El despertar de selene - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 capítulo 42La llamada del océano
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42: capítulo 42:La llamada del océano 42: capítulo 42:La llamada del océano Todos estaban preparados para enfrentarse a Matías y su temible ejército Pero de pronto, los ojos de Elías se abrieron con sorpresa.
—Oigan… chicos, ¿qué es ese círculo de fuego?
—preguntó, señalando hacia delante.
Bárbara, Franco y Selene siguieron la dirección de su mirada.
Sus ojos se encontraron con un círculo llameante que danzaba sobre el suelo.
—¿Qué… qué es eso?
—murmuraron los tres al unísono.
Bárbara frunció el ceño, reconociendo algo familiar en aquel fenómeno.
—Hey… no puede ser… eso… eso lo dijo Matías, ¿verdad?
Selene dudó por un instante, pero finalmente asintió.
—No lo creo… pero tampoco me sorprendería.
Ven, vamos a acercarnos.
Los cuatro avanzaron con cautela hacia el círculo de fuego.
Cada paso crujía sobre la tierra y el calor de las llamas hacía que sus pieles se erizaran.
Al llegar, notaron que el fuego rodeaba una excavación.
La tierra parecía moverse, como si algo quisiera salir de ella.
El miedo era evidente en Bárbara, Franco y Elías, cuyos ojos se agrandaban con cada instante que pasaba.
Selene, sin embargo, se mantuvo firme.
Con determinación, se agachó y extendió la mano hacia la tierra que temblaba bajo sus dedos.
Tan pronto como su piel tocó el suelo, las llamas se apagaron de golpe, dejando el aire cálido y silencioso a su alrededor.
Selene apartó un poco de tierra y, con cuidado, sacó un objeto que brillaba con luz propia: un collar azul, deslumbrante y perfectamente conservado.
Era tan hermoso que parecía hecho para la realeza, un objeto imposible de ignorar.
Bárbara, Franco y Elías se quedaron sin palabras, sus miradas llenas de confusión y asombro.
—¿Un collar… aquí?
—balbuceó Bárbara.
Selene lo sostuvo entre sus manos, admirando su resplandor.
Aquel hallazgo no era simplemente un objeto; parecía contener un misterio que cambiaría todo lo que conocían.
Fue entonces cuando Bárbara rompió el silencio con un tono lleno de emoción.
—Oigan chicos… yo sé lo que es.
Franco parpadeó, incrédulo.
—¿Es en serio?
¿Cómo lo sabes?
Bárbara reaccionó rápido, sacando de su mochila un libro antiguo, cubierto de polvo y con páginas amarillentas por el tiempo.
—Miren, lo voy a buscar —dijo con seguridad.
Elías y Franco intercambiaron miradas.
Ambos sabían que Bárbara encontraría la respuesta más rápido que ellos.
Y, efectivamente, así fue.
Con manos ágiles y decididas, Bárbara hojeó las páginas hasta que sus ojos se detuvieron en un fragmento iluminado por la luz del crepúsculo.
—Oigan chicos… —dijo, levantando la vista—.
Esto es un collar de Corazón de Sirena, Franco.
—¿Corazón de Sirena?
—preguntó él, incrédulo.
—Así es —confirmó Bárbara.
Selene frunció el ceño, intrigada.
—¿Por qué se llama Corazón de Sirena?
Bárbara respiró hondo y comenzó a leer en voz alta, mientras los demás escuchaban atentamente: > “Hace muchos años, en el reino de Eldoria, donde los bosques encerraban secretos antiguos y los ríos brillaban con luz mágica, existía una leyenda: el collar de Corazón de Sirena.
Se decía que estaba hecho con el cristal más puro del fondo del mar, extraído de las cuevas donde las sirenas cantaban canciones de esperanza y advertencia, incluso de poder.
El collar tenía la forma de un corazón que latía suavemente con un resplandor azul verdoso, como si guardara la esencia del océano.
