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El despertar de selene - Capítulo 134

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134: capitulo 134:Entre dos mundos 134: capitulo 134:Entre dos mundos Yo estaba pensando en un nuevo nombre para ti, ya que pronto vivirás en Estambul —dijo el príncipe Murat mientras la observaba con atención—.

Deberías considerarlo.

No sería común tener un nombre como Iris en el harén, ya que en nuestra lengua todos los nombres tienen un significado.

Selene pensó con rapidez y respondió: —¿Por qué no me llamas, desde ahora y para todos, Selene?

El príncipe Murat frunció ligeramente el ceño.

—¿Selene?

—¡Claro!

—insistió ella con suavidad—.

He investigado que, en su lengua, significa luz de la luna.

Es hermoso y significativo.

¿Qué le parece?

Murat sonrió, complacido.

—Sí… suena muy lindo.

Desde ahora serás Selene.

Bonito nombre.

Selene bajó la mirada, ocultando una sonrisa tímida, justo antes de decir algo más.

Sin embargo, la puerta se abrió de golpe.

Safiye entró apresurada a los aposentos del príncipe, respirando con molestia.

—¿Dónde habías estado, Murat?

Te estuve esperando en el jardín.

Dijiste que íbamos a encontrarnos a la misma hora de siempre… —Su voz se detuvo al ver a Selene—.

¿Y qué hace esta egipcia en tu aposento?

Murat frunció el ceño.

—¡Cálmate, Safiye!

Yo soy el príncipe y sé lo que hago.

Solo estaba conversando amigablemente con Selene.

—¿Selene?

—repitió Safiye con incredulidad—.

¿Acaso no se llamaba Iris?

¡Esta egipcia inventa!

Selene dio un paso adelante, sin perder la compostura.

—Ahora el príncipe me ha dado un nuevo nombre —dijo con una tranquilidad que solo enfureció más a Safiye—.

Selene… luz de luna.

El rostro de Safiye se tornó rojo de rabia, pero antes de que pudiera replicar, Murat levantó la voz con firmeza.

—¡Te has sobrepasado, Safiye!

Eres mi concubina favorita, sí, pero no permitiré que le faltes el respeto.

Ella es egipcia, correcto… pero ha prometido unirse a nuestra religión, el Islam.

Si la ofendes otra vez, te arrepentirás.

La habitación quedó en silencio.

Safiye apenas contenía su ira.

Selene, en cambio estaba relajada había sido en el paso sultana y ahora lo haría denuevo .

Luego de aquello, Selene se inclinó con respeto ante Murat.

—Príncipe… creo que es mejor que los deje a solas, en conversación de pareja.

Me retiro; estoy cansada por el viaje.

Ha sido un gusto verlo.

Antes de irse, lanzó una última mirada a Safiye.

Caminó hacia la salida y, al pasar junto a ella, le dio un leve empujón disimulado.

Safiye abrió los ojos con furia, pero Selene simplemente sonrió y salió por la puerta.

Apenas esta se cerró, escuchó los primeros gritos ahogados de Safiye y la voz firme del príncipe Murat retándola.

Selene sonrió para sí misma.

Perfecto… ahora tengo otra rival.

Pero no había tiempo para pensar en eso.

Ahora era la hora de descubrir qué estaba ocurriendo en Lunaris.

Se dirigió rápidamente a los jardines del palacio.

Eran amplios y oscuros; a esa hora, los guardias descansaban y las concubinas dormían.

Aprovechó el silencio.

Se arrodilló bajo un árbol y sacó de sus ropas el collar de la Virgen y Jesús.

Luego tomó el libro que Elías, el pequeño, le había entregado.

Sabía exactamente lo que debía hacer.

Había una superficie de piedra, semicircular, con un espacio tallado con la forma exacta del collar.

Lo colocó allí con delicadeza.

De inmediato, una luz blanca abrió el libro como si fuera respirando.

Las páginas estaban en blanco, excepto por una frase que brilló frente a ella: “Habla, y el libro te contestará.

