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El despertar de selene - Capítulo 62

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  4. Capítulo 62 - 62 capítulo 62Fuego y Hielo
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62: capítulo 62:Fuego y Hielo 62: capítulo 62:Fuego y Hielo Selene caminaba por el cuarto con el collar azul aún colgando de su cuello, la luz rojiza de su fuego anterior aún titilando en sus ojos.

Sin embargo, algo extraño comenzó a suceder: cada vez que hablaba, sus palabras parecían salir envueltas en un escalofrío que calaba los huesos.

Bárbara fue la primera en notarlo.

—Selene… —dijo con un hilo de voz—.

Tus labios… están… fríos.

Demasiado fríos.

Elías se acercó un poco más, su mirada fija en el rostro de Selene.

—Sí… no es normal.

¿Por qué están así?

¿Qué te pasa?

—preguntó, con preocupación.

Franco se quedó detrás de ellos, también observando, con una mezcla de asombro y alerta.

—Selene… tienes que decirnos qué ocurre —agregó—.

Se siente como si… como si el aire mismo se helara al hablarte.

Selene abrió los labios, intentando responder, pero no logró pronunciar palabra.

Una bruma helada comenzó a formarse frente a ella, y de repente un resplandor azulado y gélido surgió de sus manos y de sus labios al mismo tiempo.

Una ráfaga de aire helado se dispersó por todo el cuarto, haciendo que los objetos temblasen y el vaho de sus respiraciones se hiciera visible.

—¡Whoa!

—exclamó Bárbara, retrocediendo—.

¿Qué es eso?

Elías alzó las manos, como queriendo protegerse—.

¡Selene, detente!

¡Eso es demasiado frío!

Selene, con los ojos abiertos y brillantes, no lo controlaba del todo.

Las chispas de hielo formaban cristales en el aire, flotando como diminutas estrellas gélidas.

Su voz, cuando por fin logró salir, sonó como un susurro cortante: —No… lo sé… —dijo, mientras otra ráfaga helada surgía de sus labios—.

Creo… creo que es mi poder.

Franco se acercó con cautela, maravillado y temeroso a la vez.

—¡Selene!

Esto… esto es increíble… pero… ¿puedes controlarlo?

—preguntó.

Selene cerró los ojos y respiró hondo.

La sensación del frío era intensa, casi dolorosa, pero a la vez extrañamente familiar.

Lentamente, intentó enfocar su energía, y las ráfagas de hielo comenzaron a tomar forma: pequeñas figuras de cristal flotaban frente a ella, como dragones diminutos hechos de nieve y escarcha.

—Wow… —murmuró Bárbara, sin poder creer lo que veía—.

Esto… es mágico… y aterrador al mismo tiempo.

Selene abrió los ojos, con un brillo gélido que reflejaba tanto miedo como determinación.

—Supongo… que este también es un poder que tengo… —dijo, mientras un frío aún más intenso llenaba el cuarto, y los cristales de hielo flotaban a su alrededor como un ejército silencioso.

El cuarto quedó envuelto en una luz azulada y helada, y Bárbara, Elías y Franco comprendieron que Selene no solo había despertado un poder de fuego… sino que ahora también podía controlar el frío y el hielo, algo que ninguno había visto antes.

El cuarto estaba en silencio, pero el aire parecía vibrar.

Selene respiraba con fuerza, el corazón latiéndole con intensidad, mientras un brillo rojizo surgía de sus ojos y, al mismo tiempo, un frío azul intenso emanaba de sus labios.

La combinación era casi hipnótica: calor y frío chocando, danzando en el aire alrededor de ella.

Bárbara, Elías y Franco la miraban boquiabiertos, sin poder apartar la vista.

El calor de la luz rojiza rozaba su piel, mientras el frío azul helaba el aire, creando una sensación tan intensa que parecía que el tiempo mismo se detenía.

—Selene… ¿qué estás haciendo?

—preguntó Bárbara, intentando mantenerse firme—.

Esto… esto no parece real.

—Ni siquiera yo lo sé —respondió Selene, con un hilo de voz, pero segura—.

Siento… siento que puedo controlar los dos… a la vez.

