El despertar de selene - Capítulo 44
- Inicio
- Todas las novelas
- El despertar de selene
- Capítulo 44 - 44 capítulo 44Magia secretos y un beso
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
44: capítulo 44:Magia secretos y un beso 44: capítulo 44:Magia secretos y un beso —Verán… aquí hay un bosque —dijo Kael, señalando con la mano—.
Miren, es ese.
Si se atreven a entrar, encontrarán cosas que jamás han visto.
Selene, Bárbara y Elías lo observaron con curiosidad.
—Pero recuerden —continuó Kael, con voz firme—, no le falten el respeto a nada ni a nadie dentro.
La reina no perdona infracciones en su reino.
—Entendido —dijeron al unísono, mientras Kael se despedía—.
Ahora debo irme.
Hasta luego.
Selene, Bárbara y Elías le dijeron adiós, pero Franco se quedó en silencio, cruzando los brazos y con el ceño fruncido.
No estaba muy contento de separarse de Selene, aunque no lo admitiera en voz alta.
Los cuatro se adentraron en el bosque, donde la luz del sol se filtraba entre los árboles con hojas de tonos esmeralda y azul brillante.
Sin embargo, algo llamó su atención de inmediato: el Corazón de Sirena comenzó a latir con fuerza, emitiendo chispas azules que iluminaban su camino entre la vegetación.
—¿Qué… está pasando?
—preguntó Selene, sosteniendo el collar contra su pecho.
El bosque comenzó a volverse borroso, como si la realidad se estuviera derritiendo a su alrededor.
Una chispa de luz surgió desde el corazón del bosque, creciendo y expandiéndose, hasta que una explosión de magia iluminó el lugar por completo.
Cuando la luz se disipó, lo que vieron los dejó sin aliento: pequeñas hadas revoloteaban entre los árboles, dejando estelas de luz a su paso; en el río, sirenas nadaban con gracia, saludando con curiosidad a los visitantes; y diminutos dragones, de colores brillantes y escamas relucientes, jugaban y practicaban magia en el aire.
El bosque estaba vivo, vibrante y lleno de maravillas.
Cada rincón parecía esconder secretos y criaturas mágicas que jamás podrían haber imaginado.
Selene apretó el Corazón de Sirena con fuerza, sintiendo cómo su latido se sincronizaba con el ritmo del bosque.
—Es… increíble —susurró Bárbara, con los ojos brillantes de emoción—.
Nunca había visto algo así.
Elías miró a su alrededor, maravillado y algo cauteloso.
—Este lugar… no es solo un bosque.
Es un mundo entero lleno de magia.
Debemos tener cuidado.
Franco, aunque seguía un poco molesto, no pudo evitar abrir los ojos con asombro.
Incluso él tenía que admitir que aquello era más impresionante de lo que había imaginado.
Selene dio un paso adelante, lista para explorar.
Sabía que este bosque encantado tenía mucho que enseñarles… y que el Corazón de Sirena probablemente sería la clave para descubrir todos sus secretos.
Selene avanzó con cuidado entre los árboles, mientras las pequeñas hadas revoloteaban a su alrededor, iluminando su camino con estelas de luz azul y dorada.
Algunas se posaban en sus hombros y cabello, como si quisieran saludarla, mientras otras giraban alrededor de Franco, haciendo que éste frunciera el ceño, claramente incómodo con tanta atención a Selene.
—¡Miren eso!
—exclamó Bárbara, señalando un grupo de dragones diminutos que lanzaban pequeñas llamaradas de colores sobre el río, creando arcoíris de fuego que se reflejaban en el agua.
Elías dio un paso hacia el río y vio cómo las sirenas nadaban cerca, jugando con burbujas que flotaban en el aire como cristales suspendidos.
Sus cantos eran suaves, melodiosos, y llenaban el bosque de una armonía que hacía que todos los sonidos humanos parecieran apagados y lejanos.
—Todo esto… es magia pura —murmuró Selene, tocando el Corazón de Sirena—.
Siento que todo aquí responde a mí… o al menos, al collar.
De pronto, el bosque pareció moverse.
Los árboles inclinaron sus ramas como si les hablaran, y el suelo brillante formó senderos que los guiaban hacia un claro iluminado por luces flotantes y hongos gigantes que emitían un resplandor violeta.
—Este lugar… no es solo bonito —dijo Bárbara—.
Siento que nos está llamando hacia algo importante.
Franco, a regañadientes, siguió de cerca a Selene, mientras Kael les había advertido sobre respetar todo lo que encontraran.
Las criaturas mágicas se acercaban sin miedo, observándolos como si quisieran medir su valor.
Las hadas danzaban alrededor, formando símbolos brillantes que desaparecían al tocarlos.
Los pequeños dragones realizaban piruetas y lanzaban chispas que flotaban en el aire, como si el mismo bosque estuviera celebrando su llegada.
Selene levantó el collar hacia la luz que se filtraba entre los árboles.
Una corriente de agua del río se elevó en forma de espiral, mostrando imágenes brillantes: castillos flotantes, puertas secretas y figuras que parecían custodiar tesoros antiguos.
Era como si el bosque entero les estuviera revelando fragmentos de su historia y sus secretos.
—Es… impresionante —susurró Elías—.
Pero también siento que debemos tener cuidado.
Todo esto es demasiado… vivo.
