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El despertar de selene - Capítulo 129

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129: capitulo 129:La huida de selen 129: capitulo 129:La huida de selen Luego de aquel día, Selene comenzó a llenarse de pensamientos oscuros: ideas sobre cómo derrotaría a cualquiera que se interpusiera entre ella y su reina.

Pero, mientras dormía junto a Franco, intentaba obligarse a mantener la calma… a encontrar un poco de paz dentro del caos que habitaba en su mente.

A la mañana siguiente, un sonido la arrancó de ese frágil descanso.

Eran gritos.

Gritos enormes, agudos, desesperados… gritos que hablaban de traición.

Cada uno atravesaba las paredes como una herida abierta.

Instintivamente volteó para ver si Franco seguía a su lado.

No estaba.

El miedo clavó sus uñas en su pecho.

Selene se incorporó de golpe, casi tambaleándose, y corrió hacia el balcón.

Cuando lo cerró detrás de ella, lo vio todo con claridad: los guardias peleaban entre sí, el caos dominaba la entrada del castillo… y, en medio de todo, Ariana estaba allí, mirándola directamente con una sonrisa llena de venganza.

—¡Selene será destruida!

—gritó Ariana, elevando la voz por encima de la batalla—.

¡No quedará otro reino aquí más que la venganza y la justicia de este pueblo!

¡Prepárense todos, porque la guerra apenas comienza!

La sangre de Selene se heló.

Se llevó las manos a la boca, ahogando un grito.

Algo en ella se rompió.

Desesperada, corrió hacia el interior del castillo.

Encontró a Barbara en el pasillo, de espaldas, pero cuando esta se dio vuelta, Selene sintió que el mundo se le encogía.

—Selene… Qué bien que te encontré —dijo Ariana con una voz extraña, casi temblorosa—.

Estoy muy agitada.

Siento… demasiado.

Necesito una imagen para pensar, pero esa maldita Ariana… no sé qué hizo.

Me dejó agotada usome mis poderes para que no atacara es como que me los hubiera quitado .

Y no puedo… La voz se le quebró.

—Tranquila, Bárbara… tranquila —dijo Selene, tomándole los hombros—.

Pero dime, ¿qué rayos le pasa hoy a Ariana?

¿Por qué está atacando a todos con su espada?

¿Por qué les está sacando sangre a los guardias?

Bárbara tembló ligeramente.

—No lo sé, Selene.

Te juro que no lo sé.

Solo estaba caminando cuando comenzó todo.

Una guerra afuera, en plena calle.

Ariana estaba asesinando a los guardias, uno tras otro.

Y luego entró con su pandilla… y empezó a atacar el castillo.

Selene apretó los dientes.

—Intenté usar mis poderes —continuó Bárbara—, pero no sé qué me hizo.

Sentí como si… me drenara.

Como si hubiera absorbido mi energía.

Me dejó agotada, sin poder mover casi nada.

Y no sé dónde están Azure, Lila, Leila… o Franco.

Solo vi a Azure intentando que Ariana no cruzara la barrera.

Espero que no haya usado un cuchillo.

Espero que no haya herido a Azure… Selene respiró hondo para no perder el control.

—Está bien, escucha.

Ve al sótano.

Al que está más abajo —ordenó—.

Usa la poca magia que te quede para cerrar la puerta desde adentro.

Si ves a los demás, déjalos entrar.

Pero no salgas por nada del mundo.

Bárbara asintió, agotada.

—¿Y tú qué harás?

—Voy a buscar a los demás —dijo Selene, mirando hacia el pasillo oscuro—.

Esto tiene que detenerse.

No podemos dejar que Ariana siga matando gente.

Cuando Selene dejó a Bárbara escondiéndose en el sótano, salió corriendo por el pasillo.

El aire estaba cargado de polvo, gritos y un ruido metálico que hacía vibrar las paredes.

No tuvo que avanzar mucho antes de verlo.

Elías estaba tirado en el suelo.

Tenía una herida leve en el brazo, pero la sangre caía lenta y constante, empapando la tela rota.

—¡Dios mío, Elías!

