El despertar de selene - Capítulo 61
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- Capítulo 61 - 61 capítulo 61Ojos de fuego
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61: capítulo 61:Ojos de fuego 61: capítulo 61:Ojos de fuego Cuando la celebración en el palacio llegó a su fin, Selene se retiró en silencio a su cuarto.
El eco de la música, los bailes y las risas aún se sentía en las paredes, pero ella solo escuchaba el latido de su propio corazón.
Sobre la mesa esperaba el collar que Yuni le había regalado: el corazón de sirena azul, brillante como un fragmento del mar escondido entre las estrellas.
Selene lo tomó con ambas manos, lo sostuvo con cuidado y cerró los ojos.
Con un leve suspiro, giró el collar dos veces, como le había sido enseñado.
El aire se volvió más ligero, y un resplandor azul comenzó a envolverla.
—Ad astra…
et domum revertere —susurró, pronunciando las palabras mágicas que resonaron como un eco en la nada.
De pronto, el suelo desapareció bajo sus pies, y el cuarto se deshizo en fragmentos de luz.
Selene sintió que flotaba en un vacío inmenso, donde solo existía el resplandor del collar y el murmullo de su propia voz.
En un parpadeo, la nada la envolvió… y cuando abrió los ojos, ya no estaba en el palacio ni en Egipto.
Frente a ella, su ciudad normal la recibía, iluminada por faroles y el ruido cotidiano, como si el tiempo nunca hubiera pasado.
Selene apretó el corazón de sirena contra su pecho y sonrió.
Había vuelto.
Cuando Selene abrió los ojos, ya estaba dentro de su cuarto.
Las paredes, los muebles, cada detalle le resultaba tan familiar que no pudo contener las lágrimas.
Había vuelto, de verdad.
Pero lo que más la sorprendió fue ver que no estaba sola.
Frente a ella, esperándola, se encontraban Bárbara, Elías y Franco.
Su corazón se aceleró.
Dio un paso, luego otro, y de pronto ya estaba en sus brazos.
Abrazó a Bárbara primero, con el alivio de reencontrarse con una amiga querida; luego a Elías, que la sostuvo con ternura, como si quisiera protegerla de todo lo malo.
Y entonces, al mirarlo, se detuvo en Franco.
Él la esperaba con los brazos abiertos, y Selene no dudó.
Corrió hacia él y lo abrazó con todas sus fuerzas, hundiendo su rostro en su hombro.
Franco la estrechó contra sí, como si temiera que aquel momento fuera un sueño.
—Al fin estás aquí… —murmuró él, apenas audible.
Selene cerró los ojos, sonriendo.
En ese abrazo, supo que por fin estaba en casa.
Selene se dejó caer suavemente sobre la cama, mientras Bárbara, Elías y Franco se sentaban a su alrededor, expectantes.
El brillo del collar azul aún latía débilmente en su pecho, como si guardara el eco de todo lo vivido.
—No saben lo que he pasado… —dijo, con la voz temblorosa pero llena de emoción.
Los tres la miraron con asombro.
—¿Dónde estuviste?
—preguntó Bárbara, con la curiosidad brillando en sus ojos.
Selene sonrió, acomodándose el cabello.
—Viajé muy lejos… más de lo que cualquiera podría imaginar.
Estuve en Egipto, en el Indigo y en un reino perdido llamado Gipto.
Lugares llenos de misterios, de reyes, de faraonas y palacios dorados.
Elías abrió los ojos como platos.
—¿Egipto?
¿De verdad?
—Sí —respondió ella, con un leve asentimiento—.
Pero no solo vi palacios ni conocí reyes… yo fui parte de todo eso.
Por un tiempo, me convertí en una princesa, desperté en el pasado dentro de su cuerpo y viví su vida.
Caminé por sus pasillos, hablé con sus consejeros, sentí el peso de la corona… y hasta tuve que enfrentar traiciones como si realmente perteneciera a ese mundo.
