El despertar de selene - Capítulo 105
- Inicio
- Todas las novelas
- El despertar de selene
- Capítulo 105 - 105 capítulo 105Un instante robado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
105: capítulo 105:Un instante robado 105: capítulo 105:Un instante robado Después de todo el tiempo conversando con Ahmet, Selen se dio cuenta de que no era tan malo; era divertido y gracioso.
Quizás el matrimonio no sería tan terrible.
Mientras hablaban, Selen divisó a Franco cortando el césped, pero mantenía la mirada fija en ella parecía algo molesto.
Al otro lado del jardín, Leila estaba con Elías.
Temía que el sultán los descubriera.
Más allá, Bárbara tomaba un baño en el lago, y Selen sonrió ante la escena.
Ahmet volvió a hablar: —¿Qué te parece esto del matrimonio?
Selen se quedó pensativa y respondió: —Bueno, todo ha pasado tan rápido que no puedo dar una respuesta concreta.
Espero que todo salga bien.
—Lo mismo espero —dijo Ahmet—.
Mi padre dijo que consiguieron a Sultana para liberarme y ganar más poder, pero a mí eso no me importa.
Solo quiero formar una familia, ¿sabes?
Selen sonrió ante sus palabras: —Qué bien… esos pensamientos tuyos son hermosos.
Él se sonrió.
—Bueno, hemos conversado bastante y me has agradado.
Creo que sería un buen esposo para ti.
—Me alegra que pienses así —respondió Selen—.
—Bueno, ahora creo que el sultán debería estar buscándome a esta hora.
Quiere que le enseñe un poco sobre el campo que tenemos en la guerra.
Te veré después.—Sí, nos vemos —asintió Selen—.
Él se fue, adentrándose en el palacio.
Selen todavía sentía un ligero cosquilleo en el pecho después de hablar con Ahmet.
Él se había ido hace apenas unos instantes, adentrándose en el palacio, y ella se quedó observando cómo desaparecía entre los muros.
De repente, escuchó pasos rápidos sobre el césped.
Franco apareció frente a ella, con el rostro rojo de molestia y los puños apretados.
—¿Así que eso es lo que hacías mientras yo no estaba?
—dijo con voz tensa, cargada de celos—.
Hablando con él, riéndote como si… como si nada más importara.
Selen se sorprendió, intentando encontrar las palabras adecuadas.
—Franco, no es como tú piensas… —¿No es como pienso?
—repitió él, dando un paso más cerca—.
Te vi sonreír, te vi hablar con él… y te escuché decir cosas que yo debería escuchar primero.
Ella bajó la mirada, incómoda, mientras sentía que su corazón se aceleraba.
Franco la observaba fijamente, entre la ira y la tristeza.
—Selen… yo… —susurró él, como si cada palabra le costara—.
No puedo soportar verte así con otro.
Selen dio un paso hacia atrás, intentando calmarlo, pero también sintiendo la confusión en su interior.
¿Qué debía hacer?
Ahmet la había hecho sentir segura y curiosa, pero la intensidad de Franco no podía ignorarla.
—Franco… por favor, cálmate —dijo suavemente—.
No quiero que peleemos por esto.
Él cerró los ojos un instante, respirando hondo, y cuando los abrió, su expresión seguía dura, pero con un matiz de vulnerabilidad.
—No puedo prometer nada —murmuró—.
Solo sé que no quiero perderte.
Selen levantó la mirada, con una mezcla de firmeza y preocupación: —Sabes que no elegí casarme con él… ahora estoy a pocos días de la boda, no puedo hacer nada.
Franco la observó intensamente, con el ceño fruncido.
—Selen… eres Sultana.
Pensé que podrías decir que no.
Pero, ¿de todas formas aún estará esa promesa?
Selen parpadeó, confundida.
—¿La de no amarlo nunca?
Él asintió, serio.
—Así es… aún está en pie, ¿no?
Selen suspiró, bajando un poco la cabeza, y luego respondió con sinceridad: —Por ahora, sí… pero en el futuro… aún no lo sé.
Franco la miró, tratando de contener sus emociones.
La incertidumbre en su voz, mezclada con celos y deseo, hacía que Selen se sintiera atrapada entre lo que debía y lo que sentía.Selen bajó la mirada, intentando ordenar sus pensamientos, pero Franco dio un paso más cerca, su expresión mezclaba celos, preocupación y algo más profundo que no podía ocultar.
—Selen… —susurró, apenas moviendo los labios—.
No puedo quedarme callado.
Antes de que ella pudiera reaccionar, se inclinó ligeramente y rozó su mejilla con un beso rápido, suave pero cargado de intención.
Selen sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y sus mejillas se tiñeron de rojo.
—¿Franco…?
—susurró, sorprendida y confundida—.
Él sonrió, con un brillo travieso en los ojos, aunque aún serio en su determinación.
—Solo quería recordarte que estoy aquí… y que no voy a rendirme contigo tan fácilmente.
Selen bajó la mirada, su corazón latiendo con fuerza.
Por un instante, el mundo alrededor parecía detenerse, y todo lo que podía sentir era la cercanía de Franco y la intensidad de sus emociones.
Selen todavía sentía el calor del beso en la mejilla cuando Franco la miró con suavidad, dejando atrás la furia y los celos por un instante.
—Ven aquí —susurró él, abriendo los brazos.
Selen dudó un momento, pero la mirada sincera de Franco la hizo acercarse.
Antes de que pudiera pensar demasiado, él la rodeó con un abrazo firme, protegiéndola casi como si el mundo entero desapareciera alrededor de ellos.
Ella apoyó la cabeza en su pecho, sintiendo los latidos fuertes de Franco, y por primera vez en días, pudo relajarse un poco.
Él, por su parte, la sostuvo con fuerza, como si temiera que el tiempo o la distancia pudieran separarlos.
—No quiero perderte, Selen —murmuró Franco, con la voz apenas audible—.
No importa lo que pase con la boda, quiero que lo sepas… siempre estaré aquí.Selen cerró los ojos, dejando que sus propias emociones fluyeran.
Por un momento, todo lo demás dejó de importar: ni Ahmet, ni la promesa, ni la boda.
Solo existían ellos dos, abrazados en silencio, compartiendo un instante que ninguno de los dos olvidaría fácilmente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com