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El despertar de selene - Capítulo 110

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  4. Capítulo 110 - 110 capítulo 110El último hechizo
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110: capítulo 110:El último hechizo 110: capítulo 110:El último hechizo Selene salió corriendo hacia el jardín, pero antes de avanzar vio a Bárbara luciendo uno de sus nuevos vestidos.

La tomó del brazo y la arrastró hacia un rincón.

—Bárbara, debemos huir de aquí.

Debemos ir al presente —dijo con urgencia—.

Por favor, reúne a Leia con Franco.

Y si puedes, trae también a Leila… esto va a ponerse muy crudo.

Bárbara la miró confundida.

—Selene, ¿de qué estás hablando?

—Lucifer viene aquí —respondió ella, con voz temblorosa—.

Está con Maidebran.

Debemos unirnos para vencerla.

El padre de Yuni ha venido a advertirme sobre esto.

Reúne a todos y espérenme en mis aposentos.

Entonces, Bárbara salió corriendo a buscarlos.

Selene fue a sus aposentos y esperó, nerviosa, hasta que, después de algunos minutos, todos llegaron.

Elías entró de la mano de Leila, y Franco apareció junto a Bárbara.

—¡Qué bueno que llegaron!

—exclamó Selene.

Luego miró a Leila—.

Sé que esto será un poco difícil para ti.

Leila inclinó la cabeza.

—¿No saber qué, mi sultana?

Selene suspiró.

—Lo que pasa es que… bueno, yo sí existo, obviamente.

Pero venimos del futuro.

Ahora mismo estamos en el pasado, en el lugar donde viví mi primera vida, antes de mi esposa… o mejor dicho, antes de mi segunda vida, que es en el presente.

Leila abrió los ojos sorprendida, mientras Selene continuaba: —Por favor, Leila, si no te saco de aquí, puede que en la historia no quedes grabada.

En cambio, si logro llevarte al presente, podrías tener una vida más feliz, junto a Elías.

Selene sonrió con ternura, pero su expresión cambió de repente.

—En fin… no hay tiempo que perder.

Es momento de luchar… o de morir.

—¿Y entonces qué tenemos que hacer?

—preguntó Franco.

Chalón advirtió—: Primero tenemos que romper el collar de Félix, el que tiene Maidebran.

No sé cómo, pero con la ayuda de Dios saldrá bien.

Elías añadió—: Va a ser muy difícil.

Maidebran tiene hasta diez adeptos a su alrededor en cada esquina, y siempre va acompañada.

Ninguna de sus guardianas se queda sola.

Será imposible entrar así.

Leila inclinó la cabeza, pensativa, y habló con voz baja: —Creo que puedo hacerlo.

He estado cerca de la señorita Maidebran; la he ayudado en algunas cosas, aunque ella me desprecie.

Puedo colarme porque una de sus sirvientas es mi mejor amiga y me facilitaría el acceso.

—Hizo una pausa y apretó los dedos—.

Al principio dudé, pero puedo intentarlo.

Elías la miró directamente a los ojos.

—¿Estás segura?

No quiero que pongas en riesgo tu vida ahora.

Leila sostuvo su mirada con firmeza.

—Maidevran no podrá hacerme nada.

Si lo intenta, el sultán se entera se enfadará mucho.

No podrá tocarme.

Estoy segura.

Selene asintió despacio.

—¿Bien?

—Está bien —respondió Leila—.

Puedes intentarlo.

Te ayudaré.

Selene se volvió hacia Franco.

—Franco, ¿por qué no vas a vigilar quién está con Maidebran?

Averigua con quién se encuentra y dónde.

Te lo agradeceré.

Franco le sonrió.

—Claro que sí.

Voy ahora mismo.

—Bueno… —dijo Selene, esbozando una media sonrisa—.

Me parece que debes llevarte a tu amada a robar el collar de mahidevram.

Elías miró a Leila; una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

—Vamos, Leila —dijo, ofreciéndole su brazo.

Ella lo tomó, intentando ocultar la emoción que la invadía.

Juntos salieron de la estancia, dejando atrás a Selene y a los demás, con la esperanza de que aquel plan fuera el inicio de su salvación.

Después de unos minutos, Selene comenzó a preparar todas sus cosas, moviéndolas con telequinesis mientras su mente se concentraba en lo que vendría.

Debía estar lista para enfrentarse a Maidebran… y después regresar al presente.

No sabía cómo lo lograría.

El agujero por el que había caído hasta el pasado ya no existía, y tampoco tenía el collar de sirena que le permitiría volver.

Todo dependía de su ingenio… y de su poder.

Al cabo de unos minutos, todos regresaron a la estancia.

Bárbara entró primero; luego Franco, y por último Elías con Leila.

Leila llevaba el collar del Fénix: una pieza enorme, casi como una copa, con pequeñas gotas amarillentas que brillaban a la luz.

—¡Wow, lo consiguieron!

—exclamó Selene.

—Así es —dijo Franco—, con la ayuda de Leila lo logramos.

Bárbara extendió el collar y se lo entregó a Selene.

Ella lo tomó con cuidado, sintiendo el peso y la extraña energía que desprendía.

—Ahora falta saber cómo destruirlo —murmuró Selene.

—¿Y si lo golpeamos con una piedra?

—propuso Elías—.

¿No sería mejor?

¿O tal vez quemarlo?

Bárbara rodó los ojos.

—No funciona así, tonto.

Esas piezas tan valiosas, formadas por fuerzas malignas, no se destruyen tan fácilmente.

Pero puede que haya un hechizo para neutralizarlo… espera un momento.

Selene cerró los ojos, concentrándose en las posibilidades; el tiempo apremiaba y cada segundo contaba.

—Ya sé —dijo Selene—.

¿Qué tal si usamos un Septum?

Bárbara soltó una carcajada.

—¡Oh, perfecto!

¡Eso funciona muy bien!

Pero no todas lo logran, Selene.

—No inventes, Bárbara —intervino Franco—.

Selene es única, claro que lo logrará.

—Gracias, Franco —respondió Selene con una sonrisa leve—.

Se volvió hacia Leila.

—Por favor, todos, aléjense.

Esto va a ser… explosivo.

No sé si saldrá bien.

Todos retrocedieron unos pasos, mientras Selene se acercaba al collar.

Cerró los ojos y puso las manos frente a él.

—Septum… Septum… Septum —susurró con concentración.

Al cabo de unos segundos, una llama repentina estalló, rompiendo los cristales del collar.

Las gotas del Fénix se esparcieron, formando un círculo que los envolvió a todos en un espeso humo negro.

El aire vibraba con energía mágica, y la tensión se volvió palpable mientras Selene mantenía el control sobre el hechizo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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