El despertar de selene - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 capítulo 45El extraño espejo
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45: capítulo 45:El extraño espejo 45: capítulo 45:El extraño espejo El silencio parecía no tener fin.
La noche había caído sobre el bosque encantado, y uno a uno todos se habían ido a dormir, excepto Selen.
Todavía llevaba colgado en su cuello el corazón de sirena, ese amuleto que latía como si tuviera vida propia.
Caminaba despacio, sumida en la magia nocturna que lo envolvía todo.
Se detuvo en un monte y levantó la vista hacia la luna.
Sus pensamientos iban y venían como olas que chocaban en la orilla.
Fue entonces cuando algo cayó desde el cielo plateado.
No supo qué era, pero la curiosidad comenzó a crecer en su interior.
No se atrevió a moverse hasta que un ruido detrás de ella la obligó a girar.
No era Franco, ni Elías, ni siquiera Bárbara.
Era… algo distinto.
Ante sus ojos apareció una caja misteriosa, antigua y elegante, como si hubiera viajado siglos para llegar a sus manos.
Con cuidado, Salen la abrió y de inmediato un resplandor dorado se escapó de su interior.
Dentro, descansaba un pequeño mensaje escrito con delicadeza: > “Tienes que volver.
Aquí no es seguro.
Atentamente, Jazmín.” ¡Jazmín, su abuela!
Salen sintió una mezcla de sorpresa y alivio.
Sonrió, mientras las lágrimas amenazaban con nublarle la vista.
Revisó más a fondo la caja y descubrió un anillo de plata adornado con la figura de una serpiente.
También encontró una diminuta pluma, tan ligera que parecía hecha de luz.
Se colocó el anillo y sostuvo la pluma, preguntándose por qué su abuela le habría enviado aquello.
Al rozar uno de los diminutos diamantes incrustados en el anillo, un resplandor envolvió todo a su alrededor.
El bosque se volvió borroso, como si el tiempo y el espacio se estuvieran doblando ante sus ojos.
Una intensa luz la cegó por un instante.
Cuando finalmente abrió los ojos… ya no estaba en el bosque encantado.
Había regresado a su cuarto Al llegar a su cuarto, Salen se sintió confundida.
Todo estaba tal como lo recordaba: las paredes, los muebles, los pequeños detalles de su hogar.
Caminó con cautela por la casa y alcanzó a escuchar a sus padres en sus habitaciones, hablando como si nada hubiera cambiado.
Su corazón latía con fuerza.
Corrió de nuevo a su cuarto, convencida de que quizá todo había sido un sueño.
Sin embargo, allí, sobre su cama, descansaba un objeto extraño: un espejo dorado, lleno de delicadas decoraciones en forma de flores, justo como a ella le gustaban.
Lo tomó con cuidado.
En cuanto sus dedos tocaron el marco, una visión se desplegó ante sus ojos.
El reflejo no le devolvía su propia imagen, sino el lugar que acababa de abandonar: el bosque encantado.
Allí estaban Franco, Elías y Bárbara, durmiendo bajo la noche mágica.
—¡Franco!
¡Elías!
¡Bárbara!
—gritó con todas sus fuerzas.
Al principio no hubo respuesta.
Pero, de pronto, los tres se incorporaron al mismo tiempo y la miraron sorprendidos.
—¡Salen!
—exclamó Bárbara con asombro—.
¿Qué haces ahí… en ese espejo?
—¿Me ven?
—preguntó Salen, incrédula—.
Aquí tengo el espejo, estoy en casa… ¡he vuelto!
Elías frunció el ceño.
—¿Cómo rayos llegaste a tu cuarto?
Estábamos en otra época, ¿lo recuerdas?
Salen bajó la mirada hacia el espejo.
—Lo sé… pero de repente encontré una caja.
Dentro había un mensaje de mi abuela.
Cuando la abrí, aparecí aquí.
Franco cruzó los brazos, inquieto.
—Eso es muy extraño… Espera, si tú estás allá, ¿cómo saldremos nosotros de aquí?
Salen apretó con fuerza el marco del espejo, sintiendo la incertidumbre crecer en su pecho.
—No lo sé —respondió con voz temblorosa—.
Pero debe de existir un portal… el mismo por donde entramos.
El reflejo titiló como si el espejo temblara, y un silencio denso los envolvió a todos.
—Espera —dijo Bárbara, de pronto recordando algo—.
Dejaste aquí tu giratiempo, ¿recuerdas?
El que te llevaba al pasado o al futuro.
Los ojos de Selen se abrieron con asombro.
—¿En serio?
No lo puedo creer… Elías tomó el objeto con cierta duda.
—¿Con esto crees que podremos volver?
Selen respiró hondo, como tratando de ordenar sus pensamientos.
—Si hay algo que pueda regresarlos, es eso.
No creo que el corazón de sirena lo haga.
Lo llevaba puesto cuando todo sucedió… quizás esa era la forma de escapar de ahí.
Fue entonces cuando Franco intervino, señalando su mano.
—¿Y ese anillo con forma de serpiente?
Selen bajó la vista, observando el resplandor plateado en su dedo.
Dudó antes de responder.
—No lo sé.
Estaba dentro de la caja que encontré en el suelo.
Aún no entiendo qué significa.
Pero… estoy segura de que mi abuela intenta decirme algo.
No sé exactamente qué.
Elías apretó la mandíbula, pensativo.
—Será mejor que nosotros regresemos a nuestra tierra.
Puede que Matías vuelva con su ejército.
Selen asintió con un gesto grave.
—Tienen razón.
Es mejor que se vayan por ahora.
Franco la miró con preocupación.
—Cuídate.
Y dime algo… ¿crees que este espejo sea un comunicador de tiempo?
Ella acarició el marco dorado, insegura.
—No lo sé.
Pero mañana intentaré hablar con ustedes otra vez a través de él.
¿Ustedes también tienen un espejo?
Bárbara sonrió levemente.
—Sí, el nuestro es pequeño.
¿Y el tuyo?
—El mío es más grande… bueno, no tanto, pero sí lo suficiente —contestó Selen.
Hubo un silencio cargado de nostalgia.
Después, ella añadió: —Bueno, debo irme.
Los tres amigos la miraron por última vez.
—Adiós, Selen —dijeron al unísono.
En cuanto dejó de tocar el espejo, la visión se desvaneció.
Ya no estaban allí… solo quedaba su propio reflejo devolviéndole la mirada.
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