Te mostrará rostros e imágenes.” Selene inhaló profundo.

—Muéstrame qué ha pasado en Lunaris —dijo con voz firme—.

Muéstrame la guerra.

El libro se abrió nuevamente, liberando un resplandor que iluminó todo el jardín.

Las imágenes comenzaron a tomar forma.

Vio personas heridas, calles destruidas, humo en el aire.

Luego, Ariana apareció en un balcón, con una corona sobre su cabeza.

Franco luchaba con una magia más poderosa que nunca.

Bárbara estaba escondida en un rincón oscuro, temblando.

Leila yacía desmayada.

ADara, en cambio, luchaba con todas sus fuerzas, su magia desbordándose en destellos.

Pero… Selene buscó desesperada entre las visiones.

Elias no aparecía.

Y el corazón se le heló.

En medio de las imágenes caóticas, Selene finalmente lo vio.

Elías.

Estaba vivo, arrodillado junto a Leila, cuidándola con una manta y dándole agua.

Selene sintió un pequeño alivio en el pecho.

Al menos él está bien… Otra visión apareció: Azure corriendo entre heridos, usando sus manos para sanar como podía a los que Ariana había dejado malheridos.

La desesperación reinaba en cada rincón del reino.

Selene tragó saliva y habló con firmeza: —Necesito hablar con Franco.

El libro brilló.

Las páginas se movieron solas como un torbellino, y de pronto, el rostro de Franco apareció.

Estaba sentado, descansando unos minutos entre batallas, con el rostro agotado y la ropa manchada de ceniza.

Frente a él, un espejo surgió desde la nada, reflejando la imagen de Selene.

Franco se levantó sobresaltado al ver cómo el reflejo cobraba vida.

—¡¿Pero qué…?!

—exclamó.

El reflejo habló, suave pero firme: —Franco… soy yo.

Franco dio un paso atrás, atónito.

—S-Selene… ¿cómo es que estás en un espejo hablándome?

¿Dónde estás?

¿Estás bien?

Selene respiró hondo.

—Sí, estoy bien.

Al parecer el collar me transportó al pasado.

Franco parpadeó varias veces.

—¿Nuevamente al pasado?

—Ajá —respondió Selene con un suspiro cansado—.

Estoy en el Imperio Otomano… otra vez.

Parece que este collar nunca se cansa de llevarme ahí.

Y en esta época soy egipcia, pero estoy trazando una alianza entre Egipto y Turquía.

Impresionante, lo sé.

No entiendo cómo pasó, pero… este es el único mundo donde Lucifer, Lilith, Ariana o cualquier aliado suyo no puede tocarme.

Selene bajó la mirada.

—Tengo que reunir fuerzas, crear un plan… y esperar a que la batalla allá esté más calmada.

Franco apretó los puños, temblando.

—Selene… estoy muy preocupado por ti.

Ariana ya tomó el poder como reina.

Sigue matando a quienes te apoyan.

Cuando vuelvas… puede que ya no quede nadie.

Solo quedarán los aliados de esa estúpida.

Selene sintió un nudo en la garganta.

Sus ojos se humedecieron.

—Lo sé… pero sobrevivan.

Eso es lo importante.

Franco, por favor… cuida a Adara y a Leila.

Leila no tiene poder, ni siquiera sabe usar su magia.

Ella solo vino del pasado… y Adara recién está empezando a ser una nigris.

Protégelas.

Protégelas a toda costa.

Franco respiró profundo, intentando contener la rabia y el miedo.

—No te preocupes, Selene.

Lo haré.

Te lo juro por el reino, por Lunaris… y por ti.

El reflejo sonrió con tristeza.

—No olvides que te amo mucho.

—Y yo a ti —respondió Franco, con voz quebrada.

El espejo comenzó a temblar, como si la conexión estuviera por romperse.

Selene extendió una mano hacia él, aunque sabía que no podía tocarlo.

—Resiste… aguanta un poco más —susurró—.

Volveré.

Te lo prometo.

La luz se desvaneció, y el jardín quedó en silencio absoluto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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