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El despertar de selene - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 capítulo 12mariposas en el estómago
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12: capítulo 12:mariposas en el estómago 12: capítulo 12:mariposas en el estómago A la mañana siguiente, Selene se despertó con la luz del sol filtrándose por las pesadas cortinas de su nueva habitación.

Se sentó en la cama, estirándose lentamente, y murmuró para sí misma: —Bueno…

espero que esta vez no se burlen de mí.

Pero luego negó con la cabeza, intentando espantar aquellos pensamientos.

—No, mejor olvida eso, Selene —se dijo en voz baja.

Se levantó con determinación y caminó hasta la cocina.

El olor a pan caliente y café la recibió como un abrazo suave.

Su madre, Madea, ya estaba preparando el desayuno.

—Espero que esta vez, en esta nueva escuela, todo sea diferente, hija —dijo mientras le servía un plato—.

Pórtate bien.

Selene sonrió con suavidad y respondió: —Lo haré, madre.

No te preocupes.

—Yo puedo llevarte hoy —interrumpió su padre, Héctor, dejando el diario a un lado—.

Tu escuela queda muy cerca.

Selene asintió alegremente, aliviada.

Después de desayunar, volvió a su habitación y se preparó con cuidado.

Se miró al espejo por un momento, respiró hondo y se dijo: —Es solo otro comienzo.

Solo eso.

Sin embargo, una sensación extraña la invadía por dentro.

Aunque intentaba no pensarlo, extrañaba su viejo pueblo.

Extrañaba sus rincones, los silencios conocidos, incluso los rumores…

todo eso que ahora quedaba lejos.

Pero no dejó que esos pensamientos crecieran.

Tomó su mochila, bajó las escaleras y salió hacia el auto donde su padre ya la esperaba.

Durante el trayecto a la escuela, su corazón latía con fuerza.

No por miedo exactamente, sino por ansiedad.

¿Cómo serían sus compañeros?

¿La mirarían raro?

¿Sabrían algo?

Cuando el auto se detuvo frente a la escuela, Selene descendió lentamente.

Observó el edificio: más grande, más moderno, lleno de ruido y movimiento.

Un mundo completamente distinto al que había conocido.

Caminó hasta la entrada, apretando las correas de su mochila.

Estaba asustada, sí.

Ansiosa.

Un poco perdida.

Pero también había una parte de ella que quería creer que esta vez, todo sería distinto.

Un nuevo comienzo.

Dentro del edificio, los pasillos se extendían en múltiples direcciones, repletos de alumnos que hablaban, reían y corrían de un lado a otro.

Selene caminaba tratando de ubicar su sala, mirando a los lados, confundida.

—Oh, rayos —susurró—.

Debería haber traído un mapa…

o haberle preguntado a papá antes.

Giró hacia la derecha, luego a la izquierda.

Nada.

Cada puerta le parecía igual.

Entonces, una voz a su espalda la sorprendió: —Hey…

¿estás sola o necesitas ayuda?

Selene se volteó, sobresaltada.

Frente a ella, un chico de cabello oscuro y ojos curiosos la miraba con una sonrisa amable.

En cuanto Selene se giró, lo vio.

Y el mundo pareció detenerse.

Allí, parado bajo la luz suave del pasillo, estaba él.

Un chico de ojos café, tan profundos y cálidos como una tarde de otoño.

Su piel era pálida, como la porcelana, y su cabello castaño caía en suaves ondas sobre su frente, con un desorden perfectamente natural.

Su sonrisa era tranquila, como si no existiera prisa en su mundo.

Selene lo miró, y en ese instante, lo supo.

No era un simple encuentro.

Era algo más.

Su corazón dio un vuelco.

Se sintió como en uno de esos cuentos que leía de niña, donde la princesa conocía al príncipe entre multitudes y todo lo demás desaparecía.

Pero rápidamente volvió en sí, parpadeando, recordándose que no estaba soñando.

—Ah… sí —respondió, un poco tímida—.

Soy nueva.

He estado buscando mi sala, pero… estoy un poco perdida.

El chico sonrió con amabilidad, sin rastro de burla en su voz.

—Ah, tú debes ser la que la profesora dijo que llegaría hoy.

No te preocupes —añadió con naturalidad—.

Somos compañeros.

La sonrisa de Selene apareció como un reflejo, suave, genuina.

¿Compañeros?

El alivio la llenó, y también algo más: alegría, quizás… o esperanza.

Queriendo mantener la conversación, le preguntó con tono amistoso, aunque por dentro el corazón le latía con fuerza: —¿Cuál es tu nombre?

—Felipe —respondió él—.

¿Y el tuyo?

—Selene.

—Un gusto, Selene.

Ahora… ¿te parece si vamos a clase?

—Claro —respondió ella, casi sin pensar, mientras asentía con una pequeña risa nerviosa.

Y caminaron juntos por el pasillo.

Selene iba a su lado, pero su mente estaba a kilómetros de allí.

Sentía su corazón golpear su pecho como un tambor desenfrenado.

Cada paso a su lado la hacía sentir más viva, más despierta.

Sus ojos brillaban, y no por el reflejo de las luces del techo, sino por algo que solo el corazón podía explicar.

Era su primer amor.

Puro.

Inocente.

Inesperado.

No sabía si Felipe sentiría lo mismo, ni siquiera sabía si eso importaba ahora.

Pero en ese instante, mientras avanzaban entre estudiantes y mochilas, mientras compartían un mismo rumbo, Selene supo que algo había cambiado.

Y que jamás volvería a ser la misma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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