—exclamó Selene, arrodillándose a su lado—.

¿Qué te pasó?

Elías levantó la mirada.

Estaba pálido, respirando con dificultad.

—Selene… —dijo con la voz temblorosa—.

Tienes que irte de aquí.

Huir.

Por favor.

Vete.

No sé… al pasado, al futuro… a cualquier lugar.

Pero sal de este mundo.

Selene sintió que el corazón le caía al estómago.

—¿Qué?

No comprendo.

¿Por qué?

¿Qué está pasando?

Elías la tomó del brazo con más fuerza de laque parecía tener.

—Solo vete —insistió—.

Mira… Con la otra mano sacó un collar que llevaba escondido contra su pecho.

Era antiguo, de metal opaco, con una pequeña figura de una virgen sosteniendo a un niño.

—Este collar es mágico —explicó—.

Para cualquiera parece un collar religioso normal.

Pero cuando se conecta con un individuo especial… —la miró directamente a los ojos— aparece contigo en cualquier mundo al que vayas.

Te abrirá un portal para regresar aquí… o para ir a otro lugar seguro.

Tú decides.

Selene sintió que se le quebraba la voz.

—Elías… —lagrimeó—.

¿Qué está pasando?

¿Dónde están Franco?

¿Azure?

¡¿Leyla?!

Elías cerró los ojos un segundo, como si decirlo fuera demasiado doloroso.

—Ariana viene —susurró—.

Ariana viene con Lucifer en el límite del castillo.

Quieren tomar este mundo… y lo van a lograr si te encuentran.

Franco está peleando para darte tiempo.

Todos lo estamos haciendo.

Pero no podemos contigo… no podemos protegerte ahora.

Selene empezó a negar con la cabeza, desesperada.

—No… no, no, no… —Selene, escúchame —dijo Elías, con un hilo de voz—.

Vienen a matarte.

Quieren usar tu legado… tus poderes.

Por eso —apretó el collar en su mano y se lo puso a Selene— tienes que irte.

Ahora.

El pasillo tembló.

Un rugido se escuchó a la distancia.

La sombra de algo inmenso cruzó la pared.

Y Selene entendió que no tenía más tiempo.

—Por favor, Selene… —susurró Elías, apenas sosteniéndose sentado—.

No olvides tu reino.

Aquí todos te apoyan.

Todo tu pueblo.

Eres una buena chica… eres mi amiga.

Selene sintió que el pecho se le apretaba.

Elías buscó algo dentro de su chaqueta y sacó un cuaderno pequeño, cubierto con símbolos que parecían vibrar débilmente.

—Toma este libro —dijo entregándoselo—.

Es pequeño, fácil de esconder.

Podré enviarte mensajes a través de él, mensajes mágicos… instrucciones, advertencias, lo que necesites.

Y si yo ya no estoy en esta vida… alguien más lo hará por mí.

Nunca estarás sola, Selene.

Ella lo tomó con manos temblorosas.

—Cuando sea el momento, yo te avisaré —continuó Elías—.

Y entonces pondrás el collar dentro del libro.

Los dos juntos te permitirán regresar.

Pero ahora… —lo miró con dolor— tienes que irte.

No puedes quedarte aquí.

Selene se ahogó en sus propias lágrimas.—Está bien… —susurró—.

Está bien, Elías.

Ahora me voy.

Nos vemos… si es que sigues con vida.

Él sonrió débilmente, como si esa última frase le doliera pero también lo llenara de orgullo.

—Es hora.

Selene se puso de pie, apretando el libro y el collar contra su pecho.

Elías alzó su mano buena y comenzó a recitar palabras antiguas, tan poderosas que hicieron vibrar las paredes.

—El tiempo aquí ya no funciona… Llévala al destino que le ha tocado.

El mundo importante ya no está aquí… Al mundo que la reciba… que en él sea feliz.

La magia explotó en un resplandor dorado que llenó el pasillo.

El aire se abrió como una tela rasgada.

Todo resonó como si el castillo entero estuviera respirando.

Selene dio un último vistazo atrás.

Y se dejó llevar hacia otro mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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