El desconocido detrás de mi orgasmo - Capítulo 78
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Capítulo 78: Un regalito para Drakey
Abigail
—Abby, joder. Tienes que ver esto.
Los calcetines de Annette aparecieron en mi campo de visión, y luego sus rodillas cuando se dejó caer a mi lado, con el portátil equilibrado en ambas manos.
—Si son malas noticias, puede que necesite otros treinta segundos con este helado —mascullé, aferrándome a mi tarrina de helado como si me fuera la vida en ello.
Por si casi ponerme juguetona con mi jefe no fuera suficiente, Drake y Alicia tuvieron los putos cojones de amenazarme.
Cómo habían caído los poderosos.
¿Por qué querían una reunión con él con tantas ganas?
—No son malas noticias —dijo, girando la pantalla hacia mí—. He investigado a Alicia Duke.
Cogí el portátil y examiné una cuadrícula de imágenes. Parecían sacadas de viejos archivos de redes sociales. Seguí desplazándome hacia abajo; las imágenes se volvían más borrosas y antiguas hasta que me detuve en una foto en particular.
Había una chica delgaducha, con el pelo recogido en dos coletas, unas gafas redondas y enormes sobre la nariz y un hueco entre los dientes de delante mientras dedicaba a la cámara una sonrisa de oreja a oreja muy familiar. Detrás de ella había un edificio con las palabras «Malcolm Middle School».
—¿Tú no fuiste al instituto Malcolm? —preguntó Annette, dándome un codazo en el hombro. No habíamos ido al mismo instituto.
—No puede ser —jadeé, acercando la pantalla. ¿Esa era Alicia? —. Es Skinny Lee.
Annette soltó una risita. —¿Que es qué?
—Skinny Lee —le devolví el portátil y señalé—. Así la llamaba todo el mundo. Estaba un curso por debajo de mí, ni siquiera sabía su nombre real. Solo era Skinny Lee. Casi siempre iba a lo suyo… bueno, hasta que dejó de hacerlo.
Annette recuperó el portátil, entrecerrando los ojos para ver la fotografía. —¿Qué hizo?
Hundí la cuchara en el helado. Fue en una estúpida fiesta que Portia había organizado cuando sus padres no estaban en casa. Le había dicho a la abuelita que iba a la biblioteca y en vez de eso me había colado en la fiesta de Portia.
Ni siquiera recordaba qué había provocado la pelea. Lo único que sabía era que en un momento nos estábamos gritando la una a la otra mientras todos a nuestro alrededor la llamaban Skinny Lee.
Se puso furiosa y la cagó diciendo: «Al menos mis padres no murieron por mi culpa. ¡Tus padres murieron porque no soportaban tener a alguien como tú!».
Yo ni siquiera me había unido a los que la insultaban y, aun así, ella se metió con mis inocentes padres muertos.
Lo había dicho con esa sonrisa de oreja a oreja y aquellas gafas ridículas. «Tu madre era tan tonta que la mató su propio coche».
Mi cabeza de quinceañera había explotado de ira. Lo que hice fue localizar el cubo de cerveza más cercano, que era grande, estaba lleno y muy frío, y estamparle la cara en él.
—No metas a mis padres en tu boca de flacucha.
Ella intentó defenderse, pero yo peleé con más ganas, y prácticamente destrozamos el jardín de Portia.
—Joder, seguro que le diste una buena paliza —se rio Annette cuando se lo conté—. ¿Así que te guarda rencor desde que tenías, qué, quince años?
Le devolví el portátil y cogí otra cucharada de helado. Tenía que ser una especie de broma. Alicia Duke era Skinny Lee. Ni siquiera sabía cómo se llamaba.
Annette dejó el portátil en la mesa de centro, abrazándose las rodillas contra el pecho. —¿Así que por eso va a por ti? ¿Por una pelea en el instituto?
—Una pelea que empezó ella. Sinceramente, no me importa por qué va a por mí. —Señalé la pantalla con la cuchara.
—Lo que me importa es demostrar que está trabajando con Carlton Gayle antes de que se acaben los dos días que me dio Drake. Sé lo del sobre de su despacho, pero podría haberlo movido ya. Necesito algo que la sitúe a ella y a Gayle en la misma habitación, que quede registrado, y estará acabada.
—Si es posible que Alicia y Drake estén trabajando juntos… —dijo Annette con voz lenta, frotándose la mandíbula—. ¿Por qué no estamos rastreando a Drake?
—¿Y cómo haríamos eso?
—Tengo su IP —se encogió de hombros—. De su móvil. La conseguí hace un tiempo. Iba a hacer… algo con ella.
La tarrina de helado cayó con un golpe seco sobre la mesa mientras yo cruzaba la alfombra de rodillas, le cogía la cara con ambas manos y le daba un beso en la mejilla tan fuerte que soltó un gritito.
—Tú —dije efusivamente—, eres una genio. Una genio desquiciada y te quiero.
—Lo sé —rio a carcajadas mientras cogía el portátil—. Inclínate ante mi ingenio. Todo lo que tengo que hacer es hackear su móvil y, ¡bum!, podremos conseguir sus mensajes y prácticamente todo lo que necesitemos.
—Cielo santo, ¿qué haría yo sin ti?
—¿Darle una paliza a Skinny Lee, quizá? —sugirió, y yo estallé en carcajadas, dándole una palmada en el brazo.
Me incliné, observando cómo sus dedos tecleaban con fuerza y rapidez mientras trabajaba.
Por lo visto, el móvil de Drake era vergonzosamente fácil de hackear. No tenía higiene digital, ni VPN, y sus servicios de localización estaban activados en todo. Hackear su móvil fue pan comido.
—Mira lo que tenemos aquí —sonrió Annette con orgullo, girando la pantalla hacia mí. Había un mensaje en la pantalla de la dulce y vieja Skinny Lee.
Alicia: Se reunirá con nosotros mañana por la mañana, a las siete. Cafetería Bingley.
—¿Van a reunirse con Gayle? —musité, comprobando la hora a la que se había enviado el mensaje. Hacía cuarenta minutos.
¿No estaba la cafetería Bingley cerca de la empresa de Carlton Gayle?
—Lo averiguaremos mañana —respondió Annette, abriendo el Instagram de Drake—. Ahora, dijiste algo de que este gilipollas te estaba amenazando, ¿verdad?
—Mmm —volví a coger mi tarrina de helado, mientras la emoción me invadía.
Mañana conseguiría la prueba que necesitaba contra Alicia y entonces se lo entregaría todo a Finn. Estaba segura de que él haría algo mucho peor que simplemente despedirla.
La risita feliz de Annette me sacó de mis pensamientos. Eché un vistazo a la pantalla y casi le escupo en toda la cara el helado que tenía en la boca.
—Oh, Dios mío, Annette, ¿eso son desnudos de Drake?
Sonrió y me enseñó los mensajes directos de Instagram a los que el cabrón había estado enviando desnudos.
—¿Qué tal si le dejamos un regalito a Drakey Drake?
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