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El despertar de selene - Capítulo 18

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18: capítulo 18:un giro..

y otra época 18: capítulo 18:un giro..

y otra época Las clases continuaron de forma extrañamente normal.

Claro, no había paz completa…

no con el estúpido Benjamín cerca.

Aun así, lo bueno era que Selene no hablaba tanto con Excelentes —aunque, bueno, cada cinco minutos él se daba vuelta para mirarla—, pero en general, todo iba bien.

Hasta que llegó la hora de la salida.

Selene decidió regresar caminando a casa, como la última vez, ya que sus padres se habían ido nuevamente al supermercado.

No le dio mayor importancia.

El aire estaba fresco y el camino conocido, así que simplemente comenzó a andar.

Su barrio, normalmente silencioso, esta vez parecía aún más vacío.

Tan desierto, que podía oír el sonido de sus propios pasos resonando sobre la acera.

El viento soplaba suave, acariciando las hojas de los árboles, hasta que, de pronto… todo se detuvo.

El aire se congeló.

Selene sintió cómo el ambiente cambiaba repentinamente.

Levantó la vista con el ceño fruncido, y fue entonces cuando lo vio.

Un objeto flotaba en el cielo, girando lentamente.

Era un collar… o algo que se le parecía.

Dorado, brillante, flotando como si no existiera la gravedad.

Selene parpadeó, sin entender si lo que veía era real o fruto de su imaginación.

El viento había dejado de soplar, como si el mundo contuviera el aliento.

El collar descendió.

Giró una última vez en el aire, como bailando frente a ella, y luego cayó justo a sus pies.

Selene se agachó con cautela.

El objeto tenía un diseño inusual: una especie de reloj de arena encerrado en un círculo dorado, como si marcara el tiempo de otra realidad.

Un escalofrío recorrió su espalda.

—¿Cómo es posible que algo así…

vuele por el aire?

—susurró.

Nadie respondió.

Estaba sola.

Solo ella y el collar caído del cielo.

Y algo le decía que ese objeto no era de este mundo.

Selene recogió el collar con cuidado, como si temiera romperlo con solo tocarlo.

Lo observó detenidamente.

Tenía una forma conocida, aunque no lograba identificarla con claridad.

Se parecía mucho a un giratiempo, como los que había visto en libros de fantasía y en ilustraciones antiguas.

No recordaba exactamente dónde, pero lo reconocía… de alguna parte.

Lo más curioso era la arena dentro del reloj: era rosada.

No dorada, ni blanca, ni gris.

Rosada, como si el tiempo mismo tuviera un tinte mágico.

Sin pensarlo demasiado, se lo puso al cuello.

Sintió el frío del metal contra su piel, y con un impulso repentino —tal vez por simple juego, tal vez por curiosidad—, giró el collar con suavidad, solo para ver qué hacía.

Entonces, el mundo se congeló.

Todo se volvió estático, como si alguien hubiera pausado la realidad.

Un zumbido extraño llenó sus oídos, y un destello cegador, como un super flash, la envolvió.

Cuando volvió a parpadear…

ya no estaba allí.

No estaba en su barrio.

Frente a ella, las calles eran de piedra, los edificios altos y antiguos.

Las personas caminaban en silencio, con porte elegante.

Las mujeres llevaban vestidos largos y vaporosos, algunos con corsés ajustados, otros con bordados dorados.

Algunas incluso llevaban coronas pequeñas o diademas.

Los hombres iban vestidos con trajes de época, botas altas y capas.

Nadie usaba celulares, ni mochilas, ni audífonos.

No había autos.

Ni cables.

Ni ruido.

Selene miró a su alrededor, atónita.

El aire olía diferente, como a flores y madera húmeda.

No entendía qué estaba ocurriendo.

—¿Acaso… este collar me llevó al pasado?

—susurró para sí, temblando ligeramente.

Dio un paso hacia un lado, con cuidado, como si temiera romper ese nuevo mundo.

Nadie parecía notarla.

Las personas estaban ocupadas en sus asuntos, caminando con calma, cargando cestas de frutas, conversando en voz baja, riendo entre ellas.

—¿Qué es esto tan extraño?

¿Por qué las mujeres se visten así?

—preguntó en voz baja, sintiendo que su corazón se aceleraba—.

¿En dónde estoy?

Pero nadie respondió.

Así que Selene solo se quedó allí, inmóvil, observando a las mujeres que pasaban, a los hombres que la ignoraban, a los edificios majestuosos y a los caballos que tiraban de elegantes carruajes.

Y supo, en ese momento, que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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