De pronto, una figura luminosa apareció frente a ellos: un hada mucho más grande que las demás, con alas transparentes que reflejaban todos los colores del bosque.
Su voz sonó como un canto lejano, pero claro: —Bienvenidos, guardianes del Corazón.
Este bosque es prueba y regalo.
Aquí conocerán la magia verdadera… pero solo quienes sean valientes y puros de corazón podrán dominarla.
Selene respiró hondo, sintiendo el latido del collar sincronizarse con el del bosque.
Sabía que este mundo mágico pondría a prueba no solo sus habilidades, sino también su valor y su corazón.
Franco cruzó los brazos, un poco celoso y desconfiado, pero a la vez asombrado.
Bárbara y Elías miraban a Selene con admiración, conscientes de que ella era la clave para comprender todo aquello.
—Entonces… —dijo Selene con determinación—.
Este es solo el comienzo.
Tenemos que explorar, aprender y proteger el Corazón de Sirena.
Porque si este bosque es mágico… nada será como antes.
Y así, los cuatro avanzaron entre luces, criaturas y magia viva, sabiendo que cada paso los adentraba más en un mundo donde la fantasía se sentía tan real como sus propios latidos.
Los cuatro seguían encantados por la magia del bosque.
La tarde avanzaba y cada rincón parecía cobrar vida con nuevas maravillas.
Hadas y pequeños dragones volaban alrededor, burbujas brillantes flotaban en el aire, y las sirenas nadaban cerca del río, saludando con curiosidad a los visitantes.
Todos jugaban entre risas y asombro, pero pronto la energía comenzó a agotarlos.
Elías y Bárbara se quedaron jugando entre ellos, explorando los secretos del bosque y siguiendo luces mágicas que aparecían de la nada.
Selene y Franco, por su parte, se sentaron a la orilla del río, observando cómo el agua reflejaba los colores del cielo y las criaturas mágicas que los rodeaban.
La tranquilidad del momento contrastaba con la agitación de sus sentimientos.
Selene miró a Franco de reojo y, después de un instante de silencio, no pudo contener la curiosidad: —¿Estás… celoso?
—preguntó con suavidad, intentando que la pregunta no sonara demasiado directa.
Franco la miró, un poco molesto, y frunció el ceño: —No… ¿por qué?
—respondió con cautela.
Selene suspiró y señaló ligeramente, tratando de explicar: —Bueno… después de lo que pasó, ya sabes… afuera.
Franco la miró fijamente, dejando escapar un pequeño resoplido de frustración, pero tratando de controlarse: —Solo un poco —dijo, con un tono que no lograba ocultar del todo su molestia.
Selene soltó una pequeña risa, divertida por la manera en que Franco intentaba parecer indiferente.
Aun así, podía sentir que detrás de esa fachada, él realmente se preocupaba por ella.
El río seguía fluyendo, reflejando los destellos mágicos del bosque, y a su alrededor, todo parecía estar en perfecta armonía: criaturas fantásticas jugando, luces danzando, y un momento de calma en medio de la magia que los rodeaba.
Selene se apoyó ligeramente en el hombro de Franco, disfrutando de la paz del bosque y de la compañía de quienes se habían convertido en su familia en esta aventura.
Aun con la tensión entre ellos, Selene sintió que ese instante era especial.
El bosque los había atrapado en su magia, y por un momento, los problemas del mundo exterior parecían lejano El río seguía fluyendo, reflejando los destellos mágicos del bosque, mientras criaturas fantásticas y luces danzantes los rodeaban.
Selene permanecía apoyada ligeramente en el hombro de Franco, disfrutando de la calma y la belleza del lugar.
Por un instante, todo parecía en perfecta armonía, como si el bosque mismo les diera un respiro.
Selene levantó la vista hacia Franco.
A pesar de que él intentaba parecer serio y algo molesto, sus ojos no podían ocultar la preocupación y la ternura que sentía por ella.
Un calor suave recorrió a Selene, y sin pensarlo demasiado, se inclinó un poco hacia él y le dio un beso en la mejilla.
Franco se tensó por un instante, sorprendido, y luego sus mejillas se tiñeron de un leve rubor.
Selene sonrió, divertida por su reacción, y susurró: —Solo quería que supieras que no tienes que preocuparte tanto… Franco apartó la mirada por un momento, claramente incómodo, pero no molesto.
Su voz salió con un tono bajo y entrecortado: —Tú… siempre sabes cómo sorprenderme, Selene.
Ella rió suavemente, y el bosque pareció vibrar a su alrededor, como si la magia del Corazón de Sirena y el ambiente encantado compartieran su alegría.
Por un instante, todo lo demás desapareció: ni Kael, ni la tensión de la corte, ni siquiera los peligros que los habían traído hasta este mundo importaban.
Franco finalmente desvió la mirada hacia el río, apretando ligeramente los puños, pero dejando que la sensación del beso permaneciera con él.
Selene lo miró con complicidad y volvió a recostar su cabeza suavemente en su hombro, disfrutando de ese momento mágico que parecía hecho solo para ellos.
Mientras el sol comenzaba a descender y los colores del bosque cambiaban a tonos dorados y violeta, los cuatro amigos continuaron explorando, pero Selene y Franco compartían ahora un vínculo silencioso y profundo, lleno de emociones que solo ellos comprendían.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com