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El despertar de selene - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 capítulo 36reencuentro y confesiones
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36: capítulo 36:reencuentro y confesiones 36: capítulo 36:reencuentro y confesiones Después de que Jazmín, su abuela, se hubo ido, Selen comprendió que debía partir hacia Transilvania lo antes posible.

Aunque su abuela le había aconsejado esperar, ella sabía que era mejor estar aliada antes de que atacaran sin previo aviso.

Con determinación, tomó su giratiempo, lo colocó en el cuello y giró dos veces el collar.

Todo a su alrededor se volvió borroso, hasta que de pronto se encontró en otro lugar.

Llegó a la misma calle donde había estado la primera vez: una ciudad rocosa, llena de turistas y envuelta en una neblina suave y encantadora.

Rápidamente reconoció a alguien: Franco.

No sabía qué hacía en la plaza, pero estaba leyendo con concentración.

—Hola, Franco, ¿qué tal?

—le saludó Selen.

Franco se sobresaltó y preguntó: —¿Selen?

¿Qué haces aquí?

¿Por qué estás aquí?

—Pensé que mi abuela ya habría hablado contigo —respondió Selen—.

Bueno, por si no lo sabes, me mandó a buscarlos a todos porque supuestamente va a venir mi abuelo malvado, ese que quiere recuperar el poder que tenía antes de haber matado a mi abuela.

Cuando la mató, ganó ese poder, pero ahora lo ha perdido y quiere recuperarlo en mí.

Por eso quiero que me ayuden.

¿Crees que puedo contar contigo?

Franco sonrió.

—Claro, podemos ser amigos ahora, aunque no creo que te lleves mucho con Antonia.

Es muy gruñona, pero conmigo cuentas.

Selen le sonrió agradecida.

—Muchas gracias, Franco.

¿Ahora me puedes llevar al portal?

Necesito decirle a los demás.

—Sí, claro —respondió Franco—.

Primero debemos buscar a Bárbara.

Debe estar volando por ahí con su capa de invisibilidad.

—¿Y cómo llegamos hasta arriba?

—preguntó Selen, algo curiosa—.

Soy una bruja, no una vampira.

Franco se burló levemente.

—No te preocupes, no necesitas ser vampira para eso.

Conozco un hechizo.

—Ah, bueno…

no conozco ninguno, pero tengo una escoba que usaba Antonia cuando era niña.

Creo que nos servirá mucho —dijo Selen.

—Genial, ¿dónde está?

Franco la miró y dijo: —Bueno…

la tenía aquí, bueno, en el bolso…

En realidad no sé dónde está, pero podemos robarla de la casa de mi tío.

Selene frunció el ceño preocupada.

—¿Robar?

Claro que no, eso es una locura.

—Mejor vamos al techo —propuso Franco—.

Sé cómo escalar uno, y desde allí puedes llamar a Bárbara.

Franco iba a decir algo más, pero Selena no perdió tiempo.

Tomó la mano de Franco y juntos comenzaron a subir hacia la altura más alta de Transilvania, uno de los edificios más altos de la ciudad.

Franco se sonrojó levemente, pero Selen nunca lo notó, pues estaba demasiado concentrada en encontrar a Bárbara y al resto del grupo.

Él, con las mejillas coloradas, miraba su mano entrelazada con la de ella, sintiendo un cosquilleo inesperado.

Franco estaba tan distraído con sus mejillas sonrojadas que no se dio cuenta de que ya estaban escalando.

Cuando se percató, soltó un leve grito, aunque no muy fuerte, y se dirigió a Selena: —No me dijiste que íbamos a subir así —dijo con algo de sorpresa.

—¿Cómo crees?

—respondió Selena con una sonrisa—.

No hay otra forma.

Bueno, no quiero usar mi varita ahora, y esta es la manera más rápida.

Así que no tengas miedo, es fácil, no te vas a caer.

—No quiero caerme —insistió Franco, nervioso.

Selena lo miró fijamente y le agarró las manos con firmeza.

—Cálmate, Franco.

Si estás conmigo, no te vas a caer, ¿de acuerdo?

Ahora solo toma mi mano y camina junto a mí.

Tenemos que subir al techo.

Franco se sonrojó aún más, como un tomate maduro, sintiendo mariposas revolotear en su estómago.

Pero no dijo nada; solo asintió con la cabeza.

Juntos continuaron caminando hacia el techo.

Con cuidado y algo de esfuerzo, subieron al techo, escalando con algunas dificultades, pero finalmente lograron llegar a la cima del edificio.

Selene, con una leve burla, le dijo a Franco: —¿Ves?

No pasó nada.

Eres un exagerado.

Sin mí no podrías haber hecho esto.

Franco le respondió con un tono un poco molesto, aunque esbozando una sonrisa: —Pero podrías haberme matado, ¿sabes?

Eres muy loca con tus ideas.

Ambos rieron.

En ese momento, Bárbara apareció volando.

Al ver a Selene, sonrió y se abalanzó sobre ella, casi haciéndola caer.

—¡Selene!

Qué gusto verte, ¿cuánto tiempo?

—dijo Bárbara, con una sonrisa tierna y un toque infantil en su voz—.

¿Qué haces aquí?

—Oh, claro —respondió Bárbara—.

Tu abuela vino a hablar conmigo.

Casi lo olvido —rió, mostrando esa ternura que la caracterizaba.

—Qué bueno, me alegra encontrarte.

Solo faltabas tú; los demás están en el portal, según me dijo Franco.Dijo selene Bárbara levantó una ceja y pregunto —¿vaya te acompaño Franco?

—Si me lo encontré —respondió Selena, mientras Bárbara continuaba—.

Bueno no paraba de hablar de ti, después de que te fuiste, parece como si estuviera enamorado de ti.

Franco se sonrojó aún más y se enfadó con Bárbara: —¡Eso no es cierto!

Eso es lo que me cae bien.

—Eres una mentirosa, Bárbara —dijo Franco enojado Selene no sabía qué decir, solo se quedó inmóvil.

Entonces Bárbara miró a Franco y le dijo con picardía: —Ahora lo vas a negar después de haberle llamado “mi vida” a Selene.

No lo dudes, Franco, y deja de mentir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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