El despertar de selene - Capítulo 117
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- Capítulo 117 - 117 capítulo 117El nacimiento de los Nydris
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117: capítulo 117:El nacimiento de los Nydris 117: capítulo 117:El nacimiento de los Nydris —Voy a descansar un rato —dijo Selene con voz cansada—.
Quiero quedarme sola…
necesito pensar cómo hacerlo para mañana.
—Excelente —respondió Bárbara con una sonrisa leve—.
No te preocupes, estaremos bien.
—Llámanos de inmediato si te pasa algo, ¿ok?
—pidió Elías.
—Está bien —respondió Selene—.
Azure, por favor…
si pasa algo, solo llámame.
—Como gustes, Selene —dijo Azure, asintiendo.
Los tres se alejaron, y Selene quedó sola en el patio del colegio.
Se sentó en una vieja banca de madera, observando cómo las luces del atardecer se reflejaban en los ventanales rotos.
Quizás no estaba segura de cómo lograrlo.
Sería un gran desafío.
Demasiado grande.
Pelear contra Lucifer… vencerlo… era algo casi imposible.
Pero no del todo.
Nadie lo había conseguido antes, eso lo sabía.
Y, sin embargo, en lo más profundo de su alma, una voz le decía que ella sí podría hacerlo.
Selene caminó hacia el centro del patio, donde la tierra todavía guardaba las marcas del último enfrentamiento.
Cerró los ojos.
Su respiración se volvió lenta, profunda, mientras su poder vibraba con una fuerza que no era de este mundo.
—He visto cómo la oscuridad destruye… —susurró—.
Pero también he visto cómo la luz abandona.
Si ambas fallan… entonces crearé algo nuevo.
A su alrededor, el aire se retorció.
Los árboles comenzaron a inclinarse y la tierra se partió, dejando salir una energía brillante, de color celeste mezclado con negro.
Selene extendió sus manos, y una forma comenzó a surgir frente a ella: una silueta humanoide, pero hecha de energía viva, con ojos que reflejaban el universo entero.
—Nacerán los Nydris —declaró Selene con solemnidad—.
Seres del nexo, nacidos entre la vida y la magia.
Los Nydris no eran humanos, ni espíritus, ni demonios.
Eran la unión de todas las fuerzas: podían sanar la luz o controlar la oscuridad, según lo que su corazón decidiera.
Su poder provenía del alma, no de hechizos.
Selene se arrodilló frente al primero de ellos, una figura resplandeciente que respiraba como si acabara de nacer.
—No obedecerás al cielo ni al infierno —dijo ella—.
Solo al equilibrio.
El símbolo de su mano cambió: se formó una marca en forma de espiral con un punto en el centro, que brillaba cada vez que ella exhalaba.
Era el símbolo de los Nydris.
El aire se estremeció.
Una carcajada profunda resonó entre los muros del colegio.
Lucifer.
—Los Nydris…
qué interesante creación, Selene.
—dijo con una voz que parecía venir desde todas partes—.
¿Sabes lo que pasa con los creadores?
Tarde o temprano, sus criaturas los superan.
Selene levantó la cabeza, decidida.
—Entonces tendré que convertirme en algo que ni siquiera tú puedas comprender.
El cielo rugió.
Los Nydris desaparecieron en un destello de luz, dejando atrás solo el eco de su nacimiento… y la promesa de que el mundo ya no sería el mismo.
Pero no lo podía creer.
Había sido la primera Nydris en toda su tierra.
No conocía esa especie… y, aun así, la había creado.
El corazón le latía tan fuerte que apenas podía pensar.
Debía contarle a sus amigos.
Corrió por los barrios, esquivando calles y sombras.
El aire se volvió ligero, y, sin pensarlo, decidió hacerlo: volar.
Sus pies se separaron del suelo, y en un instante se elevó entre los árboles, surcando el cielo con una mezcla de asombro y miedo.
El viento la golpeaba en el rostro, pero ella sonreía.
