El despertar de selene - Capítulo 40
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- Capítulo 40 - 40 capítulo 40El primer lunarispectra
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40: capítulo 40:El primer lunarispectra 40: capítulo 40:El primer lunarispectra Ambos estaban asustados.
Selene y Franco intercambiaban miradas nerviosas, pero Bárbara y Elías parecían estar aún peor.
—¿Qué… qué ha sido eso?
—preguntó Bárbara, con la voz temblorosa—.
Intentó matarte, Selene.
Elías dio un paso atrás, frunciendo el ceño.
—No creen que sea uno de sus secuaces… ¿verdad?
—Yo lo creo —replicó Bárbara con firmeza—.
¿Y si fue Antonia?
—No —negó Elías de inmediato—.
Imposible.
Franco miró directamente a Elías.
—No sería imposible.
Ya intentó matar a Selene una vez… ¿y crees que no podría haber sido ella?
—No creo que haya sido ella —insistió Elías—.
No tenía ni la forma.
Puede que sea malvada, sí, pero no era su silueta.
Entiendan.
Antes de que todos pudieran seguir discutiendo sobre qué había sido aquello, Selene sintió un abismo abrirse dentro de sí, un impulso incontrolable de volver a usar sus poderes.
Sin pensarlo, dio un paso al frente.
Su respiración se aceleró y, de pronto, una visión se apoderó de su mente: decenas de hombres y mujeres avanzaban hacia su casa, rodeándola.
Afuera, el aire se llenaba de humo mientras levantaban incendios con magia y atacaban a sus padres sin piedad.
En medio de la visión, su cuerpo se elevó del suelo, como arrastrado por una fuerza invisible.
Sus ojos brillaron de un verde intenso y su cabeza se inclinó hacia atrás, como si buscara algo en el cielo.
Cuando la imagen desapareció, Selene descendió lentamente, aún temblando.
Colocó una mano frente a sí y, en cuestión de segundos, una esfera de fuego comenzó a formarse en su palma, ardiendo con una luz que iluminó sus rostros.
Bárbara, Elías y Franco se quedaron paralizados.
No sabían qué acababan de presenciar… ni qué le había sucedido realmente a Selene.
—Selene… ¿estás bien?
—preguntó Elías, rompiendo el silenció.
Selene respondió con un leve titubeo: —Sí… bueno… acabo de tener una visión.
—¿Visión?
—preguntó Bárbara, frunciendo el ceño—.
¿Qué tipo de visión?
Selene tragó saliva, ansiosa.
—Había hombres y mujeres… llevaban largos trajes y vestidos como de la época medieval.
Empezaron a incendiar mi casa con fuego… usando sus poderes.
Y… y vi a un hombre que intentaba atacar a mis padres.
Franco frunció el ceño.
—Eso no está nada bien.
¿Crees que pueda suceder ahora?
Selene bajó la mirada.
No sabía qué responder, pero al final murmuró: —No lo sé… pero ha pasado algo que nunca me había ocurrido antes.
—¿Cómo que algo?
—preguntó Elías.
—Miren… —Selene levantó la mano, y allí, suspendida sobre su palma, brillaba la misma bola de fuego que había creado antes.
Elías la observó con atención.
—¿Qué significa eso?
—No tengo ni idea —respondió ella, inquieta—.
¿Alguien sabe qué significa?
Bárbara dio un respingo, con los ojos muy abiertos.
—¡Oh!
¡Ya sé lo que significa!
Se agachó rápidamente y, de su bolso, sacó un libro de hechizos antiguo, con tapas desgastadas y hojas amarillentas.
Pasó las páginas con manos temblorosas hasta que se detuvo en un símbolo brillante.
—Esto… esto es un Lunarispectra.
Todos la miraron sin entender, y ella continuó, leyendo casi en susurros, como si temiera que las palabras tuvieran poder propio: —Es un fenómeno arcano en el que la energía latente de un alma se sincroniza con las corrientes invisibles de la magia ancestral, revelando visiones del futuro y manifestando un poder elemental más allá del control consciente.
Solo ocurre cuando el portador se encuentra en una encrucijada que puede alterar el destino… y suele ir acompañado de cambios físicos como brillo en los ojos o incluso elevación del cuerpo.
Bárbara alzó la vista, seria.
—Eso significa, Selene, que estás experimentando tu primer Lunarispectra.
Selene parpadeó, confundida.
—¿Qué?
¿Eso es posible?
—Creo que sí —respondió Bárbara sin dudar.
Elías frunció el ceño.
—¿Y qué es exactamente eso del Lunarispectra?
Nunca lo había escuchado.
—Es muy poco común que le ocurra a alguien —explicó Bárbara—.
Solo los magos con más sabiduría… o quienes están en verdadero peligro.
Franco se adelantó un paso.
—¿Entonces significa que Selene podría estar en peligro?
Bárbara lo miró con preocupación.
—No lo sé… pero creo que esto intenta advertirle de algo.
Franco miró a Bárbara con inquietud.
—Pero entonces… ¿por qué le pasó esto a Selene?
¿No dice algo más tu libro de hechizos?
Bárbara negó con la cabeza, cerrando el pesado tomo con un golpe seco.
—No.
Esto… bueno, nunca se ha mencionado en mi escuela de magia y hechicería.
Le sucede a muy pocos.
Ni siquiera les ha ocurrido a los grandes magos.
—Hizo una pausa—.
Hay un registro… apenas un dos por ciento de las personas lo han experimentado.
Selene sintió que la confusión la envolvía aún más.
—Entonces… ¿quiere decir que podría estar pasando algo malo ahora mismo?
Elías habló con cautela, sin apartar la vista de la esfera de fuego que brillaba en las manos de Selene.
—No sabemos qué significa, ni por qué te ocurrió.
Pero… creo que esto quiere advertirte algo.
Selene, deberíamos ir a tu casa cuanto antes.
Si lo que viste es cierto… puede cumplirse ahora o en un futuro muy cercano.
Las palabras se quedaron flotando en el aire.
Todos sintieron un nudo en el estómago.
Sin decir más, comenzaron a correr, saliendo del bosque, mientras la preocupación latía en cada paso.
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