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El despertar de selene - Capítulo 121

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  4. Capítulo 121 - 121 capítulo 121El nacimiento de una reina
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121: capítulo 121:El nacimiento de una reina 121: capítulo 121:El nacimiento de una reina Después del hechizo, el cielo comenzó a fracturarse con hilos de luz blanca mientras Selen sostenía la varita de Adara.

El hechizo del silencio había funcionado a la perfección, y ahora era momento de volver a Lunaris.

—¿Están listos?

—preguntó Selen con voz firme.

Azure asintió.

—Cuando tú digas, abriremos el portal.

Adara respiró hondo.

Franco tomó la mano de Selen, apretándola con fuerza.

—No importa lo que venga —susurró—.

Estoy contigo.

Siempre.

Selen lo miró, sintiendo el calor de sus palabras, y asintió con una leve sonrisa.

Azure alzó su brazo y trazó un símbolo en el aire.

La luz azul comenzó a girar, creando una espiral infinita.

Las hojas del bosque se elevaron del suelo, el viento rugió, y un portal se abrió frente a ellos: un vórtice brillante con reflejos de luna.

—Bienvenidos a casa —dijo Azure.

Bárbara y Elías fueron los primeros en atravesarlo, cayendo sobre el césped húmedo del otro lado.

Tras ellos, Selen, Leila y Adara cruzaron el portal, uno por uno.

Lunaris los recibió con un cielo violeta lleno de auroras que danzaban entre las nubes.

Las torres de cristal emergían desde los lagos, y los ríos mágicos fluían suspendidos en el aire.

El suelo brillaba bajo sus pies, como si la tierra misma los reconociera.

Adara se quedó sin palabras.

—Es… hermoso.

—Y peligroso —añadió Bárbara, observando a las criaturas aladas que los vigilaban desde las alturas—.

Este reino no olvida fácilmente.

Elías asintió.

—Tiene razón.

Aquí, las alianzas cambian con el viento.

Azure sonrió con melancolía.

—Hace mucho tiempo, Lunaris estuvo gobernado por la oscuridad.

Pero el pueblo… aún guarda esperanza.

—¿A qué te refieres?

—preguntó Leila.

Bárbara respondió, su voz grave y serena.

—El rey actual no es un buen gobernante.

Solo le importa el poder.

Dice ser brujo, pero muchos aseguran haberlo visto transformarse en un lobo bajo la luna roja.

Nadie sabe qué es realmente.

El grupo guardó silencio mientras caminaban hacia la ciudad central.

Las calles de Lunaris estaban llenas de vida: brujos, vampiros y criaturas antiguas los observaban con atención.

Nadie recordaba haber visto a forasteros desde hacía siglos, y mucho menos a seres con energía tan pura.

Cuando vieron a Selen, su aura resplandeció.

Los símbolos de su piel comenzaron a brillar con un tono azul plateado, y los murmullos se extendieron entre la multitud.

—¿Viste eso?

—Es ella… —La elegida del eclipse… —La que controló el tiempo… Selen bajó la mirada, algo incómoda.

—Azure… ¿qué están diciendo?

Él la miró con una sonrisa tranquila.

—Que te reconocen, Selen.

Lunaris ha esperado tu regreso desde antes de que nacieras.

Desde antes de que derrotaras a Lucifer.

El aire se llenó de una energía diferente, profunda y antigua.

Las lunas gemelas brillaron más fuerte, y por un instante, todo el reino pareció inclinarse ante ella.

Selen dio un paso atrás, confundida por las miradas, por la reverencia espontánea del pueblo.

No lo sabía todavía… pero esa noche sería el inicio de una nueva era.

Las criaturas aladas aullaron al unísono, y el pueblo se arrodilló ante la luz de las lunas.

—¡Salve, Selene!

—clamaron voces entre la multitud—.

¡Selene de las lunas, la bruja que detuvo al tiempo, la creadora del nuevo linaje, la que viaja al pasado y vence a Lucifer una y otra vez!

—¿Qué… qué están diciendo?

—susurró Selene, confundida.

Franco sonrió, mirándola con ternura.

—El pueblo te ha elegido, Selene.

Están cansados de un rey viejo y corrompido.

Ven en ti una nueva luz.

Te temen… pero también te admiran.

Eres la primera Nidris.

Y para ellos… ya eres su reina.

El silencio cayó sobre la plaza.

Miles de ojos brillaban con esperanza.

Selene sintió un nudo en la garganta; el poder de todas las almas latía dentro de su pecho.

—Yo… no soy una reina —murmuró apenas.Azure dio un paso al frente, su mirada serena y humilde.

—A partir de hoy, sí lo eres.

Y Lunaris lo reconocerá.

El pueblo levantó sus varitas hacia el cielo.

Miles de luces se elevaron formando el símbolo de las lunas gemelas y una llama de plata sobre ellos.

