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El despertar de selene - Capítulo 31

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  4. Capítulo 31 - 31 capítulo 31entre Felipe y Benjamín
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31: capítulo 31:entre Felipe y Benjamín 31: capítulo 31:entre Felipe y Benjamín Se asustó tanto que, sin pensarlo, buscó una salida.

Y la encontró: un portal, girando como si la estuviera esperando.

Después de que aquella mujer misteriosa le susurrara aquellas inquietantes palabras, Selene corrió hacia él.

No sabía adónde la llevaría, solo que quería regresar a casa.

—No puedes escapar… —la voz de la mujer resonó detrás de ella—.

Algo te espera.

Aun así, Selene cruzó.

Un parpadeo después, estaba en su habitación.

Sin heridas.

Sana.

Como si nada hubiera pasado.

Intentó convencerse de que había sido un sueño, aunque algo en su interior sabía que aquel lugar existía… y no pertenecía ni al pasado ni al futuro.

El domingo siguiente despertó aliviada.

Se vistió, salió a la calle y caminó hacia la escuela.

En la esquina, lo vio: Benjamín.

Un mal novio, sí… pero su novio al fin y al cabo.

—Antonella, tenemos que hablar —dijo él, evitando mirarla a los ojos.

—¿Qué pasa?

—Mi mamá… encontró los chats.

Me dijo que si no terminaba contigo, me quitaría el celular y la computadora.

Así que… lo siento.

Hemos terminado.

Selene lo observó, incrédula.

¿De verdad?

¿Así acababa todo?

Le parecía absurdo, infantil… pero el golpe dolía igual.

Por dentro quería gritar ¿por qué?, pero se obligó a sonreír.

Al menos podría pasar más tiempo con Felipe, pensó, aunque la idea no le aliviaba del todo.

—No vas a llorar, ¿verdad?

—preguntó Benjamín, como si fuera un favor que le hacía.

—¿Por qué lo haría?

—respondió ella, y se alejó hacia su asiento, llevando la tristeza a cuestas.

A cada rato lo miraba de reojo, sintiendo un nudo en la garganta.

No quería llorar por un hombre.

Le parecía lo más patético del mundo.

Y, sin embargo… estaba a punto de hacerlo.

Podemos reescribir este fragmento para que fluya mejor, conserve el tono de niña de 11 años con emociones intensas, pero también mantenga claridad y ritmo narrativo.

Así se siente más como un capítulo de libro y menos como una transcripción.

Te propongo esta versión: — Solo una lágrima se escapó de sus ojos.

Selene no podía creerlo, después de que Benjamín le hubiera rogado que fuera su novia… y ahora la dejaba así, sin más.

Claro, solo tenían once años, ¿qué podía esperar del patético y horrible Benjamín?

Aun así, lo miraba de vez en cuando, intentando entenderlo.

¿Era él su “amo”?

Ni siquiera sabía bien qué significaba eso.

Pero bueno… era solo una niña, ¿no?

Cuando llegó la hora del recreo, salió de la sala y lo vio: Felipe, su adorable Felipe, el mejor de todos.

Él sí quería que fuera su verdadero novio… pero la vida le había dado al estúpido Benjamín.

Bueno, no era un novio tan malo, la trataba bien… pero era muy tonto.

Se acercó a Felipe con una sonrisa.

—Oye, ¿adivina qué?

Te voy a contar un secreto.

Felipe la miró con curiosidad.

—¿Qué pasa?

—Acabo de terminar con Benjamín.

¿Puedes creerlo?

Felipe arqueó una ceja, como si quisiera leerle la mente.

—¿Y por qué me lo cuentas?

Selene pensó en decirle: “Porque quiero estar contigo, pedazo de inútil”, pero solo se encogió de hombros.

—Oh… no lo sé.

Solo para que lo supieras.

—Ah… está bien —respondió él—.

Aunque no te creo mucho.

Le voy a preguntar a una amiga mía.

Selene frunció el ceño.

—¿Qué amiga?

—Florencia.

Ah, Florencia… la estúpida Florencia.

Horrenda, entrometida, siempre buscando llamar la atención de los chicos.

Selene la detestaba.

Felipe se alejó para hablar con ella y, al parecer, le preguntó si Selene y Benjamín habían terminado.

La hipócrita respondió que no, que seguían juntos, y sonrió antes de entrar a la sala.

Más tarde, Felipe se lo contó a Selene.

Ella no pudo contenerse.

—¡Ay, qué sabe esa maldita!

—exclamó.

Felipe no dijo nada más.

En ese momento, sonó el timbre.

Y aunque intentó olvidarlo, Selene no podía dejar de pensar en lo extraño que había sido que él confiara más en la estúpida Florencia que en ella.

En la última hora, se sentaron juntos en el recreo de la tarde.

Selene sacó su jugo y una bolsa de galletas, y se la ofreció a Felipe.

—Toma, comparte conmigo.

Felipe sonrió y aceptó, mordiéndola con calma, mientras Selene lo observaba de reojo.

Por un momento, todo el drama con Benjamín y Florencia desapareció.

Solo estaba ella, él… y la sensación cálida de tenerlo cerca.

Aunque, en el fondo, Selene sabía que las cosas nunca se quedaban tranquilas por mucho tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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