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El despertar de selene - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 capítulo 38Los cuatro collares
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38: capítulo 38:Los cuatro collares 38: capítulo 38:Los cuatro collares En cuanto llegaron al cuarto de Selén, todos estaban confundidos, pero no fue hasta que Elías soltó una risa que la situación tomó otro tono.

—Este es el cuarto de humanos —dijo, mirando a su alrededor—.

Pensé que al menos tendría algo de negro, pero todo es rosa y blanco.

Bárbara solo gruñó y le respondió: —No te quejes, Elías, no todo va a ser igual.

—Bueno, al menos no todo habrá sol —replicó él—, así que mejor acostúmbrate Selén le dijo a Elías: —Tendrás que ir a la escuela conmigo para pasar desapercibidos hasta que llegue mi abuela, y lo mismo para ustedes dos, ¿ok?

—Bueno, en este punto ya debería estar en la escuela, así que mejor vámonos.

Y recuerden, no sean sociables.

—¿Ok?

No le hablen a nadie, solo síganme y síganme la corriente.

Franco asintió con la cabeza, y los cuatro salieron a la calle.

En cuanto llegaron a la escuela, todos los estudiantes los miraban raro.

Selén no se preocupó demasiado por eso, aunque no pudo evitar notar las miradas curiosas.

Pero, para colmo, entre la multitud apareció su amado Felipe.

Franco, Elías y Bárbara miraron a Felipe con extrañeza; no sabían que, en secreto, él era el amado novio de Selén.

Felipe se acercó con una sonrisa tierna.

—Hola, Selén —saludó.

Franco se quedó confundido… y con un ligero toque de celos.

Bárbara notó la expresión de Franco, esos celos que intentaba ocultar.

Sin pensarlo demasiado, lo tomó del brazo y lo apartó a un lado de Selén.

—Franco, ¿qué te pasa?

—le susurró con seriedad—.

No estamos aquí para hablar de amor.

Franco la miró, confundido.

—¿De qué hablas?

No te entiendo.

Bárbara gruñó, entornando los ojos.

—Como si no lo supieras… Franco, estás enamorado de Selén, y sabes que eso no puede ser posible.

Él se sonrojó de inmediato.

—¡Claro que no!

Además, son puros cuentos tuyos.

Bárbara arqueó una ceja, incrédula.

—¿Ah, sí?

Entonces, ¿por qué tienes celos de Selén?

Elías, que había escuchado toda la conversación, se acercó a ellos con una ceja levantada.

—Franco, ¿es en serio?

No puedes andar con celos justo ahora.

No sabemos quién es ese tal chico de Selén, pero no puedes seguir con esos cuentos tuyos.

Franco apretó los puños, visiblemente molesto.

—¡Que no siento nada por ella!

Solo somos amigos, por el amor de Dios.

Fue entonces cuando Selén y Felipe se dieron la vuelta y se acercaron a los tres.

—Hey, chicos —dijo Selén con una sonrisa—, él es Felipe, un amigo mío.

Todos se presentaron.

Franco no dudó en hacerlo… aunque por dentro no estaba muy convencido.

Mientras los tres discutían sobre sus opiniones, Selén y Felipe se apartaron unos pasos para hablar en privado.

—Oye —dijo Felipe en voz baja—, no le cuentes esto a nadie, ¿ok?

Ni siquiera a esos amigos tuyos.

—No te preocupes, estará bien —respondió Selén con calma.

—Bien… —dudó un momento y luego preguntó—.

¿Me puedes dar un beso?

Selén se quedó en silencio, con las mejillas encendidas.

—No, Felipe… aún somos muy pequeños para eso.

—¿En otro tiempo sí?

—insistió él.

—Bueno… está bien.

—¿Y aunque sea en la mejilla?

—No… es que, Felipe, no puedo, ¿ok?

Felipe suspiró y murmuró: —Está bien… eres tan fría.

Lo dijo con una sonrisa burlona, pero en un tono seco.

A Selén aquello le pinchó el corazón; no pudo evitar sentirse un poco herida.

Selén se alejó de Felipe y regresó junto a Elías, Bárbara y Franco.