Entre el resplandor, la voz de Azure resonó con fuerza: —¡Que las lunas sean testigo!

Hoy nace una nueva era.

¡Que Selene sea nuestra reina!

El resplandor cubrió el cielo.

La energía corrió por las calles como un río de magia viva.

Bárbara se acercó y tomó el brazo de Selene.

—Vamos todos —dijo con preocupación—.

Esto se está saliendo de control.

Aunque Selene sea una gran bruja… la estamos poniendo incómoda.

Podemos hablar de esto mañana.

Esa noche, el brillo de las lunas bañó Lunaris en una calma plateada.

Al amanecer, Azure despertó a Selene con una sonrisa.

—Selene, ¿tomarías el honor de ser la reina de Lunaris?

Selene lo miró, aún confundida.

En su mente solo estaba un pensamiento: acabar con Lucifer.

Sin embargo, su corazón habló primero.

—No sé si podré hacerlo bien… pero acepto.

Azure sonrió, y a su lado, Elías asintió con orgullo.

—Bien hecho, Selene.

—rió—.

Llevas más poder del que crees.

Horas después, el pueblo entero se reunió frente al antiguo trono del Palacio Lunar.

Aquel trono que antes ocupó un rey injusto ahora aguardaba vacío, envuelto en un aura azul.

Selene se colocó en el centro del círculo mágico, con Franco a su lado.

Bárbara observaba en silencio, mientras Elías —con su túnica oscura y el símbolo lunar en el pecho— se tomaba de la mano con Leila.

—Nunca pensé ver este día —dijo Bárbara con una sonrisa melancólica—.

Una humana que rompió los límites de la magia, que unió lo que estaba destinado a separarse… convirtiéndose en bruja sin saberlo.

Y ahora… mi querida amiga, mi reina.

Selene la miró emocionada.

—No solo fue mi magia —dijo con voz firme—.

Fue el valor de todos ustedes.

Sin mis amigos… no tendría esperanza.

Azure dio un paso al frente.

—El pueblo ha hablado.

Hoy termina la oscuridad del antiguo reino.

Hoy, las lunas bajan su mirada para dar inicio a una nueva era.

Franco tomó la mano de Selene, y juntos subieron los escalones hacia el trono de cristal de luna, reconstruido por magia pura.

Elías levantó su bastón, entonando un canto ancestral.

Bárbara, con sus colmillos visibles, derramó una gota de su sangre sobre el suelo brillante.

—Sangre, alma y fuego —declaró solemnemente—.

El pacto de los Nidris se renueva con pureza.

La luz envolvió a Selene.

Su cabello se tornó plateado, sus ojos reflejaron las lunas y el aire tembló.

En ese instante, Selene de las lunas fue coronada Reina de Lunaris, fundadora del nuevo linaje.

Y mientras los aplausos del pueblo llenaban el cielo, Franco susurró junto a ella: —Mi reina… nuestro destino apenas comienza.

El sol nunca salía en Lunaris, pero aquella mañana las lunas gemelas brillaban más que nunca.

En la gran plaza, los siete estaban reunidos: Selene, Franco, Azure, Leila, Elías, Bárbara y Adara.

El viento movía los estandartes de plata mientras el pueblo se reunía frente al palacio.

Selene llevaba un vestido de ensueño, tejido con hilos de luz lunar.

Su mirada era serena, pero dentro de ella latía la fuerza de mil almas.

Azure se acercó primero, inclinando la cabeza.

—Por el poder del portal y la lealtad de Lunaris… te reconozco, Selene, como nuestra reina.

Elías levantó su bastón.

—Por la magia que une la razón y el fuego, juro proteger tu reinado.

Leila tomó la mano de Selene y sonrió.

—Por la amistad que nunca se quiebra, juro cuidar tu corazón cuando la oscuridad intente tocarlo.

Bárbara avanzó con paso elegante, su mirada firme.

—Por la sangre inmortal que corre en mí, ofrezco mi fuerza y mi eternidad a tu causa.

Adara se inclinó, su varita temblando entre los dedos.

—Por los sueños y la fe en lo imposible, seré tu mano derecha, tu aliada y tu amiga.

Entonces, Franco dio un paso al frente.

Tomó la mano de Selene y la miró con ternura.

—Y yo, por el amor que trasciende mundos, juro ser tu guardián, tu igual… y tu rey.

El pueblo levantó sus varitas, y una lluvia de luz cubrió el cielo.Selene levantó su rostro, dejando que el brillo de las lunas bañara su piel.

—Por las lunas que nos guían —dijo con voz firme—, declaro el comienzo de una nueva era.

Hoy nace el linaje de los Nidris.

Hoy… renace Lunaris.

El viento sopló con fuerza, las lunas se unieron en un destello plateado, y así, Selene fue coronada Reina de Lunaris, rodeada por sus amigos, sus promesas y la magia eterna.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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