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El despertar de selene - Capítulo 46

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  4. Capítulo 46 - 46 capítulo 46Corazones rotos
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46: capítulo 46:Corazones rotos 46: capítulo 46:Corazones rotos Esa noche, Selen se recostó en su cama, con la mente llena de pensamientos.

Todo lo vivido parecía un sueño lejano, un recuerdo que ardía como fuego en su memoria.

Sin darse cuenta, el cansancio la venció y cayó en un profundo sueño.

Al día siguiente, se levantó temprano, se vistió con cuidado y bajó hacia el comedor.

Allí la esperaban sus padres: Madea y Héctor.

Su madre, con una sonrisa radiante, la recibió con entusiasmo.

—¡Feliz cumpleaños, cariño!

—exclamó, llena de emoción.

Selen parpadeó, desconcertada.

¿Cumpleaños?

¿De qué está hablando?

pensó.

Y entonces lo recordó: 31 de octubre.

Entre tantos desafíos, magia y misterios, había olvidado su propio cumpleaños.

Forzó una sonrisa y respondió: —¡Gracias, madre!

Su padre levantó la vista de la mesa y añadió con afecto: —También feliz día de Halloween.

Espero que lo pases muy bien en el colegio.

Seguro harán alguna actividad especial.

Selen sonrió en silencio.

Madea, orgullosa, la acompañó hasta la escuela, hablándole con entusiasmo todo el camino.

Al bajar del auto, Selen recordó de pronto que había alguien muy especial que también formaba parte de su vida: Felipe, su novio.

¡Su adorable Felipe!

La sola idea de verlo le arrancó una sonrisa cálida.

Sin embargo, mientras caminaba a toda prisa hacia la escuela, una duda inquietante cruzó su mente: ¿qué había pasado con el tiempo?

Durante su estancia en el bosque de Transilvania, en aquella época lejana, parecía que el tiempo se había detenido.

Su madre nunca le preguntó dónde había estado, ni mencionó que hubiera desaparecido.

Era como si todo se hubiera congelado… y luego reanudado sin dejar rastro.

Selen frunció el ceño.

Aquello era demasiado extraño.

Pero, a pesar de todo lo extraño que había sucedido, Selen no pudo evitar sentirse feliz: al fin tenía doce años.

Era como una nueva iniciación, un paso hacia algo distinto.

Con ese pensamiento en mente, caminaba por el patio de la escuela, hasta que sus ojos se cruzaron con aquello que, en ese instante, le pareció el terror de los terrores: Felipe.

Él la había visto también.

Se acercó despacio, con esa naturalidad que a ella le hacía sentir que el corazón le latía demasiado rápido.

—Hola… ¿cómo estás?

—preguntó Felipe, con una sonrisa sencilla.

Selen bajó la mirada, con timidez.

—Bien… ¿y tú?

—Bien, bien… —respondió él, aunque la observaba con atención—.

Oh, ¿estás segura?

Te noto… rara.

—Sí, estoy bien.

Estoy tranquila —dijo ella, intentando sonar convincente, aunque su voz temblaba apenas.

Felipe la miró un momento más y luego asintió.

—Bueno… nos juntamos en la clave después.

—Está bien —murmuró Selen.

Y así, casi sin darse cuenta, la conversación terminó.

Fue breve, seca, como un hilo que se corta antes de poder tejerse.

Selen lo vio alejarse y no pudo evitar sentir un vacío en el pecho, preguntándose si Felipe sospechaba algo más de lo que ella intentaba ocultar.

Mientras Selen se acomodaba en su asiento, tratando de concentrarse en la clase, no pudo evitar notar algo que le encogió el corazón.

Su mejor amiga, aquella en quien confiaba, la estaba ignorando completamente, y lo hacía con otra compañera.

La chica con la que se había juntado no era la misma que le había hecho bullying durante años, aunque había vuelto al curso recientemente.

