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El despertar de selene - Capítulo 22

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22: capítulo 22:El primer si 22: capítulo 22:El primer si Después de lo que había pasado con Benjamín… de que él se hubiera apoyado en su hombro, Selene no podía evitar sentirse extraña.

¿Cómo explicarlo?

Le había gustado, pero a la vez… no.

Había algo incómodo, inquietante en ese momento, como si su cuerpo lo hubiese aceptado, pero su mente lo negara.

Cuando la misa terminó, se dirigió hacia su sala con la intención de olvidar el asunto.

Pero, por supuesto, el maldito Benjamín tenía que aparecer justo entonces.

—Oye, quiero hablar contigo en el recreo.

¿Crees que puedas?

—le dijo, con esa tranquilidad que a ella le crispaba los nervios.

Selene dudó.

En su mente, gritaba: No.

No tengo tiempo para ti.

Pero en la realidad, sólo respondió: —Sí, está bien.

—Genial, te veré en el recreo —respondió él, sonriendo.

Ella solo asintió con una leve sonrisa y siguió caminando hacia la sala.

Ya lo sabía… algún día, esto iba a terminar mal.

Este fragmento tiene muy buenas emociones internas, especialmente con el contraste entre lo que Selene piensa y lo que realmente dice.

Aquí te lo dejo reescrito en formato narrativo de libro, con un tono más pulido pero manteniendo tu estilo y esencia: — Tal vez, en el fondo, Selene no quería que llegara la hora del recreo.

Nunca había hablado a solas con un chico… bueno, excepto con su adorable felipe, pero eso no contaba.

Y Benjamín, claramente, no era el caso.

No era nada atractivo, pero tampoco era amable ni fácil de tratar.

Siempre tenía ese aire sueltito, como si no le importara nada, y eso con ella no colaboraba en lo absoluto.

Cuando sonó el timbre, un nudo se le formó en el estómago.

Sentía los nervios como una maldición recorriéndole el cuerpo.

Las manos le temblaban y, aunque no estaba completamente roja, el calor en sus mejillas la delataba.

Entonces lo vio acercarse.

—Vamos a las gradas de abajo —dijo Benjamín, mirándola directamente.

Selene solo asintió.

—Ok.

Se sentaron.

Él parecía algo más serio de lo normal, como si por una vez en su vida, fuera a decir algo que realmente importara.

—Es que debo decirte algo desde hace mucho —empezó él.

—¿No me digas?

—dijo Selene, con una media sonrisa y una mezcla de sorpresa y cautela.

—Sí… La verdad es que tú me gustas desde que estábamos en jardín.

En kínder —soltó Benjamín, sin más.

En su mente, Selene gritó: ¿¡Ah, en serio!?

¿Y por eso te la pasas molestándome, pedazo de monstruo!?

Pero en la realidad solo dijo, conteniendo todo: —¿Y qué estás intentando decir con eso?

Entonces, Benjamín la miró con algo que parecía ser nervios —pero también una pizca de esperanza— y dijo: —Si quisiera que fueras mi novia… ¿querrías serlo?

Selene sintió que el mundo se le detenía por un segundo.

En su mente, solo pensó: ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?

Pero entonces, como un eco lejano, recordó aquella promesa absurda y podrida que había hecho cuando tenía apenas cinco años.

Esa en la que, con su voz infantil y seria, juró que si algún día alguien le pedía ser su novia, ella diría que sí.

Sin importar quién fuera.

Mientras no fuera un monstruo.

Y Benjamín, aunque a veces era un idiota… no era un monstruo.

Así que, con esa fidelidad extraña que la caracterizaba, Selene lo miró y dijo, algo temblorosa: —Mmm… sí.

Tú a mí también… así que acepto.

Mintió.

Lo sabía.

Pero no quería aplastar los sentimientos de Benjamín.

No esta vez.

Y desde entonces, algo en los ojos de Benjamín pareció iluminarse.

Sonrió y, sin decir nada más, le entregó una pequeña flor que había escondido en el bolsillo.

A Selene simplemente le encantó.

Nunca antes alguien le había dado una flor, por pequeña que fuera.

Bueno… quizás era algo simple, algo breve, pero al fin y al cabo, solo eran niños de diez años.

¿Qué más se podía esperar?

Subieron juntos las escaleras, caminando uno al lado del otro.

Benjamín, confiado, le pasó el brazo por encima del hombro, como si ya fuera algo natural.

Y, por supuesto, los del otro salón los vieron.

Los aplausos, las risas, los gritos burlones no tardaron en llegar.

—¡Oooh, se tienen amor!

—gritaban algunos, aplaudiendo entre risitas.

Selene solo bajó la mirada, con la cara más roja que un tomate.

En su cabeza, una sola frase resonaba como un tambor: ¿Qué tontería acabo de hacer?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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