No sabía cómo, ni por qué… solo que podía hacerlo.
A lo lejos, vio la cabaña donde descansaban Elías, Bárbara y Azure.
Descendió rápidamente y cayó frente a la puerta, aún respirando agitada.
Golpeó tan rápido como pudo.
Bárbara abrió, con los ojos medio dormidos.
—¿Selene?
¿Qué pasa?
¿Sucedió algo?
—No… —dijo ella entre risas nerviosas—.
¡Es algo bueno!
¡Impresionante!
Ni yo lo puedo creer.
Elías se asomó por detrás de Bárbara, con cara de confusión.
—¿Selene, qué haces aquí a estas horas?
—Debo contárselos —dijo ella con emoción—.
Es… impresionante lo que acabo de hacer.
Selen sonrió, aún respirando agitada.
—No, nada…
es solo que…
no logro comprender lo que hice.
Elías, intrigado, frunció el ceño.
—¿Qué hiciste exactamente?
Selen miró a los tres, su voz temblaba entre emoción y miedo.
—Creé…
una nueva especie mágica.
O no lo sé… los renací.
Bárbara abrió los ojos como platos.
—¡Eso…
eso es imposible!…
¿o no lo es?
Elías sonrió con asombro.
—Impresionante, Selen…
Azure la miró fijamente, incrédulo.
—¿Una nueva especie?
¿De qué estás hablando?
Selen respiró hondo, con el corazón acelerado, y dijo: —Soy oficialmente una bruja…
y una Nydris.
Azure retrocedió un paso.
—¿Una qué?
¡Eso no existe!
Selen alzó su mano.
En ese instante, una luz y una sombra giraron alrededor de sus dedos, como dos fuerzas luchando por tocarse.
El aire de la cabaña vibró, y una ráfaga de viento hizo temblar las ventanas.
—Sí existe —dijo Selen con voz profunda—.
—Porque yo la creé.
Elías abrió los ojos sorprendido.
—¡Wow!…
espera… Franco una vez habló de eso.
Hace muchos siglos, alguien quiso crear una nueva especie… llamada justo como tú lo dices: Nydris.
Pero el poder la debilitó… y la mató.
Selen quedó confundida.
—¿Qué… implicaba ser una Nydris?
Elías respiró hondo, recordando las palabras de Franco.
—Según la persona que intentó hacerlo, los Nydris serían seres capaces de absorber energía oscura o luminosa.
Si un demonio los atacaba, podrían usar su propia sombra contra él.
Y si un ángel los hería, podrían convertir su luz en protección.
Eran literalmente el punto entre el bien y el mal… un equilibrio viviente.
Siguió hablando, mientras sus ojos brillaban con respeto.
—También dijo que podrían invocar una “luz del alma” o una “sombra interior”, y que al mezclarlas podrían crear una onda llamada Pulso Nydri.
Esa onda podía detener cualquier hechizo… o maldición.
Bárbara se llevó la mano al pecho, impresionada.
—¿Y eso existía de verdad?
Elías asintió.
—Sí… se decía que los Nydris también podían curar heridas físicas o del alma, e incluso liberar a los poseídos por demonios.
Además, esta especie estaba diseñada para cruzar el velo entre el mundo humano y el espiritual sin morir.
Azure lo miraba cada vez más incrédula, pero fascinada.
—Eso es imposible…—Y aún hay más —continuó Elías—.
También se decía que existía una Transformación Lunar, pero nadie supo para qué fue creada.
Y una lengua sagrada, el Beira.
Intentaron desarrollarla, pero nadie logró dominarla.
La persona que la estaba creando murió… y nadie más lo intentó.
Selen lo escuchaba, con el corazón acelerado.
—Entonces… ¿yo podría hablar esa lengua?
Azure dio un paso al frente, con voz temblorosa pero firme.
—Si lo creaste tú, desde el alma, sin planearlo… estoy más que segura de que sí.
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