Franco se inclinó hacia adelante, completamente atrapado por sus palabras.
—¿En serio… tú fuiste esa princesa?
—Sí —dijo Selene, apretando el collar de corazón de sirena azul contra su pecho—.
Y aunque regresé, una parte de mí siempre llevará esa vida dentro.
Los tres la escuchaban en silencio, casi sin parpadear, como si cada palabra los transportara también a esos lugares lejanos.
Y Selene, con una sonrisa cansada pero llena de orgullo, siguió relatando brevemente cada aventura, cada desafío que había enfrentado.
Aquella noche, entre risas, preguntas y abrazos, comprendió que aunque había viajado a tierras mágicas y conocido su propia vida como princesa, su verdadera aventura estaba allí, de vuelta.
Selene se acomodó en la cama, todavía con el collar azul en la mano, mientras Bárbara, Elías y Franco se sentaban a su alrededor.
—Chicos… díganme algo —empezó con curiosidad—.
¿Por qué llegaron hasta aquí, a Reyson?
Bárbara suspiró y miró a los otros antes de hablar.
—Es que… en Transilvania llegaba el ejército de Matías para asesinarnos a los dos —dijo con seriedad—.
No sabíamos qué hacer, así que decidimos venir a Reyson.
Elías asintió, apretando los puños con tensión.
—Sí… fue la única forma de protegernos y encontrar un lugar seguro donde pensar en nuestro próximo paso.
Franco se acercó a Selene, con la mirada intensa.
—Queríamos estar juntos, al menos hasta que pudiéramos decidir qué hacer.
No sabíamos adónde más ir.
Selene los miró con mezcla de sorpresa y alivio.
—Vaya… no sabía que la situación era tan grave.
Me alegra que hayan llegado hasta Reyson a tiempo.
Por un momento, reinó un silencio cargado de tensión y alivio, mientras comprendían que, al menos por ahora, estaban a salvo en la ciudad que les ofrecía refugio.
Selene todavía estaba procesando todo lo que había vivido, cuando de repente recordó las palabras de Yuni: “Con ese poder que obtuviste, puedes desbloquear un nuevo poder… úsalo con cuidado.” No sabía exactamente cuál sería, pero sintió que algo dentro de ella había cambiado.
Tomó aire profundo y concentró toda su energía.
Cuando abrió los ojos, un resplandor intenso y rojizo surgió de ellos.
De inmediato, pequeñas llamas comenzaron a danzar en el aire frente a ella, levitando como si tuvieran vida propia.
La temperatura subió ligeramente y el calor podía sentirse desde unos pasos de distancia.
Bárbara, Elías y Franco retrocedieron unos pasos, boquiabiertos.
—¿Selene… qué… qué estás haciendo?
—balbuceó Elías, incapaz de apartar la mirada del fuego que ella controlaba con solo su mirada.
Selene parpadeó un par de veces, sorprendida y maravillada a la vez.
—No lo sé… solo… sentí que podía… —dijo, mientras una nueva llama surgía de sus ojos y dibujaba un pequeño círculo en el aire—.
Creo… creo que este es mi nuevo poder.
Franco se quedó sin palabras, observando cómo Selene dominaba el fuego con una naturalidad que parecía casi mágica.
—Es increíble… —susurró—.
No tenía idea de que pudieras hacer algo así.
Bárbara se acercó lentamente, con una mezcla de asombro y admiración.
—Wow… Selene, esto es… impresionante.Selene bajó la mirada, aún asimilando lo que podía hacer, y una sonrisa tímida se dibujó en su rostro.
—Supongo que… con este poder, realmente puedo desbloquear habilidades que no conocía… pero aún no sé todos los que tengo.
El cuarto quedó iluminado por el resplandor rojizo de las llamas que aún flotaban frente a ella, y todos comprendieron que Selene acababa de descubrir un poder que cambiaría todo lo que conocían.
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