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El despertar de selene - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 capítulo 24dos chicos y un corazón confundido
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24: capítulo 24:dos chicos y un corazón confundido 24: capítulo 24:dos chicos y un corazón confundido Durante o después de aquella visión, Selene no pudo dormir mucho.

No comprendía qué significaba exactamente lo que había visto, pero no le dio demasiada importancia.

Guardó su giratín en la mochila y, con los ojos un poco pesados, se dirigió a la escuela al amanecer.

Como de costumbre, Benjamín, su novio, le escribió por la mañana con un dulce buenos días y varios te amo.

Ese tipo de cosas siempre le sacaban una pequeña sonrisa.

Pero esa mañana, algo se sintió distinto.

Al llegar, se encontró con Felipe.

Había algo en él que la atraía más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Tal vez eran sus ojos, esas ondas en el cabello o su manera de estar en el mundo.

Lo cierto es que, en su cabeza, él brillaba más que Benjamín.

Pero eso no podía ser, ¿verdad?

Ella estaba con Benjamín.

No quería traicionarlo, ni siquiera con un pensamiento.

Aun así… Felipe tenía ese “algo”.

Obviamente lo saludó con un tímido ¡Hola!, pero por dentro esperaba que él estuviera esperando ese saludo.

Sin embargo, pronto se dio cuenta de que el saludo no era para ella.

Felipe estaba saludando a otra persona.

Solo después de eso, se giró hacia Selene y dijo: —¡Hola!

Oye… ¿por qué me evitas siempre?

¿Acaso te caigo mal?

El corazón de Selene se aceleró.

Por dentro gritaba: ¿Cómo rayos me vas a caer mal?

¡Si tú me gustas, pedazo!

¿Por qué no lo entiendes?

Pero claro, no iba a decir eso en voz alta.

—¡No, por supuesto que no me caes mal!

—respondió con una sonrisa algo nerviosa—.

Es más, me caes súper bien.

Felipe alzó una ceja, curioso.

—¿En serio?

¿Y por qué nunca me devuelves el saludo?

Siempre soy yo el que saluda primero… Selene bajó un poco la mirada, algo avergonzada.

—Ah, es que… a veces no te veo.

Pero prometo que ya no seré así.

¿Promesa?

Felipe sonrió.

—Está bien.

Promesa.

En un impulso extraño —tal vez por los nervios, o tal vez por esa necesidad absurda de provocar algo en él—, Selene dijo rápido: —¡Adivina qué!

Estoy saliendo con Benjamín.

Felipe, que conocía a Benjamín del taller en el que coincidían, arqueó ambas cejas con una expresión medio divertida, medio incrédula.

—¿En serio?

No podías buscar a alguien mejor…

Selene, en su mente, gritó: ¡Si tú hubieras sido más listo, te habría elegido a ti!

Pero claro, andas en lo tuyo, distraído, sin darte cuenta de nada.

Pero otra vez, se guardó sus pensamientos.

Solo dijo: —No, solo es un buen tipo —y soltó una risa suave.

Fue justo entonces cuando Benjamín llegó por detrás y la abrazó por los hombros, como siempre hacía.

Felipe solo observó en silencio.

Y así, Selene se quedó en medio de dos mundos.

Uno, el del chico con quien estaba, y otro, el del chico que quizás… aún le gustaba.

¿Eso era un engaño?

se preguntó en su cabeza.

No tenía respuesta.

Solo sabía que ese había sido uno de sus peores días hermosos.

A pesar de todo, Selene se acercó a Benjamín y, con una sonrisa forzada, se despidió de Felipe.

Benjamín la miró de reojo, con una chispa de curiosidad mal disimulada.

—¿Felipe?

—dijo, cruzando los brazos—.

¿Acaso antes te gustaba?

Selene sintió cómo el rostro se le encendía de inmediato.

Claro que sí.

Le había gustado antes…

y quizás aún le gustaba un poco.

Pero no iba a decirlo, no de esa forma.

Así que solo respondió, bajando un poco la voz: —Ah, no… Es solo un amigo.

Íbamos juntos antes de que me cambiaran de curso.

Benjamín pareció relajarse con esa respuesta.

—Ah, ok —dijo, y luego la abrazó con ternura.

Pero, cuando llegó la hora del recreo, la realidad volvió a caer como una piedra.

Benjamín, como siempre, se fue con sus amigos y no se quedó con ella.

Selene miró a su alrededor.

No tenía muchos amigos, ni tampoco a alguien con quien reírse o simplemente pasar el rato.

Se sentía sola.

Otra vez.

Hasta que apareció él.

Felipe, como siempre, con esa forma de ser ligera y despreocupada, jugando, molestando a todos con una sonrisa en la cara.

Se le acercó y dijo: —Oye… ¿nos podemos juntar hoy?

Los ojos de Selene se iluminaron como si el día entero hubiese cambiado de tono.

—¡Claro!

—respondió, casi sin poder ocultar su emoción.

Había algo en ese momento que se sentía casi mágico, como un amor puro, de esos que no necesitan explicación.

Caminaron juntos por el pasillo, cerca del salón, hablando de cualquier cosa, sonriendo sin esfuerzo.

Pero entonces, Benjamín los vio.

Desde donde estaba, la mirada que le lanzó a Selene fue discreta, pero clara.

Preguntaba sin palabras: ¿Qué pasa?

¿Por qué estás con él?

Había celos, sí, pero no rabia.

Benjamín no era de esos chicos que arman una escena.

Solo miraba… y pensaba.

Y Selene también pensaba.

Porque a veces, cuando estaba con Benjamín, no sentía esa chispa.

No como con Felipe.

Y aunque no quería admitirlo, en lo más profundo de sí misma, sabía que sus sentimientos estaban cambiando.

Pero tampoco podía traicionar a Benjamín.

Para ella, eso sería un engaño.

Y ella no era así.

¿O sí?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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