El despertar de selene - Capítulo 16
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16: capítulo 16:la advertencia 16: capítulo 16:la advertencia Ella seguía pensando en lo ocurrido, dándole vueltas una y otra vez en su mente.
Pero finalmente decidió detenerse.
No quería obsesionarse más.
Ya era suficiente.
En vez de volver a casa como lo haría cualquier otro día, tomó una decisión distinta.
Sintió un impulso extraño, como si algo la guiara.
Quiso regresar al bosque.
Tenía la necesidad de averiguar qué estaba ocurriendo realmente en ese lugar.
Tal vez así dejaría de pensar en Felipe, al menos por un momento.
El aire era más frío que antes.
Las hojas crujían bajo sus pies mientras caminaba lentamente por el mismo sendero que ya conocía, aunque esta vez…
todo se sentía diferente.
En cuanto entró al bosque, lo notó: pequeñas manchas de sangre marcaban el suelo, como si alguien hubiera intentado limpiarlas, sin éxito.
El cartel oxidado que decía “Cuidado con los monstruos” ya no estaba.
Un escalofrío recorrió su espalda.
—¿Quién lo habrá quitado?
—susurró, con la voz apenas audible, como si temiera que algo o alguien pudiera escucharla.
El silencio del bosque le respondió con un viento helado que le erizó la piel.
Perfecto, aquí continúa la historia con su escape, lleno de tensión, miedo y un final inquietante que deja al lector con escalofríos: — Capítulo: La advertencia El papel temblaba en sus manos.
Las palabras borrosas parecían arderle en los ojos: “Ya es tarde para mí.
Vuelve antes de que oscurezca.” No lo pensó dos veces.
Corrió.
Las ramas le arañaban la piel mientras huía, y el bosque, antes silencioso, ahora parecía vivo.
Cada paso resonaba como un eco entre árboles que parecían cerrar el paso.
Las manchas de sangre estaban por todos lados.
El mismo camino por el que había llegado, ahora no estaba tan claro.
Detrás de ella, el crujido volvió a sonar.
Y otro más.
Pasos.
No estaba sola.
O peor aún: lo que fuera que la seguía ya no se escondía.
—¡Déjame en paz!
—gritó sin mirar atrás, con lágrimas de miedo en los ojos.
El viento trajo una risa lejana, una voz gutural, como si el bosque se burlara de ella.
Una sombra cruzó a su lado tan rápido que no alcanzó a verla con claridad.
Solo sintió el frío.
Un frío que no era del aire.
Tropezó, cayó, se raspó las manos.
Pero no paró.
Se levantó como pudo y siguió corriendo.
Hasta que, de pronto, vio la salida.
Un rayo de luz entre los árboles.
Su corazón latía como un tambor mientras atravesaba los últimos metros.
Y salió.
Cayó de rodillas fuera del bosque, respirando con dificultad, el pecho a punto de estallar.
El silencio la envolvió otra vez, pero era un silencio distinto.
Estaba a salvo.
O al menos eso creyó.
Al mirar su mano, aún apretaba el papel… pero ahora tenía otra línea escrita “Te veremos pronto” Aún temblando, se puso de pie.
Su respiración era agitada, su ropa sucia, y las rodillas le dolían por la caída.
Pero lo había logrado: había salido del bosque.
Miró una última vez hacia los árboles.
El viento agitaba las ramas suavemente, como si nada hubiera pasado.
Como si el bosque no guardara ningún secreto oscuro.
Pero ella sabía la verdad.
Guardó el papel en el bolsillo, apretándolo con fuerza.
“Te veremos pronto.” Esas palabras no dejaban de dar vueltas en su cabeza.
Caminó rápido, casi corriendo, por las calles vacías del atardecer.
Cada sombra le parecía sospechosa, cada sonido un posible susurro.
Pero no volvió la vista atrás.
No se atrevió.
Cuando llegó a su casa, abrió la puerta sin saludar.
Subió las escaleras, cerró su habitación con llave y se sentó en la cama, aún sin poder creer todo lo que había pasado.
Apoyó la cabeza en sus rodillas, respirando hondo.
Quería pensar que estaba a salvo.
Que todo había terminado.
Pero cuando levantó la vista, el papel no estaba en su bolsillo.
Estaba sobre su escritorio.
Y ahora decía otra cosa: “Ya estás marcada” Algo le decía que ya había pasado esto.
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