El despertar de selene - Capítulo 65
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- Capítulo 65 - 65 capítulo 65El secreto de las sultanas
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65: capítulo 65:El secreto de las sultanas 65: capítulo 65:El secreto de las sultanas El resplandor del poder se desvaneció poco a poco, y en el silencio repentino apareció algo inesperado.
Entre las sombras, emergió de nuevo un gato negro.
Selene parpadeó incrédula, con el corazón acelerado.
—¿Yuni?
¿Eres tú?
—preguntó con un hilo de esperanza en la voz.
El felino la observó fijamente con sus ojos brillantes, y de pronto, respondió con voz clara, aunque envuelta en un eco extraño: —Sí, Selene, soy yo.
Una sonrisa iluminó el rostro de Selene.
—¡Qué alegría verte de nuevo en un gato!
—rió suavemente, aliviada de que no la hubiera abandonado del todo.
El gato maulló con ternura y, como si sonriera, ladeó la cabeza.
—Quiero advertirte algo… —su tono se volvió grave—.
¿Recuerdas que hace poco fuiste a Egipto y te convertiste en una princesa del pasado?
Selene asintió con un suspiro.
—Sí, lo recuerdo… De hecho, recién volví hace un día.
Yuni bajó la mirada un instante, como si las palabras pesaran demasiado.
—Debo decirte algo más… creo que volverás a tener que ser una princesa.
—¿Qué?
¿Por qué?
—Selene retrocedió un paso, confundida y con un ligero temblor en la voz.
El gato negro alzó la vista hacia ella, y sus ojos parecieron brillar con un fulgor sobrenatural.
—Tu abuela ahora descansa en paz en el cielo —dijo con solemnidad—.
Ya no podrá venir a verte como lo hacía antes.
Sin embargo, antes de partir, me confió un secreto.
Existe algo en el mundo otomano, en la época en que ese gobierno escondió su mayor tesoro.
Se trata de un collar similar al que llevas ahora, el Corazón de Sirena.
Ese collar concede un poder inmenso… y es exactamente lo que Matías busca para derrotarte.
El aire se volvió más denso, como si el destino de Selene se tejiera en silencio alrededor de esas palabras Yuni alzó su pequeña cabeza felina y sus ojos resplandecieron con un brillo plateado.
Su voz sonó más profunda, como si hablara desde otro tiempo.
–– Se llama Lágrima de Luna.
Selene lo miró con el ceño fruncido, intrigada.
—¿Lágrima de Luna?
Yuni asintió con seriedad.
—Sí.
Es un relicario único.
Su cadena está forjada en plata oscura, y en el centro lleva una gota cristalina que guarda dentro un líquido plateado, como si la luz de las estrellas hubiera quedado atrapada en su interior.
Cuando la luna llena ilumina el cielo, las runas que lo rodean comienzan a brillar con un resplandor azul.
Selene contuvo el aliento.
—¿Y… qué hace ese collar?
—Concede la capacidad de manipular el tiempo —respondió Yuni con solemnidad—.
Quien lo porta puede detenerlo por unos segundos, retroceder para corregir errores, o incluso adelantarse apenas un instante para ver lo que está por suceder.
Pero no todo es un regalo… ese poder consume la energía vital del portador.
Cuanto más lo uses, más se debilitará tu espíritu.
Los ojos de Selene se abrieron de par en par.
—¿Entonces… es peligroso?
El gato bajó la mirada, como si recordara algo doloroso.
—Lo es.
Fue creado por una sacerdotisa que lloró por un amor imposible.
Sus lágrimas se solidificaron bajo la luz de la luna, y de allí nació el collar.
Si el portador tiene un corazón puro y valiente, el collar le será fiel.
Pero si no… las visiones falsas que provoca terminarán por envenenar su alma.
Selene sintió un escalofrío recorrerle la espalda, y su mano se cerró con fuerza sobre el Corazón de Sirena que ya llevaba.
