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El despertar de selene - Capítulo 124

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124: capítulo 124:¿Arienna?

124: capítulo 124:¿Arienna?

Luego de eso, Franco y Selene no tuvieron tiempo de ver qué había pasado con Pac-Man.

Apenas lograron reaccionar cuando un guardia llegó corriendo desde la entrada de la ciudad.

—Mis señores —dijo, respirando agitado—, necesito informarles lo que está ocurriendo en la calle.

Hay una chica… loca.

Y cuando digo loca, es loca de verdad.

Insiste en entrar a ver a la señora.

Selene, debe ir ahora mismo a lidiar con esa maniática.

Nos tiene los nervios de punta.

Dice que quiere hablar con los reyes, que tiene algo importante que decir.

Selene miró a Franco por un segundo, sin entender nada, y ambos echaron a correr hacia el jardín para ver qué estaba pasando y quién era aquella supuesta chica desquiciada.

Al llegar, la vieron: una joven de cabello ondulado y anaranjado, un poco despeinado, botas gastadas y un traje verde viejo y medio arruinado, aunque todavía le quedaba sorprendentemente bien.

Llevaba un arco colgado a la espalda y sostenía una flecha lista por si acaso.

Selene, en su mente, pensó: Wow… la chica es hermosa.

Y lo era.

Tenía una belleza intensa, casi salvaje, tan evidente que incluso Franco quedó sorprendido al verla.

Sin embargo, su actitud contrastaba con su apariencia.

Parecía tener una personalidad ruda, directa.

De inmediato habló, sin ceremonias: —Reina Selene.

Franco.

No me agrada verlos —dijo con frialdad—, pero por honor a mi padre, aceptaré hablar con ustedes.

Selene entrecerró los ojos, tratando de descifrar las intenciones de aquella chica.

Franco, en cambio, mantuvo la postura firme, aunque por dentro sabía que algo no estaba bien.

Nadie llegaba así, armada y altanera, solo para “hablar”.

La joven dio un paso al frente, clavando su mirada ámbar en ambos.

Tenía presencia.

Demasiada.

—Supongo que no me recuerdan —añadió con una media sonrisa arrogante—.

No los culpo.

Ustedes tienen demasiados súbditos como para fijarse en una simple hija de guerrero.

Selene frunció el ceño.

—¿Quién eres?

¿Y qué quieres de nosotros?

La chica inclinó la cabeza hacia un lado, como si la pregunta le pareciera tonta —Mi nombre es Arienna, hija del general Kael.

—Su voz se endureció—.

El hombre que murió por culpa de este reino.

Un silencio pesado cayó sobre el jardín.

Franco dio un paso adelante, intentando mantener la calma: —Tu padre murió en batalla contra los invasores del norte, no por nosotros.

Arienna soltó una risa amarga.

—Eso es lo que ustedes cuentan.

Pero yo conozco la verdad.

Y no vine a pedir justicia… vine a anunciar algo.

Clavó su flecha en la tierra frente a ellos, como un desafío.

—Les doy una semana.

Solo una.

Reúno mis tropas y vuelvo.

Declaro la guerra a este reino, a su corona y a cada nombre que lleven.

Sus ojos brillaron con una furia contenida.

—Y cuando regrese… no habrá piedad.

Se dio media vuelta con la misma rudeza con la que había llegado, dejando a Selene y a Franco en completo shock.

Selene apretó los puños y el aire a su alrededor comenzó a vibrar.

Una luz tenue, el inicio de sus poderes, empezó a rodearle las manos.

Estaba a segundos de atacar a Arienna por la espalda.

La furia le ardía en los ojos.

Pero Franco lo notó.

Rápido, tomó las manos de Selene y las bajó, susurrando con urgencia: —No, Selene.

No en este momento.

No por ahora… por favor.

—Franco… —ella casi gruñó, temblando de rabia.

—Primero debemos avisarle a Bárbara, azure , a Leila, a Adara y a Elías.

Vamos.

Selene tragó su enojo, aunque no dejó de mirar de reojo a la figura que se alejaba.

Arienna caminaba como si ya hubiese ganado.

Eso la hacía hervir aún más.

Pero finalmente se giró y siguió a Franco.

Cuando lograron reunir a todos, Selene se plantó al centro, con una expresión seria que pocas veces se le veía.

Su voz salió firme, sin temblar: —Esa chica… me ha declarado la guerra.

Todos se quedaron en silencio.

Bárbara abrió grande los ojos dejó caer lo que tenía en las manos.

Leila dio un paso atrás, incrédula.

Azure no parpadeaba.

Y Elías, el más calmado, frunció el ceño como si ya hubiese esperado algo así.

Selene continuó: —Y no solo a mí.

Dijo que todos debemos pelear.

Esta no será una guerra cualquiera.

Será una guerra directa, personal… y peligrosa.

—¿Pero qué es lo que quiere?

No lo entiendo —preguntó Azure, cruzándose de brazos.

Franco respiró hondo antes de responder: —Al parecer busca venganza porque su padre murió en una de nuestras guerras… pero ¿cómo íbamos a saber nosotros que él estaba allí?

¿No lo entienden?

— Bárbara alzó una ceja, indignada.

—Esa chica está loca.

¿Y loca por qué?

Porque yo sí estaría loca… pero loca con mis uñas, peleando, ¿entienden?

Y jamás por algo vengativo.

O sea, nada que ver.

No tiene sentido.

Azure agregó: —Yo también pienso eso… pero Selene, ¿no crees que deberías hablar con ella?

La guerra no creo que sea la respuesta a su dolor.

Si lo que quiere es venganza, hablar puede evitar esto.

Selene la miró, agotada.

—Sí, yo también pienso lo mismo.

Pero hay un punto que no están entendiendo: si ella gana… ella gobierna.

Se queda con todo.

Ese es mi miedo.

No la guerra… sino quién termine con el poder cuando el polvo se asiente.

Elías dio un paso adelante, con su calma habitual.

—Por supuesto que entendemos.

Pero hay algo más.

¿Cómo vamos a pelear?

Nosotros solo hemos luchado usando nuestros poderes.

Y ella quiere una guerra real… sangre a sangre.

Con espadas, con fuerza física.

Y lo único que nosotros dominamos son habilidades mágicas.

Hizo un gesto con las manos, como si intentara juntar las piezas de un rompecabezas imposible.

—No tiene lógica.

Es como si conociera nuestras debilidades.

El grupo quedó en silencio.

Preocupados.

Tensos.

Asustados.

Y por primera vez… Selene sintió que esta guerra no sería solo un enfrentamiento.

Sería una prueba.

Una que podría cambiarlo todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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