Selen sabía que su amiga lo sabía también, y aun así decidió reír y charlar con ella durante toda la hora de clases.

No le dirigió ni una sola palabra a Selen.

El dolor que sintió fue profundo.

Un calor amargo se le extendió por el pecho, y todo el entusiasmo por su cumpleaños y sus aventuras mágicas se desvaneció en un instante.

Selen permaneció en silencio, sola en su asiento, observando cómo su “mejor amiga” reía y hablaba con la otra chica, tan cerca y al mismo tiempo tan lejos de ella.

Era un recordatorio cruel: a veces, incluso las personas que más queremos pueden herirnos sin intención… o quizá con intención.

Selen respiró hondo, tratando de no dejarse vencer por la tristeza, mientras el aula continuaba su rutina a su alrededor No podía creerlo.

Su mejor amiga Diana y su antigua acosadora, Isis, estaban conversando como si nada hubiera pasado.

La normalidad con la que intercambiaban palabras era un golpe directo al corazón de selen Cuando finalmente sonó la campana del recreo,selen ya no pudo contenerse.

Aquello venía sucediendo desde hacía tiempo, y el dolor y la frustración acumulados la hicieron sentir invisible frente a todos.

Diana se acercó y dijo: —Vamos, juntémonos.

Selen, con el ánimo derrotado, decidió seguirles la corriente, tratando de no mostrar lo mal que se sentía.

Pero cuando finalmente se sentaron, solo hablaron Diana e Isis.

selen permaneció allí, relegada a un segundo plano, como si fuera invisible.

Observó en silencio mientras ellas compartían risas y conversaciones, completamente ajenas a su presencia.

Cada palabra que intercambiaban era un recordatorio de que, a veces, las amistades que uno cree sólidas pueden romperse de manera silenciosa y dolorosa.

Selen respiró hondo, intentando mantener la calma.

Sabía que debía encontrar la manera de sobrellevarlo… aunque fuera sola.

Selen se acercó a Diana y le dijo: —Oye, voy a ir con Felipe, ya sabes.

Diana apenas levantó la vista: —Ok.

Sin más, Diana se fue con su amiga Isis, dejándola sola.

Selen se dirigió hacia donde pensaba encontrarse con Felipe, pero lo que vio la dejó helada.

No estaba solo.

A su lado estaba Estefanía, su amiga de otro curso, junto a varias chicas más.

Selen se detuvo un instante, conteniendo un nudo en la garganta, y finalmente se sentó en una banca, tratando de no llamar demasiado la atención.

Felipe se acercó a ella con una sonrisa nerviosa.

—Hola… hola —dijo Selen, con voz temblorosa.

—Oye, quiero hablar contigo —comenzó Felipe.

—Está bien —respondió Selen, intentando mantener la calma.

—Oye… en serio no me vas a dar un beso?

Ni aunque sea uno —preguntó Felipe, con cierta esperanza en la mirada.

—No —dijo Selen rápidamente—.

Estamos muy pequeños, Felipe, tú ya sabes.

Felipe suspiró, resignado.

—Está bien… pues.

Selen, quería decirte algo más.

Selen lo miró, temiendo lo que venía.

—Si no piensas que es solo por eso —continuó Felipe—, es que creo que lo nuestro no está funcionando.

Creo que es mejor que seamos solo amigos y terminemos, ¿sí?

No me siento cómodo con esto de novios, ¿sabes?

Selen se quedó paralizada.

No podía creerlo.

Su corazón se rompía en mil pedazos, y las lágrimas amenazaban con salir.

Apenas logró responder: —Ah… sí, ok.

Yo también… —Genial —dijo Felipe, y se alejó hacia sus amigas, dejando a Selen sola en la banca.

Selen se quedó allí, destrozada.

Su mundo parecía haberse derrumbado en cuestión de segundos.

Lo único que sabía era que, aunque Felipe parecía cómodo y despreocupado, para ella había sido un golpe imposible de digerir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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