—¿Yuni… crees que Matías lo busca?
Yuni la observó con gravedad.
—Sí, Selene.
Y si él logra encontrarlo antes que tú… no solo será más fuerte.
Podría cambiar la misma esencia de tu destino.
El silencio cayó como una losa entre los dos, mientras la luna iluminaba el pelaje oscuro del gato, que no dejaba de mirarla con intensidad.
Selene seguía en silencio, procesando cada palabra que Yuni le había dicho.
El gato la miró fijo, como si aún guardara un secreto más.
—Selene… hay algo más que debes saber.
Para encontrar la Lágrima de Luna tendrás que viajar de nuevo al pasado.
Ella abrió los ojos sorprendida.
—¿De nuevo?
¿A dónde esta vez?
—Al mundo otomano —respondió Yuni con solemnidad—.
A la época de los sultanes y las sultanas, donde el poder y los secretos estaban ocultos detrás de los muros de palacio.
Solo allí podrás convertirte en lo que necesitas ser… una sultana.
Selene tragó saliva.
La idea de volver a otra vida pasada la llenaba de miedo, pero también de un extraño presentimiento.
—¿Y por qué ahí?
El gato entrecerró los ojos, como si viera más allá del presente.
—Porque en ese mundo, bajo la tierra sagrada del palacio, se esconde el collar.
Fue enterrado hace siglos para protegerlo de manos ambiciosas.
La Lágrima de Luna duerme en lo profundo, resguardada por símbolos y juramentos antiguos.
Solo alguien que logre ganarse el título y la confianza de las sultanas podrá acercarse a él.
Selene bajó la mirada, pensativa.
—Entonces… ¿tengo que convertirme en una sultana para conseguirlo?
—Así es —afirmó Yuni, maullando con gravedad—.
Ese será tu destino.
Pero debes apresurarte, Selene.
Si Matías llega primero, no habrá forma de detenerlo.
El corazón de Selene latía con fuerza.
Una nueva misión se abría ante ella, más peligrosa que las anteriores.
Convertirse en una sultana… y descender a lo oculto bajo tierra para encontrar la Lágrima de Luna.
El aire nocturno se volvió pesado, y el silencio de Yuni selló las palabras como un juramento.
Selene respiró hondo, todavía asimilando el peso de las palabras de Yuni.
—Bueno… —dijo con cierta inseguridad—.
Yo sé cómo ser una princesa, pero no sé cómo llegar a ser una sultana.
El gato ladeó la cabeza y soltó un maullido breve, casi como una risa burlona.
—¿Sabes?
—respondió Yuni—.
No es tan difícil como imaginas.
Si él sabe ser sultán, tú puedes convertirte en sultana.
Lo importante no es el título, Selene, sino cómo te muevas en ese mundo.
Debes ser cautelosa… mucho más que antes.
Yuni entrecerró los ojos y su voz bajó un tono.
—Selene… si quieres aprender a ser sultana, no mires solo hacia lo que fuiste como princesa.
Inspírate en alguien que dominó ese mundo con su inteligencia: Hurrem Sultan.
—¿Hurrem?
—preguntó Selene, intrigada.
—Sí.
Ella pasó de ser una simple esclava a la mujer más poderosa del imperio.
Nadie esperaba que una extranjera alcanzara tal lugar, pero lo logró.
Fue cautelosa, astuta, y convirtió cada sonrisa en un arma.
Aprendió a sobrevivir entre intrigas y a ganar la confianza del sultán hasta volverse inquebrantable.
Selene guardó silencio.
La idea de una mujer que había cambiado su destino tan radicalmente despertaba en ella una chispa de fuerza.
—Entonces… ¿crees que debo seguir sus pasos?
—susurró.
—Exactamente —afirmó Yuni—.
Solo así podrás moverte en ese palacio y reclamar lo que es tuyo.
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