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El despertar de selene - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 capítulo 32¿Quien es jazmín
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32: capítulo 32:¿Quien es jazmín?

32: capítulo 32:¿Quien es jazmín?

Quizás esos pensamientos que tenía no eran coherentes para su edad, pero decidió dejar de lado a todos y esperó la noche.

¿Por qué?

Porque sólo quería pensar en una cosa: descubrir que la fantasía que había ahí, si bien era una bruja, no todo era como en las películas de fantasía o cuentos de hadas que todos contaban, donde las brujas eran malas y las princesas eran rescatadas.

¿En qué caso sería la bruja buena ahora?

Esa pregunta se quedó flotando en su mente, mientras las sombras en la habitación parecían susurrarle una respuesta que aún no estaba lista para escuchar.

Selene siempre había sentido que había algo oculto en su historia, un secreto enterrado mucho antes de su nacimiento.

Si su madre le había mentido a su padre años antes de que ella llegara al mundo, entonces tenía que descubrir la verdad.

Necesitaba saber de dónde venía, quiénes eran los suyos… o al menos intentarlo.

No conocía a su familia; mucho menos a sus abuelos.

De su padre, Héctor, sabía que no tenía padres, y por ese lado no había pistas que seguir.

Pero su madre… su madre era un misterio.

¿Y si su sangre no era completamente humana?

¿Y si, tal vez, venía de brujos?

Una sola idea le cruzó por la mente: revisar los documentos y recuerdos escondidos de su madre.

Esperó el momento adecuado, y cuando su madre —a quien a veces, entre risas, llamaba “madrea”— se estaba bañando, Selene aprovechó para entrar a su habitación.

Abrió cajones con cuidado, temiendo hacer ruido.

Entre cartas viejas y papeles amarillentos, encontró fotografías.

Una de ellas la detuvo en seco: su madre, mucho más joven, posaba junto a una mujer de aspecto antiguo.

Llevaba un vestido negro, encajes gastados y un aire gótico que parecía arrancado de otro siglo.

Sus ojos oscuros y penetrantes transmitían un aura de misterio y peligro.

Pero lo que realmente le heló la sangre fue el reverso de la imagen.

Con una caligrafía elegante, casi intimidante, se leía: “Jazmín la Bruja”.

—¿Jazmín?

—susurró Selene, como si el nombre pudiera invocar algo.

La curiosidad la devoraba.

Corrió hacia su computadora y abrió el navegador.

Tecleó el nombre, el apellido y cualquier palabra que pudiera ayudarla a encontrar una pista.

No sabía si esa mujer era su abuela… o algo más oscuro.

…Tecleó el nombre, el apellido y cómo se titulaba, pensando que podría ser su familia o algo más.

Pero, antes de que pudiera presionar enter, un frío extraño le recorrió la nuca.

Sintió que el aire a su alrededor se volvía más denso, como si la habitación se llenara de un humo invisible.

Entonces, lo escuchó.

Una voz, grave y profunda, rozó sus oídos como un susurro, pero con una fuerza que parecía atravesarle el alma: “Dicen que aquí… habita la bruja más poderosa de este asilo.” Selene se quedó inmóvil, con las manos suspendidas sobre el teclado.

No estaba segura de si la voz había sido real o producto de su imaginación, pero el eco de esas palabras seguía resonando dentro de su cabeza.

Sabía que, si había algo de cierto en aquello, su búsqueda acababa de volverse mucho más peligrosa.

Sabía que, si había algo de cierto en aquello, su búsqueda acababa de volverse mucho más peligrosa.

—¿Quién… está ahí?

—preguntó con un hilo de voz, girando la cabeza hacia la puerta cerrada.

No hubo respuesta.

El silencio era tan espeso que podía escuchar su propia respiración.

Se levantó de la silla y caminó lentamente hacia el pasillo, pero este parecía más largo de lo habitual, como si la casa hubiera cambiado de forma sin previo aviso.

Un leve crujido resonó detrás de ella.

Se dio la vuelta de golpe… y lo único que vio fue la fotografía de Jazmín en el suelo, boca arriba.

Sus ojos —los de la mujer en la imagen— parecían ahora más oscuros, más vivos, como si estuvieran observándola.

La voz volvió, esta vez más clara, justo junto a su oído: “Tu sangre me pertenece… y pronto, vendrás a mí.” El corazón de Selene golpeó con fuerza en su pecho.

Corrió hacia la puerta, pero cuando la abrió, el pasillo estaba envuelto en una neblina que no recordaba haber visto nunca dentro de su casa.

Sabía que lo que había comenzado como una simple búsqueda familiar ya no tenía marcha atrás.

La neblina se movía como si tuviera vida propia, envolviendo sus piernas y guiándola hacia adelante.

Cada paso que daba parecía alejarla más de su casa y acercarla a un lugar que no reconocía.

Las paredes del pasillo desaparecieron, y pronto se encontró caminando por un largo corredor de piedra iluminado por velas que chisporroteaban sin razón.

El aire olía a tierra húmeda y a algo dulce… como flores marchitas.

—Selene… —susurró nuevamente la voz, esta vez más suave, casi dulce.

Al final del corredor, la neblina comenzó a disiparse.

Y entonces la vio.

De pie, en medio de un salón antiguo cubierto de espejos manchados por el tiempo, estaba una chica.

No debía tener más de diecisiete años, y era, sin exagerar, la persona más bella que Selene había visto jamás.

Su cabello largo, liso y de un verde intenso caía en cascada sobre sus hombros, y sus ojos brillaban como dos esmeraldas vivas.

Vestía un corsé negro adornado con encajes y una falda oscura que rozaba el suelo, pero lo que más impactaba era su presencia: elegante, misteriosa y con una fuerza que no parecía humana.

—Soy Jazmín… —dijo la joven, con una sonrisa que no revelaba si era amiga o enemiga—.

Y tú… eres la que he estado esperando.

El corazón de Selene dio un vuelco.

No sabía si debía correr o quedarse, pero una cosa era segura: acababa de encontrar la raíz de todos sus secretos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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