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El despertar de selene - Capítulo 58

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  4. Capítulo 58 - 58 capítulo 58la verdad de karoma
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58: capítulo 58:la verdad de karoma 58: capítulo 58:la verdad de karoma Selene quedó un tanto confundida con lo que su madre le había dicho.

Había descubierto, al menos, de dónde provenía Karoma, pero algo en su interior le pedía investigar más a fondo.

Cuando la noche cayó sobre el palacio, se dirigió en secreto hacia la habitación de su dama.

Karoma se encontraba ocupada, bailando entre las concubinas, pues se acercaba el gran día festivo que celebraría los cuarenta años de reinado del faraón, y todas debían estar listas para la ocasión.

Selene entró en silencio.

Su mirada recorrió cada rincón, buscando algún detalle que le diera respuestas.

Y entonces lo vio: sobre un cofre abierto, descansaba un collar finamente tallado en diamantes.

Era una pieza magnífica, de un brillo casi hipnótico.

Se quedó observándolo con asombro.

¿Cómo era posible que Karoma poseyera una joya tan valiosa?

Solo la reina podía tener algo así.

Ninguna dama, por muy cercana a la familia real que fuera, debía poseer un tesoro semejante.

Su sospecha creció aún más.

Salió del cuarto sin hacer ruido y decidió seguir a Karoma.

Esperó pacientemente mientras la veía bailar con gracia entre las demás mujeres del palacio.

Cuando la música terminó y las luces se apagaron, Karoma se retiró con calma, avanzando con paso lento hacia los jardines exteriores.

Selene, oculta en las sombras, murmuró para sí misma: —¿Pero qué está tramando?

Corrió con sigilo, hasta ocultarse tras unos arbustos.

Desde allí, pudo observar cómo Karoma se detenía en medio del jardín, con un gesto expectante.

Y entonces lo comprendió: estaba esperando a alguien.

De pronto, alguien apareció entre las sombras del jardín.

Selene contuvo la respiración.

Parecía un general de la guardia real; sin embargo, no logró reconocerlo.

Apenas llevaba poco tiempo habitando aquel cuerpo de princesa y aún no conocía a todos los oficiales del palacio.

Se mantuvo agazapada tras el arbusto, escuchando con atención cada palabra.

—Mi amor… qué bueno verte aquí —susurró el general con voz baja, cargada de deseo.

Karoma respondió con el mismo fervor: —Mi amor, no sabes lo que he pasado sin ti… maravilloso es poder verte otra vez.

Pero ya sabes, lo mismo de siempre.

He intentado vengarme de esa maldita… de la maldita que te robó, mi amor.

Y de la reina, con su precioso hijo.

Pero no he podido.

Día y noche lo intento, y aún no sé qué más hacer.

El general la estrechó entre sus brazos y respondió con tono protector: —No te preocupes, mi amor.

No desesperes.

Pronto seremos felices.

Por ahora, debo aparentar, debo estar con ella.

Karoma suspiró con dramatismo.

—Ay, mi amado… me desvelo cada noche pensando en ti.

Selene apretó los labios.

Su mente trabajaba con rapidez.

Aquella conversación no tenía sentido… hasta que recordó las palabras de la Reina: “Mi hermana se casó con un general, y Karoma era su prima.” El corazón de Selene dio un vuelco.

¿Y si todo aquello era mentira?

¿Y si Karoma y ese general jamás habían sido primos… sino amantes?

La posibilidad la estremeció, pues de ser cierto, significaba que el secreto de Karoma estaba mucho más enredado con la familia real de lo que jamás habría imaginado.

Perfecto, aquí tienes tu fragmento transformado en narración de libro, con tensión dramática y ritmo más fluido: — Lo que pasaba por la mente de Selene parecía imposible, pero no podía apartar la realidad de lo que escuchaba.

Entre susurros, la conversación continuaba: —Mi amor… ¿ya sabes cómo matar a la princesa?

—preguntó el general con voz baja pero firme.

Karoma respondió con un hilo de voz, pero cargado de determinación: —Con un veneno que me dio el sacerdote.

Selene contuvo la respiración.

No podía ser… —Mataré a la princesa y entonces podremos estar juntos —continuó Karoma, con un brillo peligroso en los ojos—.

Felicio.

Solo que aún no sé cómo deshacerme de tu estúpida esposa.

El general negó con rapidez.

—No la mates.

No quiero que mueran ambas.

Sería demasiado sospechoso.

Karoma bajó la cabeza por un instante, luego confesó: —Tienes razón… pero quiero que sepas que estoy embarazada.

Estoy esperando un hijo tuyo.

Elgeneral se tensó visiblemente, y su voz se llenó de ira: —¿Qué?

¡Desastre de criatura!

No puedes estar embarazada.

Sabes muy bien que no me haré cargo de ese niño.

Mi atención está en mi hijo.

Karoma se enfureció.

—¡Tu hijo adoptivo hebreo, que adoptaste con tu inmunda esposa!

No puedo creer que te importe más un niño hebreo que nuestro propio hijo.

Eres un mentiroso total.

El general la miró con severidad: —Sabes que, aunque sea adoptado, es mi hijo.

Porque lo crié junto con miSi no te deshaces de él, olvídate de lo nuestro.

Y con esas palabras, se alejó, dejando a Karoma temblando entre la sombra de los arbustos, mientras Selene se mantenía oculta, con el corazón latiendo desbocado.

La verdad que acababa de descubrir era más terrible de lo que había imaginado.

Selene salió corriendo, con el corazón latiendo a toda prisa, y la confusión apoderándose de su mente.

Todo empezaba a encajar de manera aterradora.

Cada gesto, cada susurro de Karoma… ahora tenía sentido.

Karoma no solo había escondido secretos: era una traidora.

Había estado tejiendo su propia red de engaños desde hacía tiempo, traicionando a la familia real y a la princesa que debía proteger.

El pasado y el presente se entrelazaban en un peligroso juego de intrigas que Selene apenas comenzaba a comprender.

El mundo que creía conocer dentro del palacio se desmoronaba a su alrededor.

La dama de confianza, la mujer en quien debía confiar, estaba del otro lado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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