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El despertar de selene - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 capítulo 23el ritual del 26 de marzo
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23: capítulo 23:el ritual del 26 de marzo 23: capítulo 23:el ritual del 26 de marzo Después de todo lo que había pasado, lo de que Selene se hiciera novia de Benjamín…

no lo podía creer.

Le parecía un total desagrado.

Pero con el paso del tiempo, para su desgracia, descubrió que se estaba enamorando del estúpido Benjamín.

—No, no, no —se decía a sí misma—, esto tiene que ser un error.

Pero no lo era.

Chateaban todos los días.

Por mensajes, se decían muchas cosas que hacían que el estómago de Selene se revolviera… y no precisamente por odio.

Y así llegó el día de su cumpleaños: 26 de marzo.

Selene cumpliría once años.

Esa mañana, su madre, Madea, como toda bruja en su papel, le dijo con tono solemne: —Es hora del nuevo ritual.

Ahora serás una bruja con una fuerza mayor.

Selene frunció el ceño.

—¿Qué es eso de fuerza?

—Hija —respondió Madea con una sonrisa enigmática—, pronto lo entenderás.

A partir de hoy, podrás hacer muchas cosas que antes, como bruja principiante, no podías.

Ahora comenzarás a descubrir tu verdadera magia.

Selene se quedó pensando.

—Pues…

no sé qué decir.

Estoy emocionada, supongo.

Pero en su mente, los pensamientos eran un caos: Si supiera lo que me ha pasado con esto de los espíritus… y el giratiempo…

estaría enloquecida.

¿Y si el ritual despierta más cosas raras?

Aun así, no dijo nada.

Decidió guardarse todo hasta la noche, hasta que llegara el ritual.

La noche llegó con una brisa pesada, como si el viento supiera que algo antiguo y poderoso estaba por despertar.

Madea preparaba todo en el salón del sótano.

Las paredes estaban cubiertas con símbolos que Selene no conocía, y en el centro, un círculo de sal rodeaba unas velas negras y un cuenco con agua turbia.

La atmósfera se sentía densa, como si el aire fuera más grueso.

Su padre, Héctor, estaba ahí también.

Callado, serio.

Llevaba una túnica oscura y una mirada perdida en el fuego de las velas.

—¿Papá?

¿También eres brujo?

—preguntó Selene, algo nerviosa.

Él no respondió al principio, pero luego murmuró: —Soy el guardián del equilibrio.

Y esta noche, tu magia se conectará con algo más grande.

Selene tragó saliva.

—¿Algo más grande?

Madea asintió.

Se colocó detrás de Selene, le sujetó los hombros y le susurró: —No tengas miedo, hija.

Deja que fluya.

Si algo te asusta… míralo de frente.

Las velas comenzaron a parpadear como si algo invisible caminara por el cuarto.

El cuenco con agua empezó a temblar, aunque nadie lo tocaba.

Y de pronto, Selene sintió un calor en el pecho.

El giratiempo que llevaba colgado brilló de forma intensa, derramando una luz rosada que no parecía natural.

Todo se congeló por un segundo.

Y entonces, lo sintió.

Un sonido grave llenó la sala, como un murmullo que venía desde las paredes.

Selene cayó de rodillas, con las manos en la cabeza.

Pero no era dolor…

era información.

Voces.

Pensamientos.

Mentes.

Todo a su alrededor se abría como un libro.

—“Estoy orgulloso de ti” —escuchó, sin que nadie lo dijera en voz alta.

Era su padre.

—“Que el sello no se rompa…” —pensó su madre, aunque sus labios estaban cerrados.

Selene los miró, con los ojos abiertos como platos.

—¿Acabo de… oírlos?

La vela más cercana explotó.

El cuenco se alzó del suelo y giró en el aire como si fuera atraído por una fuerza invisible.

Selene, sin darse cuenta, lo había levantado solo con su mente.

—¡Está despertando!

—dijo Madea con una mezcla de emoción y temor.

El viento sopló con fuerza dentro del sótano, aunque no había ventanas.

Las paredes temblaron ligeramente.

Selene estaba flotando, apenas unos centímetros del suelo, con los brazos extendidos y el giratiempo girando a toda velocidad.

Y entonces, todo se detuvo.

El cuenco cayó.

Las velas se apagaron.

El silencio volvió.

Selene respiraba agitada.

Sus ojos seguían brillando con un leve resplandor violáceo.

—¿Qué… qué fue eso?

—preguntó temblando.

Héctor se acercó, la ayudó a ponerse de pie y le dijo con voz firme: —Eso, Selene, fue solo el comienzo.

Después del ritual, Selene apenas podía mantenerse en pie.

Todo su cuerpo vibraba con una energía extraña, como si dentro de ella se hubiera abierto una puerta que llevaba cerrada siglos.

Madea le dio un beso en la frente.

—Ahora descansa.

Mañana el mundo te parecerá distinto.

Héctor no dijo nada, solo asintió y se quedó mirando el cuenco roto en el suelo como si eso tuviera más importancia de la que parecía.

Selene subió a su habitación, aún en silencio, intentando entender lo que acababa de pasar.

Se cambió, se metió bajo las sábanas, y justo cuando iba a cerrar los ojos… …algo sucedió.

El giratiempo en su cuello vibró.

Una vez.

Dos veces.

Luego, un zumbido llenó el cuarto, pero no era externo.

Era dentro de ella.

Su cuerpo se elevó levemente sobre la cama.

Apenas unos centímetros.

Su respiración se detuvo.

Los ojos se abrieron de golpe.

Y se volvieron verdes brillantes, como dos faroles en medio de la oscuridad.

No era un sueño.

Era una visión.

Todo a su alrededor desapareció.

Ya no estaba en su cuarto, ni en su cama.

Se encontraba en un bosque espeso, cubierto por una niebla que lo devoraba todo.

Caminaba, aunque sus pies no tocaban el suelo.

Y entonces lo vio.

Un lago negro, completamente quieto.

En su orilla, una figura encapuchada, de espaldas, sostenía algo en sus manos: su giratiempo.

Selene quiso gritar, correr, pero no podía moverse.

Era una simple observadora.

La figura se giró.

No tenía rostro, solo una oscuridad profunda dentro de la capucha.

Y habló, sin boca, sin voz, solo dentro de su mente: —El tiempo no es un juego, bruja del amanecer.

Tus decisiones marcarán la grieta o la salvación.

—¿Qué…

qué grieta?

—pensó Selene, pero no recibió respuesta.

Entonces el lago se partió en dos, como si algo desde abajo empujara la tierra.

De su interior emergió una criatura de ojos blancos y garras alargadas.

Una sombra sin forma definida, hecha de humo y desesperación.

Gritaba con mil voces que no eran humanas.

Selene cayó al suelo.

Todo tembló.

El giratiempo de la figura brilló y se hizo trizas.

Y la visión se cortó.

Selene despertó de golpe en su cama, jadeando.

Sudaba frío.

Las sábanas estaban levitando alrededor de ella… y cayeron lentamente mientras sus ojos volvían a su color natural.

Miró al techo, sin poder hablar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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