Al concentrarse, pequeños chorros de fuego surgieron de sus ojos, mientras del borde de sus labios escapaban ráfagas de hielo que flotaban como esculturas de cristal suspendidas en el aire.

Una chispa rojiza se encontró con un fragmento de hielo, y en lugar de extinguirse, crearon un resplandor violeta brillante, que iluminó toda la habitación con un efecto casi mágico.

Elías dio un paso atrás, completamente impactado.

—¡No… no sabía que algo así fuera posible!

—exclamó—.

¡Eso es… increíble y aterrador al mismo tiempo!

Franco, con los ojos abiertos de par en par, no podía creer lo que veía.

—Selene… esto… es tu poder.

¡Estás combinando fuego y hielo!

—dijo, sin moverse, maravillado y preocupado a la vez.

Bárbara se acercó lentamente, sin quitar los ojos de las figuras que flotaban en el aire.

—Es… es como si el mismo mundo estuviera dentro de ti —susurró—.

Nadie podría controlar algo así sin volverse loco.

Selene levantó las manos y, con un gesto suave, las ráfagas de fuego y los cristales de hielo comenzaron a girar alrededor de ella, formando un torbellino que iluminaba la habitación con un resplandor rojizo, azul y violeta.

Su voz temblaba un poco: —Nunca había sentido nada así… pero… siento que puedo aprender a controlarlo.

El cuarto quedó envuelto en ese espectáculo de luz y poder.

Bárbara, Elías y Franco comprendieron en ese momento que Selene no solo tenía un poder… sino una fuerza capaz de alterar la realidad misma, un equilibrio entre calor y frío, fuego y hielo, que nadie había visto jamás.

Selene respiró hondo, sintiendo la energía recorrer todo su cuerpo.

Había aprendido a controlar un poco su poder, y ahora quería probar algo más… arriesgado.

—Esto… tengo que intentarlo —murmuró para sí misma, concentrándose.

Lentamente levantó la mano derecha, y de sus dedos comenzó a surgir un resplandor rojizo que se fue formando en una bola de fuego perfecta, chispeando y girando como si tuviera vida propia.

La temperatura subió de inmediato a su alrededor, y un calor intenso envolvió su brazo.

Al mismo tiempo, levantó la mano izquierda, y de sus labios escapó un frío que se materializó en una bola de hielo, azulada y brillante, suspendida en su palma.

Las partículas de escarcha flotaban alrededor de ella, formando un efecto casi mágico y helado, contrastando con el calor de la otra mano.

Bárbara, Elías y Franco retrocedieron unos pasos, completamente impactados.

—¡Selene…!

—exclamó Bárbara—.

¡Eso es… increíble!

¡Tienes fuego en una mano y hielo en la otra!

Elías abrió los ojos como platos.

—¡No puedo creerlo!

¿Cómo haces eso sin que se destruyan entre sí?

Selene sonrió con un toque de orgullo y un poco de nerviosismo.

—No lo sé… pero puedo sentir que… puedo controlarlo.

Cada bola responde a mi intención.

Con cuidado, giró ligeramente la mano derecha y la bola de fuego emitió chispas hacia el techo, mientras la de hielo giraba en sentido contrario, creando un contraste perfecto entre calor y frío.

La luz que proyectaban iluminaba todo el cuarto, mezclando tonos rojos, azules y violetas, y formando un espectáculo de energía pura.

Franco se acercó un poco más, temeroso pero fascinado.

—Selene… esto es… alucinante.

Nunca había visto algo así.

¡Eres increíble!

Selene cerró los ojos un instante, concentrándose aún más, y sintió cómo ambas bolas vibraban en sus manos, listas para obedecer cualquier movimiento que hiciera.

Por primera vez comprendió que su poder no tenía límites, y que ahora podía usar fuego y hielo al mismo tiempo, como dos fuerzas opuestas que ella misma podía equilibrar.

El cuarto quedó iluminado por el resplandor combinado de ambas bolas, y Bárbara, Elías y Franco comprendieron que Selene no solo había despertado un poder… sino una fuerza capaz de cambiarlo todo, un equilibrio entre calor y frío que la hacía prácticamente invencible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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