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El despertar de selene - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 capítulo 10el destierro silencioso
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10: capítulo 10:el destierro silencioso 10: capítulo 10:el destierro silencioso Selene se quedó paralizada frente a aquella palabra tallada en el suelo como si hubiera sido grabada con fuego: “Estás marcada.” No entendía cómo había pasado.

Todo lo que había usado en el ritual —las flores, el agua, las plumas, las piedras— habían desaparecido.

Como si nunca hubieran estado allí.

La habitación estaba igual que antes, en completo silencio, excepto por la pequeña vela, que seguía encendida, arrojando una luz cálida pero vacía.

Su cuerpo temblaba, pero sus ojos pesaban.

Un agotamiento profundo, casi sobrenatural, la envolvía lentamente.

Intentó moverse, pero sus músculos no respondieron.

No era miedo.

No era cansancio.

Era algo más… como si alguien —o algo— estuviera cerrándole los párpados desde dentro.

Un susurro casi inaudible cruzó la habitación.

—Duérmete, Selene…

Y ella obedeció.

Su cuerpo se relajó contra el suelo, aún dentro del círculo invisible donde todo había ocurrido.

Su respiración se volvió lenta, casi imperceptible.

Y se durmió.

— A la mañana siguiente, la luz del sol entró por la ventana como cualquier otro día.

Los pájaros cantaban.

Se oía a lo lejos la voz de su madre, llamándola para el desayuno.

Selene despertó con los ojos entreabiertos, aún vestida con la ropa de la noche anterior.

Estaba acostada sobre su alfombra, como si nunca se hubiera movido de allí.

Miró alrededor.

Todo parecía normal.

Demasiado normal.

Se incorporó lentamente, con la duda carcomiéndole los huesos.

¿Había sido real?

¿O solo una pesadilla?

Miró al suelo.

La madera estaba lisa, sin marcas.

Ninguna palabra, ningún rastro.

Nada.

Aun así, una sensación extraña la acompañaba.

Como si alguien la observara desde un rincón oculto del mundo.

Bajó a desayunar sin decir una sola palabra.

Ni a su madre.

Ni a su padre.

No mencionó nada del ritual.

Nada de la voz.

Nada de la marca.

Y por dentro, lo sabía.

Algo había despertado.

Y la estaba esperado Selene bajó las escaleras en silencio, con la mente todavía nublada por la noche anterior.

El aire matutino de la casa olía a pan tostado, café recién hecho y algo más… algo que no lograba identificar.

En la cocina, su padre Héctor ya estaba sentado en la mesa, hojeando el diario como cada mañana, pero sus ojos no seguían las palabras.

Su madre, Madea, estaba de pie junto a la cafetera, inmóvil, como si también estuviera esperando algo.

—Hija —dijo Héctor, levantando la mirada—, tenemos que hablar de algo.

Y no creo que te guste… o tal vez sí.

Selene se detuvo a mitad de camino, con una taza aún vacía entre las manos.

—¿Qué cosa, padre?

—preguntó con cautela.

Madea intervino antes de que él pudiera responder.

Su tono era suave, pero no lograba ocultar la tensión detrás de las palabras.

—Bueno… Hemos estado pensando en mudarnos de este pueblo.

Creemos que sería un nuevo comienzo.

Algo necesario.

—No es sano quedarnos aquí —añadió Héctor, esta vez más serio—.

Últimamente, la gente está empezando a… sospechar.

Muchos murmuran que hay una bruja cerca.

La palabra cayó como una piedra en el estómago de Selene.

—Es mejor irnos antes de que las cosas empeoren —continuó su madre—.

Ya sabes cómo son los del pueblo…

temen lo que no entienden.

Héctor asintió y concluyó con voz firme: —Está decidido.

Nos mudaremos a dos pueblos de aquí.

Será mejor para todos.

Aquí no hay futuro.

Selene no dijo nada al principio.

La sorpresa la dejó sin palabras.

Apenas estaba comenzando a entender lo que le había ocurrido la noche anterior, y ahora esto.

Mudarse.

Dejarlo todo atrás.

¿Eso también formaba parte de su destino?

Pero entonces, sin saber muy bien por qué, se enderezó en su silla.

Y con voz tranquila, aunque cargada de una extraña determinación, respondió: —Está bien.

Ni una lágrima.

Ni una protesta.

Solo una aceptación que no parecía natural para una chica de su edad.

Madea le acarició el hombro con ternura, pero Selene apenas la sintió.

En su interior, algo le decía que aquella mudanza no era una huida… Sino el comienzo de algo mucho más grande.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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