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El despertar de selene - Capítulo 120

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120: capítulo 120:tiempo detenido 120: capítulo 120:tiempo detenido —Chicos, entiendan todo… ya falta poco para la nueva realidad.

Pero hay cosas más importantes —dijo Adara con voz firme—.

¿Cómo que Lucifer nos va a atacar ahora?

¡Tenemos que irnos del bosque ya!

—Adara tiene razón —apoyó Azure—.

Vamos, Leila, no es seguro estar aquí.

—Elías, carga a Leila y vámonos —ordenó—.

Ven conmigo, Franco.

No podemos dejar que regresen las almas.

Selen dudó por un momento, luego corrió junto a Azure hacia el final del bosque.

No sabían cómo comenzaría esta nueva batalla.

Habían superado muchas antes… pero no sabían cómo terminaría esta.

En su mente, Selen solo pensaba en una cosa: obtener más poder y cumplir la promesa que le habían hecho los espíritus y las almas.

Ser la mejor bruja de todos los tiempos.

Que su nombre fuera recordado día y noche.

Y esta vez, ya no solo sería una bruja: sería una Nidris, y sería la mejor.

Poco después de salir del bosque, Azure se detuvo y miró a Selen.

—Selen… creo que debemos volver a la ciudad.

—¿A Lunaris?

—preguntó ella.

—Sí.

Es complicado, lo sé, pero debemos regresar.

Tienes el corazón de sirena, y no estamos preparados para una batalla.

Con Leila y Franco podríamos resistir, pero recién han renacido.

No podemos dejar que Lucifer los reclame de nuevo.

Por favor… tenemos que volver ahora.

Selen suspiró.

—Está bien… pero, ¿qué haremos con Adara?

—La llevaremos con nosotros —intervino Bárbara—.

Con Adara seremos más poderosos.

¿Qué dices, Adara?

Adara los miró con cierta duda.

—No sé si podré seguir… no puedo vivir una vida humana y seguir fingiendo.

Pero si les importo, iré con ustedes.

Solo me preocupa qué pensarán los demás de mí.

Elías asintió.

—Tienes razón.

Si desapareces, tus padres sospecharán.

Pero podríamos usar un hechizo para congelar el tiempo en tu casa.

No se darán cuenta de nada.

¿Qué dices, Selen?

Selen sonrió.

—Es una buena idea.

Creo que tengo algo en mente.

Minutos después, llegaron a la casa de Adara por la parte trasera.

—Bien, este es el plan —dijo Selen—.

Adara, entrarás primero y actuarás normal, como si nada hubiera pasado.

Solo di que regresaste de las clases, ¿de acuerdo?

Adara asintió.

—Azure, tú entrarás por la puerta principal y te esconderás detrás del sofá.

Adara, conversa con tus padres para distraerlos.

Bárbara, tú entrarás por la ventana, pero solo te asomarás.

Cuando dé la señal, haré el hechizo.

—¿Y nosotros?

—preguntó Leila.

—Tú y Franco vigilen afuera —respondió Selen—.

Si algo sale mal, nos cubren.

Selen respiró hondo, alzó la mano y murmuró: —No usaré mi varita esta vez.

Solo necesito mi mente… y el poder dentro de mí.

La magia mental.

La magia de una verdadera Nidris.

El corazón de Adara latía con fuerza.

Desde afuera, su casa parecía tranquila, pero por dentro, Selen sentía la vibración de las energías humanas y mágicas entrelazadas.

—Recuerda, actúa normal —le susurró Selen antes de dejarla entrar.

Adara respiró profundo, abrió la puerta trasera y caminó hacia la sala.

—¡Mamá, ya llegué!

—dijo con una sonrisa algo forzada.

Su madre respondió desde la cocina, sin sospechar nada.

Mientras tanto, Azure se deslizó por la puerta principal y se escondió detrás del sofá, justo donde Selen le había indicado.

Bárbara asomó medio cuerpo por la ventana, atenta, observando cada movimiento dentro de la casa.

Selen levantó la vista al cielo, sintiendo el peso de la noche caer sobre ellas.

El aire se volvió frío.

“Es el momento”, pensó.

—Ahora —susurró.

Las luces del lugar titilaron.

El viento se detuvo por un instante.

Selen cerró los ojos y extendió las manos, dejando que una corriente de energía oscura, brillante y azulada recorriera su cuerpo.

No necesitaba su varita; su mente era suficiente.

—Tempus Immotus…

Anima Quietus…

Obscura Lunae Custodia.

—sus palabras se mezclaron con el aire como un canto antiguo.

El suelo tembló levemente.

Los relojes de la casa se detuvieron, las agujas inmóviles.

Un sonido suave, como un suspiro, recorrió las paredes.

Adara miró a su alrededor.

Su madre, aún en la cocina, quedó quieta, sonriendo con la misma expresión que segundos antes.

El tiempo se había congelado.

—¿Lo… lo hiciste?

—preguntó Azure en voz baja, saliendo del sofá.

Selen abrió los ojos.

Su mirada brillaba con una luz plateada.

—Sí… —respondió con calma—.

Nadie notará que Adara no está.

El tiempo no correrá para ellos… hasta que yo lo diga.

Bárbara entró por la ventana, observando el interior inmóvil de la casa.

—Increíble… —susurró—.

No pensé que el poder mental fuera tan fuerte.

—No es poder mental —corrigió Selen suavemente—.

Es el poder de las almas que habitan dentro de mí.

Ellas me guían.

Elías entró despacio con Leila y Franco.

—¿Y ahora qué?

—preguntó Leila—.

¿Nos vamos?

Selen miró a todos con determinación.

—Sí.

Pero recuerden esto: Lucifer ya sabe que no huimos… sabe que nos preparamos.

El silencio reinó por un momento.

Solo se oía el leve eco del hechizo resonando entre las paredes.

—Entonces… —dijo Franco con una media sonrisa—, que empiece el verdadero juego.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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