año.
No, el hombre del que Fyodor estaba seguro, estaba muerto.
Porque dentro de la grieta había un ser que trascendía la comprensión humana.
El familiar de un Soberano.
La Hidra.
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