El despertar de selene - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - 41 capítulo 41El despertar del poder y la amenaza
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41: capítulo 41:El despertar del poder y la amenaza 41: capítulo 41:El despertar del poder y la amenaza Mientras corrían hacia la casa de Selene, Bárbara dio un salto repentino.
—¡Chicos!
—exclamó—.
Creo que Elías tiene razón.
Elías giró la cabeza sin dejar de avanzar.
—¿De qué hablas?
Los ojos de Bárbara se tornaron de un rojo intenso, como el de los vampiros antiguos, y comenzaron a chisporrotear con energía.
—Acabo de ver algo… —su voz se volvió grave—.
Alguien nos sigue.
Franco frenó en seco.
—¿Qué viste exactamente?
—No lo sé… —Bárbara entrecerró los ojos—.
Está usando una capa invisible.
Hay… algo más.
No logro detectarlo del todo.
Su mirada volvió a encenderse y, sin detenerse, comenzó a indagar más profundo en su mente, tratando de descifrar lo que sus sentidos apenas le dejaban percibir.
Franco miró a Bárbara, inquieto.
—¿Ya la encontraste?
Bárbara abrió los ojos y estos volvieron a su azul natural.
—Sí… aún no sé quién es —dijo—.
Pero está usando un hechizo muy prohibido.
Selene frunció el ceño.
—¿Qué tipo de hechizo prohibido?
—Está usando un Aérum Veil —respondió Bárbara con gravedad.
Elías parpadeó confundido.
—¿Un qué?
Bárbara suspiró, medio divertida.
—¡Ah!
Debes estudiar más, sabes.
En fin… está usando ese hechizo.
Es muy prohibido.
Tomó aire y continuó, describiendo con precisión: —Cuando se pronuncian las palabras mágicas, “Aérum Vela Obscurium”, el lanzador queda envuelto en un manto de aire encantado que lo eleva a gran velocidad y, al mismo tiempo, lo oculta completamente de la vista.
Incluso de la magia sensorial común, la invisibilidad que otorga no es solo física, sino mágica.
Ni con visiones arcanas ni con rastros de energía puede detectarse fácilmente.
Hizo una pausa y agregó: —El hechizo requiere un gran control de la respiración y concentración extrema.
Si el lanzador se agita o pierde el ritmo, el velo se rompe y el cuerpo vuelve a ser visible.
El efecto visual al lanzarlo es impresionante: el aire alrededor vibra como un espejismo y, en un parpadeo, el lanzador desaparece, dejando solo una brisa fría como rastro.
Franco la miró asombrado.
—Oye, Bárbara… ¿de dónde sacaste tanta información?
Eres muy inteligente.
—¡Ah, libro de hechizos, capítulo 259!
—dijo ella con una sonrisa tímida—.
Debería estudiar un poco más.
Selene la miró, agradecida.
—Bueno, Bárbara, nos sirvió de mucha ayuda… pero, ¿quién puede estar detrás de esto si nos están siguiendo?
Elías bajó la voz, casi susurrando.
—¿No creen que pueda ser… Antonia?
Franco arqueó una ceja.
—¿Creen que pueda ser ella?
Bárbara frunció el ceño, reflexionando.
—No lo creo, pero tampoco lo descarto.
Selene apretó los puños.
—No sería extraño… después de que intentara matarme, no me sorprendería que nos estuviera siguiendo.
Perfecto, aquí tienes tu fragmento reescrito en formato de libro, integrando el hechizo que inventamos (Visior Electrón) y manteniendo la tensión y las reacciones de los personajes: — Franco dejó de moverse, y sus cabellos azules chisporrotearon con electricidad, erizándose como rayos concentrados.
Se puso frente a Selene, con los ojos fijos y decididos.
—¡Oculis Detectare!
—gritó—.
Un destello azul salió de sus ojos, recorriendo el aire en finas líneas eléctricas que parecían bailar entre ellos.
En un instante, la silueta invisible frente a ellos comenzó a dibujarse con luz plateada… y la cara de Antonia apareció, asustada y atrapada en el hechizo.
—¡Antonia!
—exclamó Bárbara, dando un paso al frente, con incredulidad y miedo a la vez.
Franco bajó los brazos, respirando con fuerza.
Había lanzado un Visior Electrón, y por primera vez, habían logrado ver al enemigo invisible.
La tensión en el aire era palpable; ahora sabían con certeza a quién enfrentaban.
Elías miró a Antonia con decepción marcada en el rostro.
—Antonio… estoy súper decepcionado de ti.
