El despertar de selene - Capítulo 55
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- Capítulo 55 - 55 capítulo 55Entre dos mundos
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55: capítulo 55:Entre dos mundos 55: capítulo 55:Entre dos mundos Selen alzó la mirada, fría y decidida, fijando los ojos en el guardia.
Su voz cortó el aire como un filo: —Desde este momento, quiero que lo traten con un toque especial.
No toleraré desobediencias, y si ignoras mis órdenes… las consecuencias ante el faraón serán severas.
¿Me quedó claro?
El guardia frunció el ceño y replicó con cierto desprecio: —¿Pero por qué, princesa?
Es solo un hebreo inmundo, no tiene importancia alguna… Selenn lo interrumpió, su voz cortante y firme como un látigo: —¡No vuelvas a hablar así frente a mí!
—dijo, acercándose con pasos decididos, su mirada imponente atravesándolo—.
Te lo repito una vez más: desde ahora, obedecerás mis órdenes sin cuestionarlas.
Cualquier desobediencia tendrá graves consecuencias ante el faraón.
¿Está claro?
Luego, se dirigió al hebreo con un tono más suave, aunque lleno de autoridad: —Y a ti… desde hoy no tendrás que cargar cosas tan pesadas.
Quiero que te traten con cuidado y respeto, como corresponde.
El guardia tragó saliva, sin atreverse a replicar, mientras Selenn se alejaba, dejando en el aire la fuerza de su presencia.
Selen salió del gran salón con paso decidido, aunque su mente aún hervía con todo lo que había ocurrido.
El sol de Egipto brillaba sobre los altos muros del palacio, y el sonido lejano de las fuentes y los criados creando un ambiente casi irreal la hacía sentir que estaba atrapada entre dos mundos: el suyo y aquel al que había sido arrojada.
Mientras caminaba por los pasillos de mármol, las voces y pasos de los sirvientes la acompañaban, reverentes ante la presencia de la princesa, aunque ella aún no se acostumbraba a que todos la trataran como tal.
Al llegar a la sala del trono, su padre, el faraón, se levantó con solemnidad.
Su mirada intensa se posó sobre Selen, y su voz retumbó en la sala: —Hija mía… ha llegado el momento de que pienses en tu futuro.
Debes casarte.
Selen se tensó al escuchar las palabras.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Casarse… aquí y ahora.
Su corazón latía con fuerza; venía de otra dimensión, de otra época, y sabía que no era realmente la princesa Yunet.
Sin embargo, no dejó que el miedo se mostrara en su rostro.
Respiró hondo, y con un tono sorprendentemente natural respondió: —Está bien, padre.
El faraón asintió, satisfecho, mientras la reina, su madre, se adelantaba elegantemente.
Con un gesto delicado pero autoritario, ordenó a las damas de la princesa Yunet, ahora a cargo de Selen, que comenzaran inmediatamente con los preparativos del vestido nupcial.
—Que no haya retrasos —su voz era dulce, pero cargada de firmeza—.
Quiero que mi hija luzca espléndida para este día tan importante.
Selen asintió ligeramente, manteniendo la compostura mientras las damas comenzaban a rodearla, tomando medidas, ajustando telas y adornos, y comentando con entusiasmo los detalles del diseño.
Mientras tanto, Selen sentía cómo su mente intentaba adaptarse rápidamente a aquella vida ajena.
Al terminar los preparativos iniciales, uno de los sirvientes se acercó: —Princesa, es hora de que conozca a su futuro esposo.
Selen tragó saliva, su corazón dando un salto inesperado, pero caminó con paso firme hacia la sala donde la esperaba el hombre que, según las costumbres egipcias, sería su compañero de vida.
Cada paso resonaba en sus sandalias sobre el mármol, y mientras se acercaba, recordó a Selen de su propio mundo, recordando que la clave era mantener la calma, actuar como si todo esto fuera natural… aunque su mente gritara lo contrario.
Al abrir la puerta, una brisa suave recorrió la sala, y allí estaba él: alto, elegante, con la mirada fija y curiosa sobre ella.
Selen respiró hondo, preparada para enfrentar la siguiente prueba de aquel mundo que no le pertenecía, manteniendo la serenidad que su nueva identidad extraña El joven, es decir, el príncipe que ofrecía el trono del palacio, tenía más o menos la misma edad que Selene… o mejor dicho, la misma que la princesa Yunet, pues Selene ahora habitaba su cuerpo.
Selene apenas contaba unos seis años en realidad, aunque ser la princesa la obligaba a comportarse de manera distinta, algo que aún no sabía muy bien cómo hacer.
El chico tenía ojos verdes claros y cabello oscuro; su porte y linaje denotaban que era parte de la guardia real, alguien acostumbrado a los salones del palacio y a las intrigas que allí se tejían.
El faraón, su padre, dijo: —Mira, mi bella hija, este será tu futuro marido.
¡Nuestra casa es espléndida!
Selene no sabía qué decir, así que actuó según lo primero que se le ocurrió: —Ah, querido padre, estoy muy honrada con tu pretendiente que me ha traído al palacio.
La gran esposa real, madre de Yunet —es decir, la madre de Selene ahora— intervino: —Hija mía, te ha tocado mucha suerte.
Él es parte de la guardia real, muy apuesto y joven.
Estoy segura de que te hará feliz.
Selene asintió con la cabeza, aún un poco nerviosa.
El príncipe se inclinó ligeramente y se dirigió a ella: —Yo soy yo quien se siente honrado, princesa Yunet.
Su belleza me hipnotiza.
Mi nombre es Dizedeck, y es un privilegio finalmente conocerla.
—El gusto es mío —selen nerviosa El faraón intervino: —Que se diga entonces: se prepararán los preparativos para la boda.
Puedes retirarte, Bizebeck.
Mi gran esposa y yo te indicaremos la hora de la ceremonia.
Aprovecha para conocer mejor a mi bella hija.
—Un honor, gran Orus vivo, mi señor —respondió Bizebeck, inclinándose antes de retirarse.
Selene no sabía qué hacer.
Nunca había actuado de esa manera y tenía un nudo de nervios en el estómago.
Tenía tantas ganas de contarle a Yuni lo que había pasado y lo que debía hacer… pero no podía.
Entonces, una idea comenzó a formarse en su cabeza: ir de noche a realizar un ritual frente a las estatuas de los dioses egipcios.
Creía que funcionaría, ya que Yuni creía en los dioses, y siendo hija de ellos, seguramente le darían fuerza.
—Madre, me retiro por hoy.
Estoy un poco cansada después del viaje hacia las estatuas de Egipto —dijo Selene.
—Está bien, Yuneth.
Retírate, mañana te esperamos aquí —respondió su madre.
Selene se inclinó levemente y se retiró a su cuarto.
Una vez allí, comenzó a planear cuidadosamente el ritual.
Sacó todo lo que necesitaba para comunicarse con Yuni y explicarle lo sucedido, preparándose para la noche que tenía por delante.
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