El despertar de selene - Capítulo 125
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- Capítulo 125 - 125 capítulo 125Entrenamiento de equipo
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125: capítulo 125:Entrenamiento de equipo 125: capítulo 125:Entrenamiento de equipo —Bien —dijo Elías, mirando a todos—.
Si vamos a enfrentarnos a esa semejante locura… ¿tenemos que aprender a pelear?
¿Peleas de verdad?
—Puede que tengas razón —respondió Franco—.
Y puede que también estés equivocado.
Hemos peleado antes, sí, pero… ¿de qué manera?
Hizo un gesto amplio con las manos.
—Magia.
Magia es lo nuestro.
Somos los mejores en eso.
Suspiró.
—Pero ahora… ahora ella quiere una guerra sin magia.
Ella no tiene magia.
Entonces, ¿qué hacemos?
Selene respiró profundo, tratando de mantener la calma.
—Ok… algo se me va a ocurrir.
Solo debo… pensar, ¿sí?
—cerró los ojos un instante—.
Franco, ¿por qué no llamas a Arienna esta tarde?
Necesito una conversación con ella.
Adara, que hasta ahora había estado callada, negó de inmediato.
—Selene, no creo que sea buena idea —dijo con preocupación—.
Esa chica es hija de guerreros.
Viene dura, viene con mentalidad de combate.
Tú viviste hace poco en el mundo humano… y sabes perfectamente cómo son allá: los hombres resuelven todo a golpes, a gritos, con violencia, con sangre.
Se cruzó de brazos.
—Te entregan un cuchillo y listo.
Y si no es cuchillo, es pistola, armas… ¿qué vamos a hacer si ella quiere ese tipo de pelea?
Piénsalo bien.
Todos quedaron en silencio mientras Selene procesaba las palabras.
Y por primera vez, entendió algo: No solo estaban en desventaja.
Estaban entrando a un tipo de guerra que ninguno de ellos sabía pelear.
El silencio en la sala se rompió cuando Adara chasqueó la lengua.
—Bueno, si vamos a meternos en una guerra sin magia… alguien tendrá que enseñarles a todos a pelear como humanos —dijo, estirando el cuello como si calentara antes de una pelea.
—¿Y quién sería ese “alguien”?
—preguntó Franco, cruzado de brazos.
Adara lo miró con una sonrisa de desafío.
—Obviamente yo.
Selene levantó una ceja.
—¿Tú?
¿Desde cuándo sabes pelear sin magia?
Adara se rió, como si la pregunta fuese absurda.
—Selene, viviste en el mundo humano.Sabes cómo son allá.
¿Crees que yo me quedaba sentadita tomando café?
Por favor.
Me metí en clases de defensa personal, boxeo, krav magá… —levantó los puños y dio un giro rápido—.
Y en uno que otro problema por ahí.
Aprendí lo suficiente para no morir.
Selene la miró un momento, evaluándola.
Luego sonrió.
—Perfecto.
Entonces tú me entrenarás a mí.
Todos abrieron los ojos.
—¿Tú?
—preguntó Azure —.
¿La reina entrenando a golpes?
Selene levantó la barbilla con orgullo.
—Si voy a pelear sin magia, debo ser la mejor.
No pienso dejar que una guerrera cualquiera venga a humillarme con una espada vieja.
Y si Adara es buena… entonces yo seré mejor.
Y punto.
Adara chasqueó los dedos, encantada.
—¡Eso, reina!
Me gusta esa actitud.
Pero te advierto algo… —se acercó a Selene, muy seria—: voy a entrenarte como si fueras una soldado, no una reina.
Nada de privilegios.
—Está bien —respondió Selene, sin miedo—.
Haz lo que tengas que hacer.
PRIMER DÍA DE ENTRENAMIENTO —¡Selene, dije golpe recto, no un abrazo a la nada!
—gritaba Adara.
—¡Adara, estoy intentando no romperte la cara con magia, tenme paciencia!
—respondía Selene entre jadeos.
—¡Pues intenta no romperte la tuya tampoco, que vas directo al piso!
PUM.
Selene terminó sentada en la arena del entrenamiento.
—…Me caí.
—No, reina, te tiré —respondió Adara, sonriendo de oreja a oreja—.
Y lo haré diez veces más hasta que aprendas.
Selene, despeinada y llena de arena, se levantó indignada.
—Estás disfrutando esto demasiado.
—Muchísimo… —respondió Adara sin vergüenza—.
Pero también quiero que ganes.
Así que dale.
Lo que nadie esperaba… era que Selene aprendía rápido.
Demasiado rápido.
