El despertar de selene - Capítulo 27
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27: capítulo 27:¿La elegida?
27: capítulo 27:¿La elegida?
Desde que aquella puerta roja se había cerrado tras ella, Selen notó cómo el paisaje cambiaba ante sus ojos.
Ahora estaba en medio de un bosque… pero no era un bosque común.
Era un paraíso.
Miles de flores de todos los colores cubrían el suelo, trepaban por los troncos y adornaban arbustos tan frondosos que parecían esculturas naturales.
El aire estaba impregnado de un aroma dulce, casi embriagador, y un rayo de luz cálida se filtraba entre las copas de los árboles, pintando el lugar con un brillo mágico.
A lo lejos, distinguió a cuatro niños, quizá un poco mayores que ella.
Instintivamente, pensó que podían ser peligrosos.
Llevó la mano a su varita, pero la guardó con disimulo, lista para usarla si era necesario.
Se acercó con cautela.
Dos de los niños, de cabello rubio y ojos celestes, la miraron con curiosidad.
Pero uno en especial llamó su atención: tenía el cabello castaño con reflejos azulados… igual que el de ella.
Sus ojos verdes eran tan intensos que parecían contener un hechizo propio; bastaba una mirada para perderse en ellos.
Selena se obligó a apartar la vista y hablar: —Mi nombre es Selene.
Soy una bruja.
He venido porque quería saber más sobre mi pasado… y realicé un hechizo que me trajo aquí.
No sé dónde estoy.
¿Podrían decírmelo?
El chico rubio de ojos azules dio un paso al frente.
—Soy Elías —se presentó—.
Y soy un vampiro.
Este de aquí es Franco.
Franco la observó con interés.
—Yo también soy brujo.
Pero… ¿cómo llegaste hasta aquí?
Solo los de nivel avanzado, como nosotros, pueden hacerlo.
—Mi madre, Madea, también es bruja —respondió Selena con serenidad—.
Ella me enseñó, pero no sabe que estoy aquí.
—Este lugar —explicó Elías— es un refugio donde vampiros, brujos y monstruos nos escondemos de la sociedad humana.
Franco asintió, completando la idea: —Aquí nadie nos encuentra.
Y los humanos… nunca deben sospechar que existimos.
Mientras Elías y Franco hablaban, Selena notó que no estaban solos.
Más allá, semiocultas entre las flores, había dos niñas que antes no había logrado distinguir.
Una tenía el cabello rojo intenso, que brillaba como fuego bajo la luz del bosque; la otra, una melena naranja vibrante que parecía reflejar el sol.
La de cabello naranjo fue la primera en reaccionar.
Se giró hacia Selena y, con un tono seco y mirada desconfiada, dijo: —No deberías estar aquí.
Si no eres de este lugar… debes irte.
No perteneces aquí.
Selena sintió cómo la tensión se espesaba en el aire, pero antes de que pudiera responder, la de cabello rojo intervino.
Su voz era firme, pero más amable: —No seas así, Antonia.
Ella también es una bruja… igual que algunos de nosotros.
Luego, la pelirroja se volvió hacia Selena, suavizando su expresión.
—Disculpa la rudeza de mi compañera.
Yo soy Bárbara, una vampira.
Vivo aquí desde hace mucho.
—Sonrió apenas—.
Antonia es… bueno, un poco directa con sus opiniones.
—O ruda —murmuró Elías desde un costado, provocando que Antonia lo fulminara con la mirada.
Bárbara continuó, como si nada hubiera pasado: —Antonia también es bruja, como tú.
Selena asintió lentamente.
—No se preocupen.
No estoy aquí para interrumpir nada.
Solo… quería saber más sobre mi pasado.
Hay cosas que me han ocurrido últimamente… cosas que no logro entender.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, como si el bosque entero las hubiera escuchado.
Elías, Franco, Antonia y Bárbara intercambiaron miradas, como si la confesión de Selena hubiera despertado algo que todos intuían pero no querían decir en voz alta.
Fue Franco quien rompió el silencio, alzando la voz: —¿Qué es lo que te ha pasado?
Selena respiró hondo antes de hablar.
—En el mundo de los humanos… yo camino todos los días a la escuela, que es donde nos educamos.
Un día, del cielo, me cayó un collar.
—Sus dedos hicieron un gesto como si aún lo sostuvieran—.
Empecé a investigar y descubrí que era un giratiempo… uno que podía llevarme al pasado o al futuro.
Lo giré y terminé en otra dimensión.
Lo volví a girar… y regresé al mismo momento del que había partido.
Hizo una pausa, sus ojos brillando con un matiz de inquietud.
—Después, tras mi cumpleaños, empecé a tener visiones… muy extrañas.
Veo espíritus… pero no entiendo por qué a mí.
Según sé, uno no puede hablar con ellos hasta cumplir los trece… y yo aún no los cumplo.
Antonia dio un paso al frente, su mirada fija y decidida.
—Eres la elegida para esto.
Bárbara, en cambio, guardó un silencio tenso antes de hablar con calma: —Creo que estás más que preparada.
Eres la elegida, después de todo… te hemos estado esperando por mucho tiempo.
El corazón de Selena dio un vuelco.
Sus palabras sonaban como un eco de algo que siempre había sentido, pero nunca había entendido.
—No… no comprendo qué quieren decir —murmuró.
Elías sonrió de forma tranquilizadora.
—No te preocupes.
Sé que ahora nada tiene sentido… pero ven con nosotros a nuestra cueva.
Allí… entenderás todo.
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