El despertar de selene - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 capítulo 39El peligro acecha
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39: capítulo 39:El peligro acecha 39: capítulo 39:El peligro acecha Después de que Jazmín le dijera esto, Selene le respondió a su abuela: —No te preocupes, abuela, los cuatro lograremos hacer esto.
Jazmín sonrió y dijo: —Bien, yo les contaré cuáles son los brujos que pueden ayudarlos, para quienes también quieran usarlos.
Ahora, los cuatro deben ir al cuarto de Selene, en su casa, y resguardarse, porque él no llegará ahora.
Pero debemos estar listos para irnos cuando él los espere.
Al ver eso, Jasmine salió del baño, pero solo espiritualmente.
Al darse cuenta, Franco supuso: —¿Por qué no vamos a tu casa, Selene?
Selene respondió: —Está bien, faltan pocos minutos para que toquen el timbre e irnos.
Solo debemos esperar un poco.
—Bueno —dijo Elías—, nos quedaremos aquí en el baño entonces.
Bárbara comentó: —Espero que no haya nadie más, ni humanos.
agregó en tono de burla: —Querré comerles la sangre.
Todos rieron, pero Elías preguntó: —¿Y quién era ese chico con el que estabas…?
¡Ah, sí!
¿Cómo se llamaba?
¡Oh, cierto, Felipe!
¿Quién es?
Selene dudó un poco antes de responder, pero finalmente dijo: —Es mi novio en secreto.
Bueno, siempre quise que fuera mi novio, y finalmente lo es.
Estoy tan feliz, pero…
siento que no estoy lista para esto.
Especialmente porque no quiero que nadie sepa.
Por eso no mostramos nuestro amor en público.
Bárbara comentó: —¡Qué hombre tan fatal!
¡Extraordinario!
¿Quién no demuestra su amor en público?
Pero si ese es su secreto y nadie se puede enterar, ¿por qué?
Selene le respondió: —Porque si no, su mamá lo va a regañar, y él no quiere tener novio aún.
Elías añadió: —¡Qué fracaso!
Yo lo haría a escondidas, pero en el colegio no le diría a su mamá.
Franco, en tono de burla, dijo: —¡Exacto!
Creo que a ese tipo no te conviene.
Selene admitió: —Bueno, quizás tengan un poco de razón.
Pero en fin, siempre estuve enamorada de él desde el primer día que lo conocí.
Fue el amor de mi vida, y hasta ahora lo es.
Aunque no creo que sea para mí.
Bárbara admitió: —Sí, amiga, deberías dejarlo.
Es un total fracaso, nada que ver.
Pero luego dijo: —Oh, mira, ya tocó el timbre.
Después de la conversación entre los cuatro, la campana sonó.
Elías propuso: —Vamos, Selene, antes de que se haga tarde.
No quiero ver ni convivir con esos mugrosos humanos.
Selene respondió: —Oh, bueno, debo aclararles que vivo con mi mamá bruja y mi papá humano.
¿No les molestaría, verdad?
Franco contestó: —Claro que no, Selene.
Bueno, no sé si a estos dos sí, pero a mí no.
Soy hijo de padres mestizos también, no te preocupes.
Ambos sonrieron y los cuatro salieron del baño, dirigiéndose hacia la casa de Selene.
En el camino, se encontraron con un bosque que Selene recordó haber atravesado antes, aunque no le había ido del todo bien.
Por eso, trató de evitar entrar en él.
Pero Elías dijo: —Oye, mira, ¿no es este el bosque que lleva a tu casa de forma más directa?
¿Por qué das toda la vuelta si tienes ese bosque?
Selene respondió: —No sabes lo que hay en ese bosque, es aterrador.
Quise entrar un día…
Entré.
Fue espantoso.
Había algo allí.
Algo extraño en ese bosque.
Bárbara preguntó: —¿Crees que esté encantado?
Selene contestó: —No lo sé, pero había algún espíritu mágico ahí que quería matarme.
Franco intervino: —¿No será el ex esposo de tu abuela Jazmín?
Que ahora se convirtió en un espíritu para atormentarte.
Selene negó: —No lo creo, debe ser uno de sus secuaces.
O no sé, pero sé que ese bosque está mal.
Está encantado o algo así.
Por eso había un cartel que decía “No entrar”.
Porque había monstruos.
Al principio pensé que solo era una broma, pero después me di cuenta de que era cierto.
Selene hizo una pausa y bajó la voz, mientras sus ojos se clavaban en el oscuro follaje del bosque.
—Una vez, cuando entré, escuché susurros que no entendía…
y sentí como si algo me siguiera.
No podía distinguir si era un animal o algo peor.
Elías frunció el ceño y preguntó: —¿Y qué hiciste?
—Corrí lo más rápido que pude —respondió Selene—, pero sentí que algo rozaba mi espalda, como si alguien o algo quisiera atraparme.
Desde ese día, no vuelvo a acercarme.
Bárbara, intrigada, añadió: —¿Y ese cartel?
¿Quién lo puso?
Selene negó con la cabeza: —No sé, pero el cartel parecía viejo y desgastado, como si llevara ahí años.
Además, al salir del bosque, encontré rastros que parecían pisadas, pero no humanas.
Franco se acercó un poco más y, en tono serio, dijo: —Tal vez sea hora de que enfrentemos ese bosque.
Si está encantado o si hay espíritus oscuros, quizá podamos descubrir qué pasa y ayudar a que deje de ser un peligro.
Selene los miró a todos y asintió lentamente.
—De acuerdo, pero debemos estar preparados.
Este bosque no es un juego.
Los cuatro se miraron con determinación mientras el viento susurraba entre las hojas, como si el bosque mismo los estuviera vigilando.
El grupo se adentró lentamente en el bosque, la luz del sol se filtraba apenas entre las ramas, y un silencio inquietante los envolvía.
Cada paso hacía que el crujir de las hojas secas resonara demasiado fuerte, como si el bosque mismo estuviera alerta.
De repente, Selene sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Algo invisible rozó su brazo con una frialdad espeluznante.
Quiso dar un paso atrás, pero una sombra oscura surgió de entre los árboles, con ojos rojos que brillaban en la penumbra.
Un susurro gutural salió de la sombra: —Te he estado esperando, Selene…
Selene intentó gritar, pero el miedo la paralizó.
Justo cuando la sombra avanzaba para atacarla, Franco saltó delante de ella, con una expresión feroz.
Sin dudarlo, extendió sus brazos y un resplandor mágico surgió de sus manos, formando un escudo luminoso que bloqueó el ataque.
—¡No la toques!
—gritó Franco, con voz firme—.
Ella está bajo mi protección.
La sombra chilló y retrocedió, pero no desapareció del todo, sus ojos seguían fijos en Selene, prometiendo regresar.
Franco sostuvo fuerte a Selene, protegiéndola con todo lo que tenía.
Selene, temblando, miró a Franco con gratitud y miedo a la vez.
—Gracias…
siempre estás ahí.
Franco le sonrió, pero su mirada seguía alerta, sabiendo que el peligro aún acechaba entre las sombras del bosque.
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