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El despertar de selene - Capítulo 109

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  4. Capítulo 109 - 109 capítulo 109El collar del Fénix
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109: capítulo 109:El collar del Fénix 109: capítulo 109:El collar del Fénix Selene la miró con una mezcla de desdén y poder en la mirada.

La luz de las antorchas hacía brillar su rostro, acentuando la seguridad que irradiaba.

—Yo soy la Sultana Selene —dijo con voz firme y cortante—.

Hay cosas de mí que ni siquiera imaginas.

Lo que sí sé de ti, Mahidevran, es que eres débil.

Dependiste de alguien para obtener tu poder.

En cambio, yo nací con él.

Mi fuerza no proviene de pactos ni maldiciones, sino de mi propia sangre.

Sea aquí o en el futuro… mi poder es eterno.

Mahidevran la observó con furia contenida.

Sus ojos rojos brillaban como brasas a punto de encenderse.

—Prometo que algún día, Sultana, yo gobernaré —replicó con voz temblorosa pero desafiante—.

Y ese día, usted me tendrá respeto.

Selene sonrió con calma, como si las palabras de Mahidevran fueran tan frágiles como el viento.

—El respeto se gana con poder, no con amenazas —susurró antes de dar media vuelta, dejando a Mahidevran sola, ardiendo de odio y ambición.

De pronto, la ventana se abrió con un estruendo que sacudió todo el aposento.

Una ráfaga de viento helado irrumpió entre las cortinas, seguida por una luz tan intensa que cubrió el lugar con un resplandor cegador.

Selene se llevó una mano al rostro, intentando ver a través de aquella claridad.

El aire vibraba, cargado de una energía que no pertenecía a este mundo.

Algo se aproximaba desde los cielos.

Una figura descendía lentamente, envuelta en un resplandor que parecía venir de las estrellas.

Cuando la luz comenzó a disiparse, Selene logró distinguirlo.

Era un ángel.

Pero no un ángel cualquiera.

Sus alas eran gigantescas, majestuosas, hechas de plumas plateadas que destellaban como el filo de una espada bajo el sol.

Cada movimiento de ellas generaba un susurro que sonaba como un coro distante.

Su piel brillaba con un tono dorado, casi transparente, y sus ojos…

sus ojos eran dos pozos de fuego azul, tan profundos que parecían contener el cielo entero.

De su cuerpo emanaba una luz cálida y terrible a la vez, como si la pureza misma pudiera destruir.

Una túnica ligera caía desde sus hombros, flotando sin viento, tejida con hilos de niebla y amanecer.

Sobre su cabeza brillaba un halo irregular, palpitante, que parecía tener vida propia.

Selene no podía moverse.

El aire se volvió pesado, sagrado.El ángel la miró fijamente, y en sus ojos había algo más que poder: había conocimiento… y juicio.

Selene giró para buscar a Mahidevran, pero ella ya no estaba.

Había desaparecido.

Entonces, el ángel extendió sus alas.

Una ráfaga de luz cubrió todo el aposento, iluminando hasta el último rincón.

Luego, en un parpadeo, todo volvió al silencio.

Las cortinas ondeaban suavemente, la luz se había desvanecido… y Selene quedó sola, temblando, sabiendo que aquello no había sido un sueño.

Algo divino —y peligroso— acababa de descender sobre ella.

Selene retrocedió un paso, aún cegada por la luz.

—¿Quién eres?

—preguntó, con la voz temblorosa.

El ser la miró con solemnidad.

—Soy Hermes, el padre de Yuni —respondió el ángel con voz profunda, resonante, como si hablara desde el cielo mismo.

Selene abrió los ojos, sorprendida.

—¿Qué…?

¿El padre de Yuni?

—susurró con incredulidad—.

¿Cómo está ella?

¿Está bien?

El ángel asintió lentamente.

—Está bien.

Ella se encuentra en otro mundo, a salvo.

Pero tuve que venir.

Conozco tu historia, Selene.

Sé por qué estás aquí, en el pasado.

Muy pronto llegará la hora de volver a Lunaris, tu presente.

Pero antes… —su mirada se endureció— debes destruir aquello que causará tu ruina en el futuro.

Selene bajó la vista, comprendiendo.

—Derrotar a Mahidevran… —susurró.

Hermes afirmó con gravedad.

—Ella ya no está sola.

Se ha unido al ser más imperdonable para nosotros… Lucifer.

Él fue quien mató a nuestra reina, Maya, la diosa de la luz eterna.

Entre otros, destruyó todo lo que tocó.

Debes detenerlo antes de que su oscuridad lo consuma todo.

Los ojos de Selene se abrieron con asombro y temor.

—Lo intentaré… pero ¿qué debo hacer?

¿Cómo puedo vencerla?

Hermes extendió su mano luminosa, y en su palma apareció una llama azul.

—El collar con lágrimas del Fénix que lleva Mahidevran la hace invencible.

Pero tú puedes crear su opuesto.

Funde tus poderes con la energía del fuego lunar y el alma de la verdad.

Si logras hacerlo, serás como una diosa.La luz del ángel creció, envolviéndolo en un resplandor cegador.

—Recuerda, Selene —dijo mientras su voz se desvanecía—: el poder no reside en la venganza… sino en el equilibrio.

Y en un destello, Hermes desapareció, dejando tras de sí un rastro de plumas de luz que flotaron hasta perderse en el aire.

Selene quedó sola, con el corazón ardiendo.

Su destino estaba sellado: debía vencer a Mahidevran… y enfrentarse al mismísimo Lucifer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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