El despertar de selene - Capítulo 127
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127: capítulo 127:La marca del otro lado 127: capítulo 127:La marca del otro lado Luego de la conversación con Ariana, Selen sintió cómo todo a su alrededor se congelaba.
El aire se volvió denso, el cielo tomó un tono rojo como sangre y, de pronto, no había nadie.
Ni un guardia, ni un noble, ni una voz humana.
Nada.
Quiso moverse, hablar, mirar a su alrededor… pero su cuerpo no respondía.
Estaba completamente paralizada.
Entonces, el cielo se rasgó.
Un portal comenzó a abrirse sobre ella.
Al principio no creyó lo que veía: un círculo oscuro y tembloroso que se ensanchaba cada vez más, como si la realidad misma fuera una tela desgarrándose.
Selen no podía hacer nada.
Seguía inmóvil, muda, atrapada.
Y del portal, del enojo de algo mucho peor, salió él.
Primero apareció Pac-Man.
Pero detrás de él emergió una figura enorme, imposible de describir sin estremecerse.
Era una criatura hecha de carne viva, palpitante, como si cada músculo expuesto se retorciera por su cuenta.
Daba miedo.
Miedo real.
De ese que se siente en el estómago y en los huesos.
Selen sintió un temblor interno, pero aun así no podía mover ni un dedo.
La criatura avanzó.
Pac-Man también.
Y cuando quedaron frente a ella, Pac-Man sonrió con esa mueca burlona que le heló la sangre.
—Hola, Selen —dijo—.
¿Te gusta mi nuevo amigo?
Vino directamente del infierno para verte.
Serías tan hermosa si fueras una demonía hecha mujer.
Lástima que nunca servirás en nuestro tripo.
Selen cerró los ojos, esperando lo inevitable.
Pero pasó.
De un momento a otro, el sonido volvió.
El aire volvió.
El cielo recuperó su color normal.
No había portal.
No había criatura.
No estaba Pac-Man.
Todo parecía intacto, como si nada hubiera ocurrido.
Selen dio un paso atrás, mareada, y ahí estaban Franco y los demás.
—Selen, ¿qué pasa?
—preguntó Franco—.
¿Cómo te fue con Ariana?
—¿No vieron eso?
¿El portal?
—dijo ella, aún agitada.
—¿Qué portal?
—preguntó Elías, confundido.
—El portal que se acaba de abrir en el cielo —insistió Selen—.
¿No vieron eso?
—Selen, ¿de qué portal hablas?
—dijo Bárbara—.
Nosotros no vimos nada.
—Sí, Selen, no vimos nada —agregó Leila.
—Imposible —dijo ella, con los ojos muy abiertos—.
Salió Pac-Man… y una cosa hecha de carne.
No podía moverme.
Y ninguno de ustedes estaba acá.
El cielo se volvió rojo… ¿Cómo no lo vieron?
Adara se acercó con cautela.
—¿No habrá sido alguna visión?
Nosotros no vimos nada extraño.
Todo estuvo normal.
Ni una señal de demonios ni algo sobrenatural, ¿sabes?
—No, no, no —repitió Selen—.
Lo acabo de ver.
No puedo estar loca.
Azure le puso una mano en el hombro.
—Te creo.
No estás loca.
Pero de verdad… no vimos nada.
—Imposible —dijo Selene—.
Lo acabo de ver con mis ojos.
—No puede ser —respondió Bárbara, mirándola con incredulidad—.
Entonces… ¿quiénes eran?
Dime.
Creo que tengo una idea de qué fue lo que pasó y por qué nosotros no lo vimos.
Selene respiró hondo.
—Bueno… estaba Pac-Man.
Y… una cosa horrorosa hecha de carne.
—Mmm… interesante —murmuró Bárbara—.
Abrir un portal… ¡claro, lo tengo!
El portal viene del otro lado.
