El despertar de selene - Capítulo 52
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- Capítulo 52 - 52 capítulo 52La Misión de Selen
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52: capítulo 52:La Misión de Selen 52: capítulo 52:La Misión de Selen Selen quería llorar, las lágrimas se agolpaban en sus ojos sin poder salir.
Sin embargo, de pronto sintió algo extraño.
Su corazón latía con fuerza, como si quisiera salirse de su pecho, y una presencia misteriosa recorrió su habitación.
La neblina comenzó a cubrir el cuarto, envolviendo todo en un ambiente irreal.
Muy extraño, ¿no?
De entre aquella bruma, apareció lentamente la silueta de su abuela Jasmine.
El rostro de Selen se iluminó al verla.
—¡Abuela!
—exclamó con alegría—.
¡Qué bueno que estés aquí!
Pero… ¿qué pasa?
¿Por qué viniste a esta hora?
Jasmine sonrió con ternura, aunque en su voz había cierta urgencia.
—Querida mía, ¡cuántas lunas sin verte!
—respondió—.
He venido porque necesito decirte algo.
Algo muy importante, que te ayudará mucho.
—¿Qué es?
—preguntó Selen, intrigada.
—Necesito que uses tu giratiempo —dijo Jasmine con firmeza—.
El mismo que te entregué en el cielo, ¿lo recuerdas?
Selen cerró los ojos unos instantes y asintió.
—Sí… ese que puede transportarme al pasado.
—Exactamente —confirmó Jasmine—.
Y ahora tienes que usarlo para algo crucial.
Selen la miró confundida.
—¿Para qué?
La voz de su abuela sonó un poco ansiosa, casi suplicante.
—Debes viajar a Egipto… al pasado de Egipto.
El corazón de Selen se detuvo por un instante.
Su expresión se llenó de asombro y desconcierto.
—¿Qué?
—murmuró sin poder creerlo.
—Tienes que ir a Egipto —dijo Jasmine con solemnidad, mirándola fijamente—.
¿Sabes por qué?
Porque no es un viaje cualquiera, Selen.
Debes trasladarte al antiguo Egipto, a la época en que gobernaban los faraones y la gran esposa real.
Selen abrió los ojos con asombro, sin saber qué responder.
—¿Para… qué debo ir allí?
Jasmine suspiró, como quien carga un secreto demasiado tiempo guardado.
—Para cumplir una misión que yo misma inicié.
Hace mucho, cuando aún caminaba bajo la luz de este mundo, viajé a través del giratiempo… igual que tú lo harás ahora.
Prometí dejar un legado, algo que debía cambiar.
Se detuvo un instante, bajando la mirada.
—Quería modificar una costumbre que ha marcado a esa civilización: la adoración desmedida a sus dioses y, sobre todo, el cruel trato hacia los esclavos.
Tal vez rendir culto no sea lo peor, pero la esclavitud… eso no debería continuar así.
Selen escuchaba en silencio, sorprendida.
—Pero… ¿qué tiene que ver eso conmigo?
—preguntó con un hilo de voz.
—Todo y nada —respondió Jasmine con suavidad—.
Ya no existo en este mundo, mi querida nieta.
Ahora eres tú quien puede hacerlo.
Estás aquí, y eso te convierte en la única capaz de continuar lo que yo no pude terminar.
Un silencio pesado envolvió la habitación, solo interrumpido por el latido acelerado del corazón de Selen.
—¿Crees que puedes hacerlo?
—insistió Jasmine, con una mezcla de esperanza y ansiedad.
Selen tragó saliva, nerviosa.
—Si tú lo dices… —murmuró con cierta timidez—.
Pues… creo que sí.
Jasmine añadió, con voz firme y llena de determinación: —Ahora vas a reencarnar como la hija de un faraón.
Serás una princesa.
Debes actuar como tal, porque tu misión hoy es defender a los hebreos esclavos que sufren.
