El despertar de selene - Capítulo 118
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- Capítulo 118 - 118 capítulo 118Halloween y algo más
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118: capítulo 118:Halloween y algo más 118: capítulo 118:Halloween y algo más Bárbara, Elías, Azure y Selen se durmieron con una gran duda.
Selen no podía dejar de pensar en lo que había creado: una nueva especie impresionante, los Nydris.
A la mañana siguiente, un grito de Bárbara proveniente del jardín los despertó de golpe.
Selen, Azure y Elías se levantaron asustados.
Elías fue el primero en salir, seguido por Selen, mientras Azure preguntaba con preocupación: —¿Qué pasa?
¿Por qué gritas?
Bárbara, aún temblando, señaló hacia el jardín.
—¡Miren eso!
¡Vampiros…
de mi especie!
Selen los observó por un momento y luego soltó una pequeña risa.
—Bárbara, no son vampiros… o bueno, solo parecen niños disfrazados.
Pero ¿por qué…?
Azure frunció el ceño, pensativa.
—Mmm… es Halloween, ¿verdad?
Elías suspiró con alivio y sonrió.
—Ahora lo recuerdo… Después de reírse del susto de Bárbara, Selen recordó algo que no podía esperar.
—Chicos… hoy no es solo Halloween —dijo con voz baja, mirando por la ventana empañada por la neblina—.
Esta noche debemos ir por Adara.
Elías frunció el ceño.
—¿La chica nueva?
¿La que Lucifer quiere?
Selen asintió lentamente.
—Sí.
Pero no la tendrá.
Adara posee una energía distinta… algo que ni siquiera Lucifer comprende.
Si la encontramos antes que él, podrá renacer como una Nydris.
Azure sonrió con un brillo desafiante en los ojos.
—Entonces la convertiremos en una de los nuestros.
Bárbara se levantó de golpe.
—Pues no perdamos tiempo.
Esta noche, los Nydris crecerán.
Minutos después, los cuatro estaban listos.
Azure llevaba una capa azul oscuro que parecía absorber la luz; Bárbara, un vestido negro con bordes plateados; Elías, una chaqueta marcada con runas antiguas; y Selen, con su túnica blanca, portaba el símbolo de los Nydris grabado en plata.
El bosque los recibió con un viento helado.
Las ramas se movían como si susurraran sus nombres.
Al llegar al claro, Selen se arrodilló en el centro y colocó una piedra de obsidiana.
—Nydris umbralis, lumen vitae…
—susurró.
El suelo tembló.
Un círculo de energía azul se encendió, trazando símbolos que flotaban en el aire.
Azure y Elías encendieron las velas negras, mientras Bárbara esparcía polvo de luna sobre el círculo.
Selen levantó la vista al cielo.
—“Que la oscuridad no reclame lo que la luz eligió.
Que Adara despierte como una hija del equilibrio.” Un destello azul envolvió el bosque.
El viento se detuvo.
En el centro del círculo, una figura apareció, recostada entre la luz y la sombra.
Era Adara.
Su cabello oscuro caía como seda y sus ojos, al abrirse, reflejaron un brillo plateado que no pertenecía al mundo humano.
Selen extendió la mano.
—Bienvenida, Adara… Desde ahora, eres una Nydris.
La luz azul comenzó a desvanecerse, y el bosque recuperó su silencio.
En el centro del círculo, Adara abrió los ojos lentamente.
Su respiración era tranquila, y una sonrisa se dibujó en su rostro.
—Lo sabía… —susurró, mirando sus manos, que aún brillaban con un leve resplandor plateado—.
Siempre supe que la magia existía.
Bárbara intercambió una mirada con Azure, sorprendida.
—¿No tienes miedo?
—preguntó con cautela.
Adara negó suavemente.
—¿Miedo?
No.
Toda mi vida sentí que algo me esperaba más allá del mundo normal.
Soñaba con luces, con voces que me llamaban desde la oscuridad… y ahora, por fin, las escucho de verdad.
Selen sonrió con orgullo.
—Entonces eras la elegida desde antes de conocernos.
Elías se acercó y le ofreció su mano para ayudarla a ponerse de pie.
—Bienvenida a los Nydris, Adara.
No todos aceptan su destino con una sonrisa.
Adara levantó la mirada hacia la luna.
Su cabello se movía con el viento, y en sus ojos brillaba una mezcla de curiosidad y poder.
—Si esto es mi destino, lo abrazaré.
Quiero aprender todo… sobre los Nydris, sobre ustedes… y sobre mí.
Selen puso una mano en su hombro.
—Lo harás.
Esta noche fue solo el comienzo.
mientras las velas se apagaban una a una, una sensación cálida recorrió el claro del bosque.
Adara no tenía miedo.
Tenía esperanza.
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