Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El despertar de selene - Capítulo 53

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El despertar de selene
  4. Capítulo 53 - 53 capítulo 53Entre tronos y miradas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

53: capítulo 53:Entre tronos y miradas 53: capítulo 53:Entre tronos y miradas Cuando se levantó, una gran celebración tenía lugar en Egipto.

El aire estaba cargado de música, risas y el resplandor de las antorchas.

Se sentía feliz, pero prefirió apartarse un momento y caminar entre los corredores adornados con tapices dorados.

En el interior, descubrió un grupo de mujeres danzando en torno a una fogata.

Sus movimientos eran delicados, casi hipnóticos, y a su alrededor habían colocado frutas exóticas como ofrenda a una imponente estatua.

Las concubinas dejaron de bailar en cuanto la vieron entrar.

El silencio fue inmediato, y todas bajaron la mirada en señal de respeto.

De entre ellas se adelantó la que parecía ser la dama mayor.

Su porte era elegante y sus ojos reflejaban una mezcla de servidumbre y sabiduría.

Inclinándose, le habló con voz suave: —¡Oh, princesa!

Ha llegado el momento de su baño.

¿Cómo ha estado?

¿Desea que le traiga algo en especial?

Ella dudó unos instantes.

No estaba segura de qué responder, así que dejó escapar una sonrisa nerviosa y contestó: —Una naranja estaría bien.

La concubina asintió con un leve gesto y respondió: —Como desee, mi señora.

Sígame.

Con el corazón acelerado, la princesa siguió a la mujer, un poco nerviosa ante lo desconocido que le esperaba.

No sabía si debía preguntarle o no a la concubina, pero finalmente se armó de valor y dijo en voz baja: —Disculpa… ¿cuál es tu nombre?

La mujer se detuvo en seco.

Sus ojos se abrieron con sorpresa y, por un instante, se percibió furia en su mirada.

Nadie solía dirigirle aquella pregunta.

Con un tono seco, respondió: —Mi nombre es Karoma, señora.

Selen parpadeó, como si hubiera olvidado la formalidad de aquel momento.

Fingió naturalidad y repitió con un gesto casi improvisado: —Bien… Karoma.

Guardó silencio unos segundos, y luego, con un leve temblor en la voz, se atrevió a formular la pregunta que la inquietaba desde su llegada: —Y esto… dime… ¿dónde está mi padre?

Karoma inclinó la cabeza antes de responder: —Su padre se encuentra con la Gran Esposa Real… su madre.

Y, si me lo permite, princesa, creo que él desea verla en este instante.

Selen asintió en silencio.

Su corazón se aceleró mientras seguía a la concubina a través de los pasillos.

Las antorchas iluminaban los muros cubiertos de jeroglíficos, y el eco de sus pasos hacía que todo pareciera solemne y eterno.

Al llegar a los aposentos reales, un portón imponente se abrió ante ella.

En el interior, enormes estatuas de los dioses egipcios se alzaban majestuosas, adornadas con joyas resplandecientes.

El lugar entero estaba cubierto de lujo: oro, piedras preciosas y telas finas que colgaban como velos de los cielos.

En el centro de la sala, sobre un trono de oro macizo, estaba sentado el faraón.

Su porte era imponente, su corona relucía bajo la luz de las antorchas.

A su lado, la Gran Esposa Real lucía una magnífica peluca entrelazada con hilos de oro y plata, engarzada con piedras preciosas que brillaban como estrellas.

Karoma se inclinó ante el rey y, con voz respetuosa, anunció: —Aquí está la princesa, mi señor.

El faraón alzó apenas una mano, indicándole que se retirara.

La concubina obedeció de inmediato y abandonó la sala, dejando a Selene sola frente al poder de sus padres.

La joven permaneció inmóvil, sin saber cómo comportarse ante tanta grandeza.

Un nudo se formó en su garganta y, al fin, con voz temblorosa, pronunció lo único que se le ocurrió decir: —¿Me llamabas, papá?