Es decir, si nosotros estamos en un mundo normal, de fantasía y afán, ellos vienen del otro lado: donde está Lucifer, todo lo demoníaco, todo lo que no debería cruzar.
¿Me entiendes?
Selene tragó saliva.
—Sí… pero ¿cómo abrieron un portal y llegaron hasta aquí?
—Eso es imposible —interrumpió Leila—.
¿Por qué vendría con esa cosa carnosa que dices, Selene?
Azure levantó la mano suavemente.
—Bueno… esto ya ha pasado antes, ¿saben?
—¿En serio?
—preguntó Franco, sorprendido.
—Pasó en los ochenta —respondió Azure—, con un grupo de amigos.
Pero no hablaremos de eso.
Es una historia delicada… y me encanta.
En fin… Selene, ¿qué era eso exactamente?
Esa “cosa de carne”… no logro explicarme cómo viste eso.
—Yo tampoco logro entender qué quiere Pac-Man ahora —dijo Selene, inquieta.
Entonces Elías frunció el ceño.
—Oigan… ¿ven lo mismo que yo?
Eso… eso parece una araña.
Pero cuatro veces más grande.
Todos giraron la cabeza hacia el otro lado del campo.
Y ahí estaba.
Una criatura gigantesca, retorcida, con ocho patas larguísimas, cada una más alta que las torres del castillo.
Su cuerpo era oscuro, cubierto de masas que parecían palpitar.
La bestia se movía con una lentitud aterradora, como si calculase cada paso antes de avanzar.
Un silencio absoluto se apoderó del grupo.
La cosa era tan enorme… que eclipsaba el mismísimo castillo detrás de ella.
La criatura gigantesca seguía inmóvil, sus ocho patas clavadas en la tierra como lanzas de sombra.
Pero sus ojos —o lo que parecían ser ojos— seguían fijos en Selene, como si la reconociera.
Selene sintió un pinchazo en la nuca.
Luego, el mundo se quebró.
Por apenas un parpadeo, el castillo desapareció.
El pasto, los árboles, los demás… todo se volvió gris, muerto, cubierto por una niebla negra.
Las ramas estaban secas, los muros del castillo parecían podridos, corroídos por hongos rojizos y raíces oscuras que latían como corazones.
El cielo era rojo, pero no como una puesta de sol.
Era un rojo enfermo, moviéndose como si respirara.
—Selene, ¿estás bien?
—preguntó Franco.
Pero su voz sonaba como si viniera de muy, muy lejos.
Ella abrió los ojos.
Todo volvió a la normalidad.
—¿Qué… qué fue eso?
—susurró.
Azure la miró con preocupación, como si ya entendiera algo.
—¿Qué viste?
Selene apretó los dientes.
—El Mundo del Revés.
Lo sé, aunque no debería.
Estaba todo… podrido.
Como muerto.
Y la criatura… estaba ahí también, pero más grande.
Mucho más grande.
Leila tragó saliva.
—¿Más grande que eso?
—Mucho —dijo Selene, temblando.
Bárbara la observó con intensidad.
—Selene, escucha.
Ese tipo de visión… no es normal.
No es magia, no es brujería, no es demoníaco.
Es algo distinto.
Cuando alguien ve el Otro Lado sin estar ahí… es porque una conexión se está formando.
Azure asintió.
—Exacto.
En Hawkins pasó lo mismo.
Will veía el Mundo del Revés aunque estuviera en su mundo.
Porque el Mind Flayer lo había “marcado”, lo había conectado mentalmente para vigilarlo, para buscarlo.
Selene sintió el corazón saltarle en el pecho.
—¿Estás diciendo que Pac-Man… o la criatura… me marcó?
—No lo sé —dijo Azure—.
Pero si viste el Otro Lado sin cruzar… es porque algo del Otro Lado te vio a ti.
Un viento helado sopló, pese a que el clima estaba normal.
La criatura alzó una de sus patas gigantes, como si estuviera oliendo el aire.
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