—Chicos —dijo con un tono serio—, creo que mi abuela estará aquí… ahora.

Lo puedo sentir.

Bárbara frunció el ceño.

—¿Estás segura?

—Más que segura —afirmó Selén—.

Ella me dijo que, si lo presentía, debía ir a los baños.

Es el lugar seguro para comunicarnos con ella.

—Está bien, vamos corriendo —dijo Elías sin dudar.

Los cuatro comenzaron a avanzar rápidamente por el pasillo, abriéndose paso entre los estudiantes, hasta llegar a la puerta del baño.

Cuando entraron al baño, se aseguraron de que no hubiera nadie y se encerraron en uno de los cubículos.

Los tres unieron sus manos mientras Bárbara sacaba de su bolsillo una pequeña vela y la encendía con cuidado.

Esperaron unos segundos en silencio, hasta que Selén habló en voz baja pero firme: —Abuela… si estás aquí, acércate.

Ya te hemos visto.

Puedes acercarte.

En ese instante, el clima cambió.

El aire se volvió más frío y denso, y una extraña rigidez envolvió la habitación.

Una neblina espesa comenzó a colarse por el suelo, subiendo lentamente.

Todos cerraron los ojos.

Un minuto después, la figura de Jazmín, la abuela de Selén, apareció frente a ellos.

Jazmín sonrió al verla.

—¡Oh, qué bueno que trajiste a tus amigos!

¡Los estábamos esperando!

—exclamó con entusiasmo.

Su mirada se volvió más seria.

—Ahora… he averiguado quiénes son los brujos.

Pero antes, si ese maldito bastardo de mi exmarido viene a ocupar tu poder, necesitan protegerse los cuatro con collares mágicos.

Sacó una pequeña bolsa de tela bordada con símbolos antiguos y continuó: —Los diseñé especialmente para ustedes.

Por eso me demoré un poco más en venir.

Jazmín abrió lentamente la pequeña bolsa de tela bordada.

Un leve resplandor se escapó de su interior, iluminando el baño con destellos que parecían respirar.

—Cada uno de estos collares fue hecho para ustedes —dijo con voz solemne—.

No son simples amuletos: llevan parte de mi magia y de mi protección.

Se acercó primero a Franco.

Sacó un colgante de plata con una piedra amarilla que palpitaba como un pequeño sol.

—Este es Luminor.

Su luz nunca se apagará mientras tu corazón siga lleno de entusiasmo.

Potencia tu alegría y energía, y, en momentos oscuros, ahuyentará la tristeza y el miedo.

—Cuando se lo colocó, un halo dorado lo envolvió, y diminutas chispas doradas danzaron a su alrededor antes de desvanecerse.

Luego, caminó hacia Bárbara y extrajo un colgante oscuro con un rubí profundo que parecía arder desde dentro.

—Este es Sangrival.

La fuerza y la valentía de una verdadera guerrera están aquí.

Te dará resistencia y aumentará tu velocidad en combate.

—Al posarlo en su cuello, un brillo rojo intenso recorrió todo su cuerpo, como si su sangre ardiera de poder, para luego apagarse suavemente.

Después, se volvió hacia Elías.

En sus manos apareció un medallón de bronce con una gema azul en forma de estrella.

—Este es Astérion.

Para un mago audaz y ambicioso como tú, aumentará la potencia de tus hechizos y la precisión de tu magia.

—En cuanto lo llevó a su cuello, estallaron diminutas chispas azules y plateadas que giraron a su alrededor como un cielo estrellado.

Finalmente, se acercó a Selén.

Sostuvo un delicado relicario en forma de media luna, con un cristal rosado que emitía un brillo suave y cálido.

—Este es Coraluna.

Representa tu dulzura, tu valentía y tu inteligencia.

Te protegerá contra hechizos que ataquen tu mente y agudizará tu intuición mágica.

—Al colocárselo, una luz rosada se expandió en ondas suaves, como si la luna misma la abrazara.

Jazmín los miró a los cuatro con orgullo.

—Ahora están protegidos.

Pero recuerden: la verdadera fuerza de estos collares nace de ustedes mismos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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