El despertar de selene - Capítulo 19
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19: capítulo 19:el lado oscuro 19: capítulo 19:el lado oscuro En medio de un giro tan extraño, Selene no entendía lo que estaba ocurriendo.
Todo parecía fuera de lugar, y su mente daba vueltas intentando encontrar una explicación lógica.
Caminó sin rumbo fijo hasta toparse con un almacén antiguo.
Su fachada era vieja, con la pintura desgastada y las ventanas cubiertas de polvo.
Aun así, no dudó ni un segundo en entrar.
—¿Tiene algún teléfono que me preste?
—preguntó con ansiedad al vendedor—.
Necesito saber a dónde me fui.
El hombre frunció el ceño y, con un tono desconcertado, respondió: —Ese es su teléfono, niña…
¿Está loca?
Selene quedó completamente confundida.
Algo no encajaba.
No quiso decir nada más, así que se dio la vuelta y salió del lugar.
Afuera, buscó una banca donde sentarse, intentando poner en orden sus pensamientos.
“¿Y si el collar…
es un giratiempo?”, pensó de pronto.
Miró a su alrededor, luego fijó la vista en el misterioso objeto.
Lo sostuvo con firmeza y, con decisión, lo giró.
En un instante, todo cambió.
Estaba de nuevo en su barrio.
Las calles, los árboles, el cielo…
todo igual.
No parecía haber pasado nada.
Todo estaba exactamente como antes de girar el collar.
El mismo tiempo.
La misma hora.
El mismo lugar.
Sintió alivio al comprobar que no estaba atrapada en otro tiempo.
Pero al mismo tiempo, una inquietud la recorría por dentro: ¿Cómo era posible?
¿Qué era exactamente ese collar?
¿Y por qué tenía ella uno en su poder?
Las preguntas no dejaban de arremolinarse en su mente.
Selene sabía que lo que había vivido no era un sueño.
El mundo había cambiado, aunque solo por unos segundos.
Y en lo profundo de su corazón… sabía que aquello recién comenzaba Giró el collar una vez más, aún incrédula por lo que había vivido, y comenzó a caminar rumbo a Sockensal, ese viejo barrio donde todo parecía tener un velo de magia escondida.
Creía que sus padres ya habían regresado a casa, así que apuró el paso.
En lugar de entrar por la puerta principal, decidió tomar el atajo por la entrada trasera, intentando que no se dieran cuenta de su llegada tardía.
Al cruzar el umbral, se sintió más tranquila, aunque su mente seguía girando igual que el misterioso collar.
Entró en su habitación, cerró con cuidado y se sentó sobre la cama, con el collar entre los dedos.
Lo observó con detenimiento, como si al mirarlo fijamente pudiera encontrar respuestas que el tiempo aún no le revelaba.
—¿Cómo es posible que cosas de los libros de fantasía…
estén pasándome en la realidad?
—murmuró para sí misma, con los ojos fijos en el objeto.
—Esto es muy extraño…
Aunque Selene sabía que era una bruja, igual que su madre, aún no lograba comprender cómo era posible que tuviera en su poder un collar capaz de manipular el tiempo.
Ese nivel de magia no era común… ni siquiera en los libros.
Confundida, pero decidida, recordó algo que su madre solía contarle de joven: “Cuando las respuestas no estén en el mundo físico, búscalas en el espíritu de quienes vinieron antes de ti.” Así que esperó a que cayera la noche.
La casa estaba en silencio.
El reloj marcaba exactamente las doce.
Encendió dos velas rojas, las mismas que su madre usaba en los rituales importantes.
Se sentó en el centro de su habitación, el collar descansando sobre su pecho, y cerró los ojos por un momento para calmar su mente.
Luego, con voz firme, susurró: —Queridos antepasados… si están aquí, en esta casa, les pido que me acompañen… y que me escuchen.
Quiero saber por qué ha pasado esto.
Si fueron ustedes… preséntense ante mí.
El aire cambió.
Las llamas de las velas titilaron con violencia, como si una corriente invisible hubiese atravesado la habitación.
Y entonces, por un instante… el silencio fue absoluto.
Ni el viento, ni el tic-tac del reloj, ni su respiración.
Nada.
Solo un vacío.
Y una presencia.
Selene abrió los ojos lentamente.
Algo, o alguien, estaba allí.
Las llamas parpadearon violentamente, hasta casi apagarse.
El aire se volvió denso, helado.
Selene sintió cómo el calor abandonaba la habitación.
Su respiración se volvió visible, como si estuviera en medio del invierno.
Y entonces… la vela de la derecha se apagó sola.
Un susurro apenas audible atravesó la habitación, como un eco que venía de todas partes a la vez.
—Sssselene…
Su nombre fue pronunciado con una voz rasposa, grave, pero también profunda… como si viniera desde debajo de la tierra misma.
De entre las sombras de la habitación, algo emergió.
No caminaba.
No flotaba.
Se deslizaba… como si el tiempo no lo afectara.
Una figura encapuchada, alta y cubierta por un manto negro desgastado.
No tenía rostro visible, pero de su capucha salía una niebla oscura, espesa, como humo vivo.
Selene no podía moverse.
El miedo la tenía paralizada.
El espíritu se detuvo frente a ella.
Las velas se apagaron por completo, pero, curiosamente, la figura seguía viéndose con claridad, como si la oscuridad misma lo iluminara.
—Tu sangre… recuerda lo que tú has olvidado —dijo la figura, con una voz que parecía retumbar dentro de su cabeza—.
El collar… el giratiempo… no fue un regalo.
Fue una advertencia.
El tiempo se ha roto… porque tú lo rompiste.
Y ahora… debes repararlo.
—¿Yo?
¿Qué rompí?
¿Qué hice?
—preguntó Selene con voz temblorosa, aún sin poder moverse.
El espíritu se inclinó, y de su túnica cayó un puñado de arena rosada… la misma del collar.
—No recuerdas… porque no has vivido esa vida todavía.
Pero lo harás.
Y cuando llegue ese momento… tendrás que elegir entre salvar lo que amas… o restaurar el equilibrio del tiempo.
Selene sintió un escalofrío recorrerle la columna.
La figura se enderezó nuevamente.
—Este collar es tu castigo… y tu única esperanza.
Y, de pronto, el espíritu desapareció.
Las velas se encendieron solas.
El calor volvió.
La habitación estaba como antes… pero ella no.
Selene miró el collar que brillaba con una luz tenue y viva.
Ahora sabía que nada de lo que estaba viviendo era casualidad.
Era parte de algo mucho más oscuro… y mucho más grande.
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