No puedo dejarlos así.
Tal vez yo no pude cuando era joven, pero ahora tú sí puedes.
Selen parpadeó, sorprendida y nerviosa.
—Será un poco extraño… ser una princesa —dijo, con una mezcla de duda y emoción—, pero lo intentaré, abuela.
—Muy bien —respondió Jasmine—.
Tienes que partir ahora.
Pero con esa ropa no, te van a decir que eres… normal.
Le mostró un vestido blanco, adornado con fragmentos dorados y joyas que brillaban con luz propia.
—¡Wow… es hermoso!
—exclamó Selen, admirando cada detalle.
—Cuando llegues allí, te lo pones rápidamente —dijo Jasmine—.
Y no podrás mantener ese pelo con mechas azules.
Es decir… tendrás que cortártelo un poco.
—¿Cortármelo?
—preguntó Selen, con un hilo de incredulidad.
—Sí —afirmó Jasmine—.
Tienes que hacerlo, si no no parecerás una princesa.
No querrás usar peluca, confía en mí.
Recuerda: por esta misión podrás obtener un poder magnífico, Selen.
El corazón de Selen se llenó de determinación.
Por ese poder, por la misión, aceptó.
—Bueno, quiero que me cortes el pelo ahora entonces —dijo, tratando de mostrarse valiente.
Jasmine tomó unas tijeras mágicas y, con delicadeza, cortó el cabello de Selen un poco detrás de los hombros.
El cambio fue evidente, pero Selen sintió que cada mechón cortado la acercaba más a su destino.
—Listo —dijo Jasmine, sonriendo—.
Ahora sí estás preparada para tu viaje.
Selen se miró al espejo, ya transformada.
Era una princesa, y su misión apenas comenzaba.
—Ahora te pondré joyas en el cabello —dijo Jasmine, mientras sostenía un pequeño cofrecillo dorado—.
¿Recuerdas que los egipcios solían usar muchísimas joyas?
—Ok —respondió Selen, con emoción.
Con delicadeza, Jasmine fue colocando joyas doradas en el pelo de Selen, distribuyéndolas entre los mechones.
Cada una brillaba como si tuviera su propia luz.
—Muy bien —dijo Jasmine, satisfecha—.
Ahora, recuerda: cuando llegues, debes ir a las plantaciones donde trabajan los hebreos.
Si ves algo anormal, violencia o maltrato, tú los defiendes.
Porque tú eres la princesa y puedes hacer lo que quieras allí.
—Por favor, Selen —continuó con un suspiro—.
Tienes que ayudarlos.
No sé qué habría sido de ellos sin ti, porque yo no pude hacerlo cuando era joven.
—No te preocupes, abuela —dijo Selen, con determinación—.
Yo lo haré.
Sin embargo, una duda apareció en su mente: —Pero hay algo que no entiendo del todo… ¿mis padres sabrán que desaparecí por un tiempo?
Jasmine negó con tristeza: —Lamentablemente, sí.
Pero no te preocupes.
Al principio no notarán unas pocas horas, y tú estarás allí como unas semanas.
No es mucho tiempo para ellos.
—Ok… —Selen asintió—.
Bueno, ¿quieres que lo notara?
—Si es posible —respondió Jasmine con una leve sonrisa.
—Bueno, abuela… nos vemos —dijo Selen, conteniendo la emoción y un poco de nervios.
Se acercó al otro lado de la habitación, donde su giratiempo la esperaba.
Giró el collar dos veces.
De repente, todo se volvió borroso, la neblina se arremolinó a su alrededor, y Selen sintió como si cayera a través del aire.
Cuando abrió los ojos, estaba rodeada de piscinas brillantes, plantaciones extensas y estatuas majestuosas de dioses egipcios.
La luz del sol caía sobre los muros de piedra y los canales de agua, y Selen comprendió con asombro: había llegado al Antiguo Egipto.
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