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El despertar de selene - Capítulo 103

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  4. Capítulo 103 - 103 capítulo 103sombras de una vida pasada
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103: capítulo 103:sombras de una vida pasada 103: capítulo 103:sombras de una vida pasada Selen se miró al espejo con un leve temblor en las manos.

Llevaba un vestido que parecía sacado de un sueño dorado: la tela principal, de un tono ámbar suave, caía con elegancia hasta el suelo, reflejando la luz como si el sol mismo se hubiera posado sobre ella.

El corpiño, bordado con hilos dorados y delicados detalles que imitaban hojas y flores antiguas, realzaba su figura con una sutileza majestuosa.

Las mangas largas y transparentes, de un tono miel, se abrían suavemente en los brazos como alas, dándole un aire etéreo y sereno.

En su cabello suelto, ondulado y color cobre, llevaba una fina tiara adornada con pequeñas piedras que brillaban apenas con su movimiento.

Mientras ajustaba la tela en su cintura, no podía evitar pensar en el destino que la esperaba.

Dos días habían pasad, y por fin iba a conocer a Ahmet, su prometido.

El corazón le latía con fuerza: una mezcla de curiosidad, temor y una sensación extraña… como si este encuentro ya hubiera ocurrido antes, en otra vida, en otro tiempo.

Quizás por eso estaba allí, pensó, para arreglar algo que el destino había dejado inconcluso.

Después de unos minutos, Selen respiró hondo y decidió salir de sus aposentos.

Los guardias abrieron las grandes puertas de madera tallada, y el sonido de sus pasos resonó con suavidad en el pasillo de mármol mientras caminaba hacia la entrada principal del palacio.

El aire tenía un aroma a incienso y rosas, típico de las ceremonias importantes.

Allí, al final del pasillo, la esperaba su madre, la Sultana Valide, con su porte imponente y mirada firme, junto a su hermano, el Sultán Mustafa.

Pero al acercarse, Selen notó que no estaban solos: toda la familia imperial estaba presente.El Sultán tenía a su lado a Leila, quien sonreía con elegancia, aunque Selen percibió algo calculado en aquella expresión.

Al otro lado se encontraba Mahidevran, de pie detrás del Sultán, observando con su habitual serenidad tensa.

Frente a ellos, junto a la Sultana Valide, estaba su hermano Mehmet y su esposa Victoria.

Esta última apenas ocultaba su incomodidad; Selen sabía que Victoria nunca la había querido demasiado, y aun así, la soportaba solo por respeto a las apariencias.

Al llegar al centro del gran salón, Selen bajó la mirada y se inclinó con gracia ante la Sultana Madre y el Sultán, cumpliendo el protocolo con la elegancia que se esperaba de una hija imperial.

Por dentro, sin embargo, sentía cómo su corazón palpitaba con fuerza, presintiendo que aquel día marcaría el inicio de un nuevo destino.

—Oh, hija mía —dijo la Sultana Valide con una sonrisa llena de orgullo—, me alegra que estés aquí para conocer a tu futuro esposo.

Tu hermano y yo estamos felices por tu compromiso.

Selen bajó la mirada, intentando ocultar el temblor en sus manos.

—Gracias, madre, por haberme dado un marido —respondió con voz suave, intentando sonar serena aunque por dentro el corazón le latía con fuerza.

La Sultana Valide asintió con satisfacción, mientras las damas a su alrededor intercambiaban discretas miradas.

Desde un costado, Leila solo sonrió, observando fijamente a Selen con una expresión que mezclaba cortesía y algo más difícil de descifrar.

Luego, desvió su atención hacia el Sultán.

—Hermana mía —intervino Mustafa, con tono solemne—, espero que tu futuro esposo esté dispuesto a darte muchos herederos.

Que Dios esté contigo y te conceda la felicidad que mereces.

Selen inclinó la cabeza, agradecida, mientras sentía la tensión aumentar en la sala.

El Sultán entonces se volvió hacia los guardias que custodiaban las grandes puertas del salón.

—Que entre Ahmet —ordenó con firmeza.

El eco de su voz llenó el lugar, y un silencio expectante se apoderó del ambiente.

Todos los presentes dirigieron la mirada hacia las puertas, que comenzaron a abrirse lentamente.

Las puertas se abrieron lentamente, dejando entrar un soplo de aire fresco que agitó suavemente los velos de seda del salón.

El sonido de las armaduras de los guardias resonó con solemnidad mientras una figura cruzaba el umbral.

Ahmet apareció, alto, de porte firme y mirada profunda.

Vestía una túnica oscura bordada con hilos de oro, y sobre sus hombros reposaba una capa de terciopelo que caía con elegancia.

Su expresión era serena, pero en sus ojos había una mezcla de curiosidad y cautela, como si también intentara descifrar lo que el destino le tenía preparado.

Selen lo observó en silencio.

Su corazón se aceleró, y por un instante, el ruido de la corte pareció desvanecerse.

Aquella mirada… había algo familiar en ella, algo que no podía explicar.

Una sensación antigua, como si lo hubiera visto antes, en un sueño o en una vida pasada.Ahmet se detuvo frente al Sultán y a la Sultana Valide, inclinando la cabeza en señal de respeto.

Luego, sus ojos se posaron en Selen.

No dijo palabra, pero su mirada bastó para llenar el aire de una tensión sutil, casi magnética.

La Sultana Valide los miró a ambos con satisfacción.

—Hija mía, él es Ahmet, príncipe del Imperio y tu futuro esposo —anunció con voz solemne.

Selen dio un paso adelante, inclinándose ligeramente ante él.

—Es un honor conoceros, mi señor —susurró.

Ahmet sonrió apenas, una sonrisa tenue pero sincera.

—El honor es mío, Sultana Selen —respondió con voz grave, que resonó como un eco cálido entre los muros del palacio.Por un instante, ambos quedaron mirándose, ajenos a los murmullos de la corte.

Ninguno de los dos lo sabía aún, pero aquel encuentro no solo uniría sus destinos… también despertaría las sombras y promesas de un pasado que aún no había terminado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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