¿Por qué nos estás vigilando?
Antoniaesbozó una sonrisa burlona, fría y calculadora.
—No soporté que toda su atención fuera a selen —dijo—.
Siempre quise más, pero nunca obtuve nada.
Decidí unirme al equipo del señor Matías.
Es muy satisfactorio.
Ahora tengo más poder y magia… cosas que selen nunca tendrá.
Franco frunció el ceño y su voz se llenó de ira.
—Pero si eras nuestra amiga, Antonia… ¿cómo pudiste traicionarnos?
¿Por qué ahora eres mala?
Antonia se encogió de hombros y sonrió con desdén.
—¿Por qué?
Porque si no eres mala, no tienes valor.
Selene dio un paso al frente, con el corazón latiendo con fuerza.
—¿Qué te he hecho yo para que me hagas esto?
—preguntó, con la voz temblorosa—.
¿Acaso por qué me intentaste matar el otro día?
Antonia suspiró, con un gesto casi teatral.
—Te hubiera matado… si no hubiera sido por mi jefe.
Me llamó… y yo no puedo fallar sus órdenes.
Bárbara, con lágrimas y rabia contenida, gritó: —¡¿Cómo pudiste hacernos esto?!
¡Tú eras mi mejor amiga, maldita!
El silencio se hizo pesado por un instante, roto solo por el crepitar de la magia y la tensión que flotaba en el aire.
Cada uno de ellos comprendía que la traición de Antonia había cambiado todo.
Los ojos de Selene brillaron con un verde intenso, como esmeraldas vivientes, mientras su cabello se levantaba y flotaba en el aire a su alrededor.
Una energía desconocida la hizo levitar unos centímetros sobre el suelo.
No sabía exactamente qué estaba haciendo, pero dio un paso firme hacia Antonia.
Antes de que ésta pudiera siquiera esbozar una sonrisa burlona, Selene abrió la boca y gritó con toda su fuerza: —¡Frigus Totalis!
Una esfera de hielo puro surgió de sus manos, brillando con un azul intenso, y se disparó hacia Antonia.
Al impactar, una ola de escarcha envolvió su cuerpo.
En segundos, Antonia quedó completamente congelada, con la cara rígida y el aliento suspendido en nubes de vapor helado.
Los demás se quedaron paralizados, boquiabiertos.
—¿Qué… qué ha hecho?
—murmuró Franco, incrédulo—.
¿Selene?
La magia había cambiado por completo el equilibrio de poder en un instante, y todos comprendieron que algo nuevo y aterrador se había despertado dentro de Selene.
Selene cayó al suelo, agotada y débil.
—No sé qué sucedió… no quise hacer eso —susurró, con la voz temblorosa.
Bárbara se acercó rápidamente y la ayudó a incorporarse.
—No te preocupes —dijo—.
Era mejor así.
El hechizo se desvanecerá en unas cuantas horas.
Pero ahora debemos ir a tu casa; no sabemos qué está pasando.
Elías y Franco la ayudaron a levantarse, y los cuatro corrieron hacia la casa de Selene.
Al llegar, Franco dio un paso al frente… pero no había señales de sus padres.
La casa estaba vacía.
De repente, una carta cayó desde el cielo, como si el aire mismo la hubiera dejado descender.
Bárbara y Elías intercambiaron miradas de confusión.
Selene inclinó la cabeza, intrigada, mientras Franco recogía la carta y preguntaba: —¿Qué creen que sea esto?
—Debe ser alguna alerta del equipo de Matías—mencionó Bárbara, preocupada—.
¿No lo creen?
—Léela —dijo Selene con firmeza.
Franco obedeció y comenzó a leer en voz alta: “Soy Matías Quizás no me conoces, Selene, pero sería tu abuelo ahora.
Pero no quiero serlo, porque quiero tu poder.
Tú eres una de las mejores brujas, aunque no lo sepas.
Si tengo tu sangre en mí, puedo hacer de este mundo un lugar mejor.
No atacaré ahora, pero sí en el futuro.
Prepárate, porque no querrás perder a alguien.” Al terminar de leer, un silencio helado cubrió el grupo.
Todos estaban aterrorizados, sin saber cómo reaccionar.
—¿Qué le pasa a ese tipo?
—preguntó Elías, con incredulidad y miedo.
—Debemos estar preparados para esto —dijo Selene, con determinación.
—Tienes toda la razón —añadió Bárbara—.
No debemos esperar más.
Franco asintió lentamente y dejó la carta a un lado, con un aire de misterio que los hizo estremecer a todos.
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