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El despertar de selene - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 capítulo 28La reina de los espíritus
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28: capítulo 28:La reina de los espíritus 28: capítulo 28:La reina de los espíritus Antes de eso, Selene había entrado a la cueva junto con Elías, Franco, Antonia y Bárbara.

Las cuatro iban guiadas, avanzando en silencio bajo la tenue luz que se filtraba por la entrada.

Al cruzar el umbral, Selene se fijó en que Franco y Elías llevaban collares con forma de triángulo: uno rojo y el otro blanco.

Sin decir palabra, ambos los levantaron hacia algo —o alguien— que parecía invisible, y de inmediato, la cueva respondió.

Un temblor leve recorrió el suelo y la pared rocosa se abrió, revelando un pasadizo oculto.

Antonia y Bárbara repitieron el gesto con sus propios collares.

Luego, hicieron una señal para que Selene pasara primero.

Ella, confundida y con un ligero temblor en las manos, no sabía qué hacía allí.

Tal vez era miedo… o tal vez algo peor.

Los cuatro se sentaron sobre unas grandes piedras, formando un pequeño círculo.

Franco fue el primero en romper el silencio.

—Ahora sí te diremos por qué tú eres la elegida —dijo, mirándola fijamente.

Elías tomó la palabra, su voz grave resonando en la cueva.

—Hace muchos años, cuando la Tierra apenas comenzaba a formarse y los imperios aún no se habían levantado, solo Egipto mantenía a sus dioses alabados.

Pero, con el paso de los años, incluso Egipto cayó.

Después, un rey incapaz de gobernar tomó el trono… y tras él llegó una reina.

Una mujer muy malvada, pero también próspera y poderosa.

Todos la temían, pues poseía dones únicos… dones como los tuyos.

Era como una bruja, y aunque era la reina de Egipto, el pueblo deseaba verla muerta.

Hizo una pausa, clavando sus ojos en Selene.

—Ella no era cualquiera —continuó—.

Era la predilecta de los dioses egipcios.

Antes de que le cortaran la cabeza, pronunció una profecía: “En el futuro, cuando pasen miles de años y siglos, llegará mi sucesora.

Ella vengará el sufrimiento que me causaron y me honrará.

La llamaré a través de sus sueños”.

Nadie le creyó… pero hasta el día de hoy, se dice que esa sucesora tendría tu edad.

Por eso creemos que eres tú.

Bárbara asintió y añadió: —Dijo que sería distinta a todos los demás… y, a decir verdad, tú eres única.

Antonia se inclinó hacia Selene, con una leve sonrisa en los labios.

—Puede que seas la próspera de la diosa de Egipto… y por eso creemos que eres tú.

—Pero yo vivo muy lejos de Egipto… y Egipto está muy lejos de aquí.

Eso sería imposible —dijo Selene, intentando encontrarle lógica a todo aquello.

Antonia soltó una risa breve, cargada de sarcasmo.

—Ella puede reflejarse a través de la noche y de las visiones.

Por eso es la diosa del poder y de los espíritus… porque era la única capaz de hablar con espíritus sagrados.

Hizo una pausa, su mirada se tornó más seria.

—En fin… el gran guardián, donde vivimos ahora, ya esperaba tu llegada.

Bárbara intervino, inclinándose hacia Selene.

—Él presentía que estabas cerca… tuvo un sueño en el que tú llegarías justo ahora.

Elías asintió lentamente.

—El gran guardián siempre confió en el mito: la próspera de la diosa de Egipto vendrá a cumplir su misión.

Entonces Franco, con voz grave y sin apartar la vista de ella, sentenció: —Tú eres la bruja destinada a ocupar el trono.

Debes vencer a la criatura que dominó a la diosa malvada.

Selene, con el corazón acelerado y el rostro marcado por la confusión, apenas pudo preguntar: —¿Pero… cuál es mi misión?

Un silencio espeso llenó la cueva.

Solo se oía el eco lejano del agua goteando en las paredes.

Nadie respondía.

Selene sintió cómo su respiración se volvía más pesada.

Fue Elías quien, finalmente, rompió el silencio.

—Tu misión… no es simplemente derrotar a una criatura.

Es recuperar lo que fue arrebatado —dijo, bajando la voz como si temiera que algo o alguien pudiera escucharlo—.

La diosa malvada no fue vencida… solo fue encerrada.

Y ahora, sus sombras están despertando.

Antonia añadió: —La criatura que la domina es el guardián de su prisión.

Un ser que no sirve ni a los dioses ni a los hombres… sino a sí mismo.

—Para llegar a él —continuó Bárbara—, tendrás que atravesar los tres reinos ocultos, donde habitan los que fueron olvidados por la historia.

Franco se inclinó hacia ella, sus ojos brillando con una mezcla de advertencia y determinación.

—No puedes fallar.

Si lo haces… el mundo entero caerá bajo el mismo poder que destruyó a Egipto.

Selene tragó saliva.

Sentía que todo sonaba como una leyenda absurda… y, sin embargo, algo dentro de ella le decía que no podía huir.

—¿Y si me niego?

—preguntó, casi en un susurro.

Elías la miró fijamente.

—No puedes negarte.

La diosa ya te ha elegido… y cuando ella elige, no hay escapatoria.

Bárbara habló entonces, su voz suave pero cargada de una verdad que pesaba en el aire.

—Pero no creas que el poder está solo en vencer a esta criatura… —dijo, observando cada reacción en el rostro de Selene—.

También está en reconstruir este mundo.

Este mundo tan cruel que conocemos.

Se inclinó hacia adelante, como si lo que iba a decir no debiera ser escuchado por las paredes de la cueva.

—La diosa, por más malvada que fuera, no dejaría que esto pasara por alto.

Hace muchos años… incluso ella fue dominada por los espíritus.

Y por eso ahora quiere que seas la reina de ellos.

Quiere que tomes venganza por ella.

Las palabras de Bárbara se deslizaron por la piel de Selene como un escalofrío.

Reina de los espíritus… venganza… Cada frase sonaba como un eco antiguo, como si alguien más —o algo más— se las susurrara dentro de su cabeza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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