Genial 🙌.

Te lo transformo en estilo narrativo de libro, cuidando la coherencia y el tono literario: — El faraón la observó con una mezcla de orgullo y severidad.

Fue la Gran Esposa Real quien tomó la palabra primero, con voz solemne: —Te advierto, hija… mañana iremos al río Nilo a pasear con tu madre.

Después visitaremos a las obreras, para que contemples las estatuas del gran zenth .

Estoy segura de que las adorarás mucho cuando llegue el día en que te conviertas en César Bautista.

Sonrió suavemente mientras hablaba, pero aquellas palabras dejaron a Selene desconcertada.

No entendía del todo lo que significaba.

Balbuceó, casi accidentalmente: —¿Voy a ser… una sacerdotisa?

La Gran Esposa Real intercambió una mirada con el faraón y, con tono paciente, le respondió: —Hija mía, es natural que aún no lo sepas.

Te estás preparando para ello: ser una César Bautista significa alabar a los dioses, servirles con devoción y honrar nuestro linaje.

El faraón frunció el ceño y añadió con voz grave: —No estarás pensando en abandonar el privilegio de alabar a los grandes dioses, ¿verdad?

Selene reaccionó de inmediato, apretando sus manos contra el pecho.

—No, padre… claro que no.

Solo… solo estoy un poco cansada.

Permíteme… ¿puedo abrazarte?

Hubo un silencio denso en la sala.

Fue entonces la Gran Esposa Real quien volvió a hablar, con ternura pero firmeza: —Vete a tus aposentos, hija.

Descansa, báñate.

Estoy segura de que el agua te ayudará a recuperar fuerzas.

Selene inclinó la cabeza, obediente.

—Está bien, madre.

Esa misma noche, los reyes se despidieron de ella con un gesto solemne, y al amanecer siguiente, Selene salió del palacio, llevando consigo el peso de las palabras de sus supuestos padres.

A la mañana siguiente, el palacio despertó con un bullicio solemne.

Trompetas resonaban desde las murallas, y los sirvientes corrían de un lado a otro preparando la salida real.

El faraón y la Gran Reina real fueron conducidos hasta sus tronos portátiles, sillas adornadas con oro y marfil que los guardias alzaron sobre sus hombros con disciplina.

Selene, con el corazón acelerado, fue situada en una litera más pequeña, pero igualmente majestuosa, que se elevaba a su altura para que marchara junto a sus padres.

Las puertas del palacio se abrieron con estrépito, y la ciudad entera se volcó a las calles.

Los ciudadanos alzaban las manos, arrojaban flores al paso de la comitiva y entonaban cánticos en honor a la familia real.

El sol del desierto bañaba la escena, haciendo relucir el oro y las piedras preciosas de los adornos.

Selene miraba todo con asombro.

Nunca había sentido tan de cerca el peso de la grandeza y, al mismo tiempo, la distancia con la multitud que los adoraba.

Sin embargo, en medio de aquella marea de rostros, sus ojos se encontraron con los de un niño.

Era apenas un poco menor que ella, con ropas humildes y mirada intensa.

No estaba de pie entre los demás que aclamaban, sino al margen, como si la multitud lo hubiera empujado hacia un rincón.

Había algo en él diferente: su piel, sus facciones, su cabello oscuro y rebelde.

Selene lo reconoció instintivamente… no era egipcio.

Todo en su porte lo delataba: era un hebreo.

Por un instante, el tiempo pareció detenerse.

El niño sostuvo su mirada sin bajar la cabeza, sin miedo ni reverencia.

Selene sintió un estremecimiento recorrerle el cuerpo.

Había algo en aquel contacto visual que la desarmaba, como si hubiera encontrado un reflejo de sí misma en medio de la multitud.

Los guardias avanzaron y la procesión siguió su curso, rompiendo aquel instante fugaz.

Sin embargo, la imagen del niño hebreo permaneció grabada en la mente de la princesa, como un presagio imposible de ignorar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo