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El despertar de selene - Capítulo 20

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20: capítulo 20:no mires atrás 20: capítulo 20:no mires atrás Selene aún temblaba.

Todo había vuelto a la normalidad, o eso parecía.

Las velas ardían con calma, el aire se sentía tibio… pero ella no podía dejar de mirar el collar.

Ya no brillaba, pero su peso era diferente.

Como si en vez de un objeto, llevara una decisión colgando del cuello.

Iba a levantarse… cuando escuchó tres golpes secos.

Golpes lentos… fuertes… Toc, toc, toc.

No venían de la puerta de su habitación.

Venían desde adentro de su armario.

Su corazón se detuvo por un segundo.

—¿Hola?

—susurró, sin saber por qué había hablado.

Silencio.

Y luego… un chirrido.

Muy lento, muy largo.

La puerta del armario se abría sola.

Las velas empezaron a parpadear de nuevo, y el aire se tornó gélido otra vez.

Un viento sin origen comenzó a soplar dentro de la habitación, y entre ese viento… venía una voz.

Pero no hablaba.

Susurraba directamente dentro de su mente.

—No mires atrás… No mires atrás, Selene… Si ves lo que no debes, quedarás atrapada en tu otra vida.

Ella se quedó quieta.

El armario estaba completamente abierto… pero estaba oscuro.

Tan oscuro que parecía un hueco sin fondo.

No se veía la ropa.

No se veía el fondo.

Solo un abismo negro, respirando.

Y luego, lo imposible: Dos manos huesudas salieron desde la sombra.

Las manos eran largas, descarnadas, con uñas negras y curvas como cuchillas.

Se apoyaron en el marco del armario… como si alguien estuviera a punto de salir de allí.

Selene gritó.

Retrocedió, pero sus piernas no respondían bien.

La figura comenzó a asomarse lentamente.

No tenía ojos, pero la miraba.

No tenía boca, pero hablaba.

—El tiempo ya no te pertenece.

Lo tocaste… lo heriste… y él vendrá a reclamarte.

Corre antes de que te vea.

No lo dejes entrar.

No mires atrás.

Y en ese instante, las velas se apagaron otra vez.

Un ruido seco sacudió la habitación.

Cuando volvió la luz… el armario estaba cerrado.

Selene estaba sola.

Pero el collar… ardía sobre su pecho.

Y en la pared, grabadas como por garras, estaban cinco palabras que nunca antes habían estado allí: “Él ya sabe tu nombre.” El aire volvió a la calma, pero el miedo no se fue.

Selene no quería moverse, pero sabía que debía hacerlo.

Aún podía sentir el ardor del collar en su pecho y ver esas palabras grabadas en la pared como si siguieran brillando.

“Él ya sabe tu nombre.” Tragó saliva con dificultad.

Se levantó como pudo, con las piernas temblando, y apagó ambas velas con un solo soplo.

El olor a cera quemada llenó la habitación.

—Solo fue un espíritu… nada más —se dijo, como si pudiera convencerse.

Se metió bajo las sábanas.

Cerró los ojos.

Intentó calmar su respiración.

Pero el silencio ahora era peor.

Demasiado profundo.

Demasiado…

vigilante.

Aun así, el cansancio la venció.

Y entonces empezó la pesadilla.

— Todo estaba rojo.

Un bosque sin hojas, solo ramas secas y árboles negros.

El cielo era una masa densa de nubes carmesí, como si el sol se hubiese roto.

Selene estaba de pie, sola, descalza, y podía escuchar sus propios pasos sobre el suelo seco.

Pero cada paso que daba sonaba doble, como si alguien más caminara exactamente detrás de ella.

Se giró.

No había nadie.

Siguió caminando.

Toc… toc… toc… Los pasos.

Otra vez.

—¿Quién está ahí?

—gritó, desesperada.

Y entonces lo vio.

Una figura parada entre los árboles.

No tenía rostro, solo una máscara blanca con la forma de un reloj de arena… que giraba solo.

Cada vez que el reloj giraba, el mundo se distorsionaba.

El suelo se abría.

Las ramas temblaban.

Y el tiempo…

se quebraba en pedazos, como si alguien estuviera rompiendo espejos con los segundos.

El ser levantó un brazo, lento, apuntando directo hacia Selene.

—Tu tiempo no es tuyo —dijo con una voz que parecía ser muchas voces al mismo tiempo.

—Tú lo robaste.

Y ahora… él viene por ti.

De pronto, todo cambió.

Estaba en su casa.

En su cama.

Pero no podía moverse.

Parálisis del sueño.

Lo sabía.

Y frente a ella… estaba el mismo ser sin ojos del armario, observándola de cerca.

Pero esta vez, tenía una boca enorme, abierta, y de ella salía un tic-tac constante.

—Te lo advertimos, Selene… Ahora él camina en tus sueños.

Pronto caminará en tu realidad.

La figura se inclinó sobre su rostro, tan cerca que podía sentir el aliento helado de su boca inexistente.

—No vuelvas a usar el collar… O no despertarás en el mismo tiempo.

— Selene despertó de golpe, empapada en sudor.

Eran las 3:33 de la madrugada.

El collar… ya no estaba en su cuello Si no en su mano.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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