Quien lo portara debía escuchar los susurros de las aguas y entender los misterios de las criaturas marinas.
Pero no era un poder sin precio.
El corazón del collar solo latía para aquellos de espíritu puro y corazón valiente.
Aquellos con ambiciones oscuras se encontraban atrapados en un sueño sin fin si lo tocaban.
Hace muchos siglos, la sirena Lyra, la más sabia de su clan, se enamoró de un joven caballero llamado Alaric.
Para salvarlo de una maldición que lo condenaba a morir en una tormenta, Lyra sacrificó su propia voz y colocó su corazón dentro del collar.
Desde entonces, el Corazón de Sirena pasó de generación en generación, siempre buscando a alguien digno de su magia y capaz de proteger los secretos del mar.
Quien lo encuentre, será digno de él… y no será por elección, sino por destino.” Los cuatro quedaron en silencio, absorbiendo la magnitud de lo que Bárbara acababa de revelar.
El collar que Selene sostenía no era solo un objeto hermoso: era un legado de amor, valentía y magia antigua, un poder que elegiría a su portador con el peso del destino.
Selene miró el collar entre sus manos, sintiendo un calor suave que parecía recorrer su brazo hasta el pecho.
Un extraño latido resonaba dentro de ella, como si el corazón del collar quisiera sincronizarse con el suyo.
—Siento… algo —susurró, sorprendida—.
Como si… me llamara.
Bárbara asintió, comprendiendo de inmediato.
—Eso es la magia del Corazón de Sirena —explicó—.
Solo un corazón valiente puede sentirlo así.
Franco y Elías intercambiaron miradas nerviosas.
La atmósfera alrededor de ellos parecía vibrar con energía, y las sombras de los árboles danzaban como si tuvieran vida propia.
De repente, el collar emitió un destello azul intenso y una corriente de aire salada se levantó a su alrededor, como si el océano mismo hubiera despertado.
Selene cerró los ojos, tratando de no dejarse llevar por el vértigo que la magia provocaba.
—¡Selene, cuidado!
—gritó Franco—.
¡No sabemos qué pueda hacer!
Pero Selene no podía detenerse.
Una voz suave y melodiosa surgió en su mente, como si Lyra misma le hablara: “No temas, portadora.
Solo quien confíe en su corazón puede dominarme.
Escucha el latido, siente el mar.” El collar empezó a brillar aún más y, para asombro de todos, pequeñas olas de agua cristalina surgieron del suelo, serpenteando alrededor de Selene sin mojarla.
Cada chispa de luz parecía responder a sus pensamientos, como si el Corazón de Sirena reconociera su pureza y valentía.
—¡Es increíble!
—exclamó Bárbara—.
¡Nunca había visto magia tan viva!
Pero no todo era tranquilidad.
Un ruido seco y metálico rompió la concentración del grupo.
Desde el bosque, figuras sombrías se movían entre los árboles: soldados de Matías, atraídos por la magia del collar.
Sus ojos codiciosos brillaban con deseo y ambición.
—¡Nos han visto!
—alertó Elías—.
Tenemos que defendernos.
Selene levantó el collar frente a ella, y en ese instante, una ola de energía azul la envolvió.
Las criaturas del mar, invisibles para los demás, parecían acudir a su llamado, creando un escudo que los protegía de los atacantes.
La magia del collar no solo era hermosa: era poderosa, y Selene era su portadora.
Bárbara, Franco y Elías se colocaron a su lado, listos para enfrentar a los soldados, mientras Selene comprendía algo fundamental: el Corazón de Sirena no solo protegía a quien lo portaba, sino que respondía a su corazón, a su valor y a su voluntad.
Si lograba controlarlo, podrían cambiar el destino del reino entero.
Y Selene, con el collar brillando sobre su pecho, juró en silencio: “Protegeré este poder… y nadie hará daño a los que amo.” El primer combate por el destino del Corazón de Sirena había comenzado.
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