Para el tercer día, le dio un golpe tan limpio a Adara que la dejó mirando al cielo.
—¿Qué… qué fue eso?
—preguntó Adara desde el piso.
Selene sonrió triunfal.
—Técnica humana de combate.
Como dijiste: golpes, gritos, violencia.
Aprendí de la mejor.
Adara se levantó riéndose.
—¡Sí, reina!
¡Así se hace!
Las demás, que miraban desde afuera, estaban entre sorprendidas y aterradas.
—Dios mío… —murmuró Leila —.
Si Selene pelea así ahora… Arienna está en problemas.
—En graves problemas —dijo Franco, con una mezcla de orgullo y preocupación.
Selene respiró hondo, empapada en sudor, pero con los ojos brillando.
—Voy a ser la mejor en esta guerra, con magia o sin ella.
—Miró a Adara—.
Y tú vas a estar conmigo en primera línea.
Adara sonrió, tocándose el golpe en la mandíbula.
—Obvio.
Vamos a patear traseros, tú y yo.
Y por primera vez desde que conocieron a Arienna… El grupo sintió esperanza.
El entrenamiento se volvió obligatorio para todos.
Si Arienna quería guerra sin magia, entonces el reino entero tendría que adaptarse.
Adara reunió a todos en el patio principal.
—Bueno, mis niños mágicos —dijo cruzándose de brazos—.
Hoy dejan de ser artistas de luces y se vuelven guerreros.
Así que, ¡a moverse!
Franco, Elías, Leila, Bárbara y Azure se miraron entre sí, no muy convencidos.
—Esto será horrible —murmuró Azure.
—Esto será épico —respondió Franco con una sonrisa confiada.
—Esto será doloroso —dijo Elías con seriedad… aunque en el fondo se veía emocionado.
PRIMERAS PRÁCTICAS Adara caminaba entre ellos corrigiendo posturas, posiciones, y cómo sostener un arma sin parecer que iban a lanzar una flor.
—¡Franco, brazos arriba!
—¡Elías, perfecto!
Sigue así.
—¡Leila, firme las piernas, te van a botar!
—¡Bárbara, eso no es un puñetazo, es un saludo!
—¡Azure, deja de gritar antes de pegar!
Primero pegas, después gritas.
Selene se mantenía al lado, observando y ayudando cuando podía.
A la media hora, todos estaban sudando, jadeando, y con alguna que otra queja.
—Adara… —gimió Bárbara desde el suelo— creo que me morí.
—Si hablaras menos, te cansarías menos —respondió Adara sin compasión.
—Me estás matando, Adara —agregó Azure.
—¿Y qué creen que hará Arienna?
¿Abrazarlos?
—dijo ella con las manos en la cintura.
Pasó un rato… y algo empezó a notarse claramente.
Elías aprendía como si ya hubiera nacido con entrenamiento.
Su postura era perfecta, sus golpes limpios, su equilibrio impecable.
—Elías… —dijo Adara impresionada— ¿tú hiciste artes marciales en el mundo humano o qué?
—Solo observaba mucho —respondió él calmado, aunque le brillaban los ojos.
Franco, por su parte, era fuerza pura.
Cada golpe suyo dejaba a todos con cejas levantadas.
—¡Dioses!
—exclamó Azure— si ese golpe me cae en la cara me mata.
—No es para matarte —se defendió Franco—, es para ganar.
Adara sonrió satisfecha.—Tienes buena fuerza, Franco… solo te falta técnica.
Pero si mezclas ambas… uff, Arienna va a necesitar un casco.
Y finalmente, Leila sorprendió a todos.
No tenía fuerza bruta, pero aprendía movimientos rápidos, precisos, ágiles.
Parecía bailar alrededor del oponente.
—Leila —dijo Selene orgullosa— eres rápida, muy rápida.
—Tal vez no pueda golpear fuerte —respondió ella—, pero sí puedo evitar que me golpeen.
Adara aplaudió.
—Eso, Leila.
Serás nuestra luchadora veloz.
Mientras tanto, Bárbara y Azure… Bueno.
Lo intentaban.
Bárbara tiraba manotazos como si peleara por la última oferta del mercado.
Azure gritaba antes de lanzar cada golpe, haciendo que todos supieran exactamente dónde iba a pegar.
—Ustedes dos… —dijo Adara frotándose la frente— son un peligro… pero para ustedes mismos.
Selene se rió.
—Tranquila, Adara.
Con práctica lo lograrán.
—Yo solo quiero no morir —dijo Azure.
—Y yo quiero un premio después —agregó Bárbara.
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