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El despertar de selene - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 capítulo 14algo habita en el bosque
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14: capítulo 14:algo habita en el bosque 14: capítulo 14:algo habita en el bosque Después de lo ocurrido, Selene apenas podía comprender lo que había vivido.

Sabía, desde lo más profundo de su ser, que era una bruja… pero jamás había usado sus poderes.

De hecho, ni siquiera sabía cómo hacerlo.

Su madre, Madea, nunca le enseñó.

Era como si todo lo mágico dentro de ella estuviera dormido, sellado bajo llave por miedo, por protección… o por algo más oscuro.

La madrugada aún teñía el cielo de un azul profundo cuando se incorporó.

Su respiración era agitada, su pecho subía y bajaba con rapidez, y sus manos temblaban levemente, como si todavía cargaran con los restos de una energía que no entendía.

Miró a su alrededor.

El bosque, que antes conocía como un lugar tranquilo, ahora parecía haber cambiado.

Las sombras se alargaban con intenciones siniestras.

Y lo más perturbador: no estaba sola.

Selene sentía claramente presencias a su alrededor.

No podía verlas, pero las percibía… como susurros entre los árboles, como miradas invisibles clavadas en su espalda.

Una opresión sutil pero constante le erizaba la piel.

Sin pensarlo dos veces, giró sobre sus talones y comenzó a correr.

Las ramas crujían a su paso, y las hojas secas parecían gritar bajo sus pies.

No miró atrás.

No quería confirmar que aquello que sentía realmente estuviera allí.

Solo quería escapar… por ahora.

Mientras corría, el aire se volvía más espeso, casi irrespirable, como si el bosque no quisiera dejarla ir.

Las ramas parecían extenderse como garras, arañando su piel, enredándose en su cabello, reteniéndola con una malicia silenciosa.

El suelo temblaba bajo sus pies, como si algo en lo profundo de la tierra se hubiera despertado.

—¿Qué está pasando?

—susurró Selene, apenas con voz.

Una ráfaga helada le acarició el cuello.

No era viento…

era algo más.

Algo que respiraba junto a ella.

Se detuvo en seco.

El silencio era total.

Ni insectos, ni hojas moviéndose, ni aves nocturnas.

Solo su propia respiración temblorosa y…

pasos.

Sí, pasos.

Pero no eran como los de un animal o una persona.

Eran lentos, arrastrados, como si algo caminara con pies que no pertenecían a este mundo.

Provenían de su derecha.

Luego, de su izquierda.

Luego…

de todas partes.

Selene retrocedió, tropezó con una raíz y cayó de espaldas.

El cielo, cubierto de ramas retorcidas, parecía observarla como un gran ojo oscuro.

Quiso gritar, pero su voz murió en su garganta.

Justo entonces, lo sintió: una presencia frente a ella.

No podía verla, pero el aire se volvió tan frío que sus labios comenzaron a entumecerse.

Una voz surgió de la nada, tenue, arrastrada, casi como un susurro que nacía desde dentro de su cabeza: —Ya no puedes huir, hija de Madea…

Los ojos de Selene se abrieron con pánico.

Esa voz…

no era humana.

Sonaba como si mil almas rotas hablaran al mismo tiempo.

Y sin comprender cómo, su cuerpo reaccionó.

Una energía caliente brotó desde su pecho hacia sus manos.

Sus dedos comenzaron a brillar levemente, como si una luz dormida despertara.

Pero era inestable, torpe, y el miedo la hacía temblar más.

—¡Aléjate de mí!

—gritó con todas sus fuerzas, y un destello salió disparado hacia la oscuridad.

Un grito inhumano, espeso y gorgoteante, rompió la noche.

El aire se agitó.

El bosque pareció respirar.

Selene aprovechó el instante y corrió, sin mirar atrás.

Aunque sabía que aquello no había terminado.

Que lo que habitaba el bosque la había estado esperando.

El bosque rugía.

No con sonido, sino con una vibración profunda que se colaba por los huesos.

Las sombras a su alrededor ya no se escondían: se acercaban.

Una figura oscura emergía entre los árboles, alta, distorsionada, como hecha de humo y odio.

Tenía forma humana… pero no era humana.

Selene se detuvo en seco, jadeando.

Ya no podía huir más.

Las piernas no le respondían.

La criatura alzó una mano amorfa y extendió dedos largos como ramas muertas.

Fue entonces que algo dentro de Selene se rompió…

o despertó.

Una chispa recorrió su columna vertebral.

Sus ojos se volvieron completamente blancos por un instante, y el viento estalló a su alrededor.

El suelo tembló.

Las hojas volaron.

Y en un parpadeo, su cuerpo comenzó a elevarse por el aire, como si la gravedad dejara de reconocerla.

No lo entendía, pero tampoco lo cuestionó.

Una fuerza ancestral la guiaba.

Estiró las manos hacia el ente oscuro, y de sus palmas brotaron lenguas de fuego azul, tan intensas que el bosque mismo pareció alejarse del calor.

La criatura rugió.

Pero Selene no se detuvo.

Movía sus manos como si ya supiera cómo hacerlo.

Como si alguien más —o algo más— las moviera por ella.

La bestia se lanzó hacia ella, atravesando la niebla con furia.

Pero Selene giró en el aire con elegancia salvaje, y con un movimiento brusco, lanzó una ráfaga de energía que partió los árboles a su paso.

El ente gritó, pero no como un ser que siente dolor… sino como una entidad que entiende que ha sido vencida por algo que no debería existir.

El cuerpo de la criatura se deshizo en un torbellino de humo y cenizas que se dispersaron entre las sombras.

Selene flotó unos segundos más.

El fuego en sus manos se extinguió lentamente.

Sus ojos volvieron a la normalidad.

Y su cuerpo descendió suavemente hasta tocar el suelo cubierto de hojas.

Todo quedó en silencio.

Respiró hondo.

Aún temblaba.

Aún no sabía qué había hecho.

No comprendía cómo ni por qué… pero lo había hecho.

Se dio media vuelta y, sin mirar atrás, caminó fuera del bosque.

Sus pasos eran tranquilos, como si acabara de despertar de un mal sueño.

Al llegar a casa, se quitó los zapatos, subió las escaleras y entró a su habitación.

Su madre seguía dormida.

Nadie había notado su ausencia.

Se recostó en la cama, mirando al techo.

Solo una idea cruzaba su mente: Esto… apenas comienza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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