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El despertar de selene - Capítulo 104

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  4. Capítulo 104 - 104 capítulo 104Cuando las almas se conocen
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104: capítulo 104:Cuando las almas se conocen 104: capítulo 104:Cuando las almas se conocen Mehmet se adelantó unos pasos, con una sonrisa que bordeaba la burla.

—Así que tú eres quien se casará con mi hermana, la Sultana Selen —dijo con voz cargada de ironía—.

No me esperaba menos de ti, príncipe.

Debes saber que no es fácil estar aquí; es todo un privilegio.

Agradécelo.

Ahmet lo miró sin perder la calma, aunque un leve fruncir de ceño delató su incomodidad.

—Príncipe Mehmet —respondió con tono firme—, no se preocupe.

Estoy seguro de que su hermana, la Sultana, sabrá ser feliz… y yo me encargaré de ello.

De eso, no debe tener dudas.

Un silencio tenso se apoderó del salón.

Victoria, que estaba al lado de Mehmet, sonrió con coquetería hacia Ahmet, inclinando apenas la cabeza.

El gesto fue lo suficientemente sutil para pasar desapercibido por muchos… pero no por Selen.

Ella lo vio todo y frunció el ceño.

¿Victoria otra vez?

Primero había mostrado interés por Franco, y ahora… ¿por su futuro esposo?

Aquello le pareció no solo extraño, sino también descarado.

Una punzada de celos, inesperada y ardiente, le recorrió el pecho.

La Sultana Valide, percibiendo la tensión, entrelazó las manos con calma, aunque su mirada se mantuvo fija en Ahmet.

El ambiente se volvió más denso, como si las paredes mismas del palacio contuvieran la respiración.

Selen bajó la vista, intentando recomponerse.

Aquel compromiso apenas comenzaba, y ya sentía que el destino jugaba con ella una partida peligrosa.

El Sultán se adelantó un paso, con una sonrisa diplomática.

—Quiero que conozcas a mi familia, ahora que seremos cuñados —dijo con voz firme y ceremoniosa.

Ahmet asintió con una leve inclinación de cabeza.

—Por supuesto, majestad.

Sería un honor conocer a su familia —respondió con serenidad.

El Sultán, satisfecho con su actitud, se giró hacia el resto de los presentes.

—Entonces, que no se diga más —declaró, extendiendo un brazo con elegancia—.

Te presentaré a cada uno.

Primero se acercó a una mujer de porte delicado y mirada amable.

—Esta es Leila —dijo con cierto orgullo—, mi esposa y madre de mi primer hijo.

Acaba de dar a luz hace poco.

Leila sonrió con dulzura y realizó una ligera inclinación ante Ahmet.

Él devolvió la cortesía con una reverencia respetuosa.

El Sultán continuó, girando apenas el rostro hacia una figura que se mantenía un paso detrás.

—Y aquella es Mahidevran, mi esposa también —agregó, con un tono más distante, casi forzado.

Mahidevran asintió con una sonrisa suave, aunque sus ojos se mantuvieron serios.

Luego, el Sultán tomó la mano de la mujer que se encontraba a su lado.

—Y esta —dijo con un toque de orgullo y respeto— es la Sultana Valide, mi madre.

Ahmet inclinó la cabeza profundamente, reconociendo la autoridad que emanaba de ella.

La Sultana Valide respondió con una mirada serena, propia de quien conocía el poder y lo ejercía sin necesidad de palabras.

El Sultán continuó con el gesto de presentación, apuntando luego hacia un joven de expresión burlona.

—Aquel muchacho es mi hermano menor, el Príncipe Mehmet —anunció.

Finalmente, su mirada se dirigió hacia una mujer de belleza fría y elegancia contenida.

—Y aquella señorita —dijo el Sultán con un leve movimiento de la mano— es su esposa, Victoria.

Victoria sonrió con cortesía, aunque su mirada se detuvo en Ahmet un segundo más de lo debido.

El ambiente se volvió denso otra vez, y Selen, desde su lugar, lo notó todo en silencio.

La Sultana Valide se adelantó un poco, su voz resonó con autoridad y suavidad al mismo tiempo.

—Ahora que ya conoces a toda la familia, la boda se celebrará cuando mi hijo regrese de la guerra —anunció con serenidad, mirando a Ahmet con una expresión que no admitía réplica.

Ahmet asintió con respeto.

—Me parece perfecto, Su Alteza —respondió, y al hacerlo, su mirada se desvió hacia Selen.

Por un instante, sus ojos se encontraron; había en ellos algo que mezclaba curiosidad, respeto y una chispa de conexión silenciosa.

El Sultán, satisfecho con la actitud de ambos, volvió a tomar la palabra.

—Ahora que todos te conocen, es necesario que hables en privado con mi hermana —dijo, mirando directamente a Selen.

El corazón de ella dio un vuelco.

En el fondo, maldecía en silencio.

No esperaba tener que quedarse a solas con su prometido tan pronto.

Sin embargo, sabía que no podía negarse ante la orden de su hermano.

Así que respiró hondo, bajó la cabeza con elegancia y asintió.

—Como desees, mi Sultán —susurró, apenas audible.

El silencio se extendió unos segundos.

Luego, los presentes comenzaron a retirarse con lentitud, dejando el gran salón vacío poco a poco.

SelenLos guardias abrieron las puertas del gran salón, y una brisa templada se coló desde los jardines del palacio.

El cielo se teñía de tonos dorados y rosados, mientras el sol comenzaba a ocultarse tras las cúpulas y fuentes.

Ahmet esperó a que Selen diera el primer paso.

—¿Le gustaría acompañarme al jardín, Sultana?

—preguntó con voz serena.

Selen lo miró con una leve duda, pero asintió.

—Por supuesto, mi señor.

Caminaron juntos por el sendero de mármol que conducía hacia los rosales.

Las hojas se mecían suavemente con el viento, y el murmullo del agua de las fuentes llenaba el silencio que ninguno parecía atreverse a romper.

sintió cómo su pulso se aceleraba.

En unos momentos, estaría sola con el hombre que el destino había elegido para ella… aunque su corazón aún no entendía por qué.—Es un palacio hermoso —dijo Ahmet finalmente, con una sonrisa tranquila—.

Aunque, debo admitir, prefiero los lugares donde se escucha el sonido del mar.

Selen lo miró de reojo, intrigada.

—¿Te gusta el mar?

—Mucho —respondió él—.

Nací cerca de la costa, en una pequeña villa donde el viento siempre olía a sal.

Pasé mis primeros años allí antes de ser enviado a la capital para formarme como soldado y consejero.

Mi padre decía que el deber de un príncipe no es solo mandar, sino aprender a soportar el peso de las decisiones.

Selen escuchó en silencio.

Había algo en su voz, una calma extraña que la invitaba a confiar.

—Parece que has vivido con responsabilidad desde joven —dijo suavemente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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