El despertar de selene - Capítulo 123
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- Capítulo 123 - 123 capítulo 123La luz e oscuridad
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123: capítulo 123:La luz e oscuridad 123: capítulo 123:La luz e oscuridad El amanecer al otro día apenas asomaba sobre los muros del palacio.
El aire estaba denso, cargado de un silencio inquietante.
Selene caminó junto a Franco hacia la gran sala del Consejo, donde las antorchas se encendían una a una, iluminando los rostros preocupados de los ministros.
El trono de Lunaris brillaba al fondo, cubierto por un velo plateado.
La reina tomó asiento con elegancia, aunque en su interior todavía temblaba por lo que había soñado.
—Que comience la sesión —ordenó Franco con voz firme.
Uno a uno, los ministros se pusieron de pie: el Ministro de Defensa, la de Magia, la de los Bosques Sagrados, y el Guardián del Tiempo.
Todos esperaban las palabras de su joven soberana.
Selene se levantó, y el murmullo cesó.
—He pedido que estén aquí porque algo grave está por suceder —dijo, con un tono sereno pero cargado de autoridad—.
Esta noche tuve una visión.
Lucifer ha regresado.
Algunos ministros se miraron entre sí, incrédulos.
—Majestad… ¿Lucifer?
—preguntó el Ministro de Magia—.
¿Está segura?
—Lo estoy —respondió ella sin dudar—.
Y no viene solo.
Hay alguien más.
Un nombre que nunca debió ser pronunciado: Pac-Man.
El Guardián del Tiempo golpeó su bastón contra el suelo.
—Ese nombre está prohibido en los registros del Lunaris desde hace siglos.
Si ha vuelto a escucharse… entonces el equilibrio está en peligro.
Franco intervino, cruzando los brazos.
—Necesitamos reforzar las fronteras del reino.
Nadie entra ni sale sin autorización real.
Y quiero a los vigías de la torre norte atentos a cualquier señal del inframundo.
Adara, que había sido llamada también al consejo, dio un paso adelante.
—Majestad, si Lucifer regresa con su seguidor, no lo hará en silencio.
Intentará corromper los sueños, o incluso los corazones.
Necesitamos protección espiritual, no solo militar.
El Ministro de Defensa asintió.
—Podemos activar el Escudo de Plata, aunque… —miró a Franco con preocupación— su uso requiere energía del Trono Lunar.
Y eso podría debilitar a la reina.
Selene lo pensó por un instante.
Luego, su voz resonó firme en la sala: —Entonces que se haga.
Prefiero arriesgar mi fuerza antes que ver Lunaris caer otra vez.
Franco la miró con admiración y miedo al mismo tiempo.
Era tan joven, pero hablaba con la fuerza de una reina de mil años.
—Así será —dijo él, finalmente—.
Que todos los ministros activen sus puestos.
Y que nadie olvide este día… el día en que el Consejo de Lunaris volvió a prepararse para la oscuridad.
Un silencio solemne envolvió la sala.
La luna, visible a través del techo de cristal, comenzó a teñirse de un leve rojo.
Como si el mismo cielo advirtiera lo que estaba por venir.
Luego de la sesión del Consejo, Selene caminó lentamente junto a Franco.
Sus manos entrelazadas eran lo único que la mantenía en pie.
Estaba agotada, tanto física como espiritualmente.
El silencio del pasillo los envolvía, y solo se escuchaba el eco suave de sus pasos.
Franco la miró con preocupación.
—¿Estás preocupada, verdad?
—preguntó con voz baja.
Selene asintió sin mirarlo.
—Lo estoy.
He vencido muchas cosas, Franco… pero no sé qué hará ese tal Pac-Man.
No quiero que dañe nuestra ciudad, ni a nuestro pueblo.
Ni a ti.
Franco se detuvo y tomó su rostro entre las manos.
—Yo también estoy preocupado, pero más por ti —dijo con ternura—.
No quiero que te debilites, ni que pierdas esa fuerza… ese poder que te hace única.
Selene sonrió apenas, con un brillo triste en los ojos.
—Gracias… —susurró—.
Pero no puedo evitarlo.
Siempre temo lo que viene después de una batalla.
El silencio… el precio de la victoria.
Franco acarició su cabello.
—No sé qué pasará, pero te juro que no dejaré que Lucifer nos venza otra vez.
Esta vez, lucharemos juntos.
—Franco… —dijo ella, bajando la mirada— necesitamos entender por qué volvió.
Qué lo trajo aquí después de tanto tiempo.
—Ya pensaremos en eso —respondió él con suavidad—.
Por ahora, no puedes seguir con esa carga encima.
No te acuestes con esa preocupación.
Vamos al jardín, a comer algo.
Te hará bien.
Selene respiró profundo, y por primera vez en toda la noche, sonrió de verdad.
—Sí, tienes razón.
Estoy tan preocupada por todo esto que ni siquiera he comido nada.
Franco le dio un beso en la frente.
—Entonces ven, mi reina.
Hoy, aunque el mundo tiemble, comeremos bajo la luna.
Selene lo miró con dulzura.
—Te amo, Franco.
—Y yo a ti, Selene.
Más de lo que imaginas.
Ambos salieron al jardín iluminado por faroles plateados.
La brisa era cálida, y por un instante, el peso del mundo pareció desvanecerse.
Pero en las sombras del bosque que rodeaba el palacio… algo los observaba.
Un susurro, apenas audible, rompió la calma: “Pac-Man…”Selene y Franco se sentaron bajo el rosal iluminado por el atardecer.
El silencio era suave, casi reconfortante.
Ella apoyó su cabeza en su hombro y murmuró: —Por un momento, quiero olvidar todo esto.
Franco sonrió.
—Entonces olvidemos, solo esta noche.
Comieron en calma, riendo entre suspiros.
Pero cuando el viento sopló, una de las flores cayó al suelo… y en uno de sus pétalos, se marcó un símbolo oscuro.
Selene lo miró fijamente.
Un círculo, y dentro de él… una pequeña sonrisa torcida.
Franco frunció el ceño.
—¿Qué es eso?
Selene sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
—Pac-Man —susurró.
Y el jardín volvió a quedar en silencio.
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