El despertar de selene - Capítulo 66
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- Capítulo 66 - 66 capítulo 66Pasos peligrosos
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66: capítulo 66:Pasos peligrosos 66: capítulo 66:Pasos peligrosos —Mira, ahora me tengo que ir, pero en unas noches volveré por ti para llevarte al mundo otomano.
Adiós —dijo, desvaneciéndose lentamente ante los ojos de Selene.
Ella quedó inmóvil, sin comprender del todo lo que había pasado.
Era confuso, pero también tenía un aire de magia y encanto que la hacía estremecerse.
Sentía que algo grande estaba por venir, y aunque no lo entendiera todavía, su corazón palpitaba con fuerza.
Para distraerse, Selene encendió su computador y comenzó a navegar por internet.
Entre publicaciones y notificaciones, se topó con una historia de una chica que conocía desde hacía tiempo.
En la pantalla brillaba una imagen que la dejó sorprendida: la joven posaba junto a un auto lujoso, de esos que parecían inalcanzables, y lucía joyas deslumbrantes.
Lo curioso era que aquella chica tenía la misma edad que Selene.
Por un instante, no fue la envidia lo que apareció en su pecho, sino una punzada de nostalgia.
No la celaba por sus riquezas… la extrañaba.
Como Selene conocía —o al menos sabía— casi de todas las chicas de su escuela, decidió curiosear un poco más en el perfil de aquella joven.
Recordaba que era de un curso mayor, nada más, pero siempre había estado rodeada de rumores y cierto aire de misterio.
Ahora parecía estar envuelta en un mundo de lujos, autos caros y joyas que brillaban demasiado para ser simples caprichos adolescentes.
Selene la miraba con una mezcla de nostalgia y desconcierto.
No era que la envidiara… la extrañaba.
Recordaba cómo, en los pasillos del colegio, sus padres venían a buscarla caminando, igual que los de todos.
Nada hacía pensar que un día su vida se rodearía de tanto lujo.
Intrigada, Selene comenzó a leer los comentarios de las publicaciones.
Entre emojis de corazones y cumplidos, uno en especial captó su atención: “Oye, ¿de dónde sacas todas esas cosas, amiguita?
❤️❤️” Lo que la dejó helada fue la respuesta de la propia chica: “Ay, ¿por qué crees?
Porque estoy con un narco 😉” Selene se quedó paralizada frente a la pantalla.
Al principio pensó que debía de ser una broma, una manera exagerada de llamar la atención.
Pero mientras seguía deslizando, notó que en casi todas las historias había comentarios similares, insinuaciones repetidas, preguntas que iban en la misma dirección.
Y lo más inquietante era que, lejos de negarlo, aquella chica parecía disfrutar .
Selene apartó la vista de la pantalla por un momento.
No sabía si reírse por lo absurdo o sentirse inquieta por lo que acababa de leer.
¿Un narco?
La idea le parecía sacada de una serie, pero las pruebas estaban allí: demasiadas fotos ostentosas, demasiadas respuestas ambiguas, demasiados comentarios que apuntaban a lo mismo.
El brillo de las joyas y la sonrisa altiva de la chica no ayudaban a calmar la sensación que se instalaba en su pecho.
¿Era cierto?
¿Podía alguien de su misma edad, que hasta hace poco compartía los mismos pasillos y exámenes, estar viviendo ahora en un mundo tan peligroso?
Selene sentía una punzada de nostalgia mezclada con preocupación.
La extrañaba, sí, pero también la desconocía.
Esa chica ya no era la misma que un día saludaba tímidamente en los recreos; parecíahaber cruzado una puerta hacia otra vida.
Y entonces, otra pregunta comenzó a rondarle en la mente, casi como un eco imposible de acallar: “Si ella pudo llegar tan lejos, ¿qué me espera a mí?
¿Cuál será mi camino cuando esa promesa de volver por mí… se cumpla?” La curiosidad pudo más que la cautela.
Selene, con el corazón latiéndole fuerte, decidió crear una cuenta falsa.
Fingiendo ser un chico cualquiera, ingresó al perfil de aquella joven y, sin pensarlo demasiado, le escribió un mensaje directo: “Oye, ¿de dónde sacas todo ese lujo?
¿Es cierto que andas con narcos?” No esperaba respuesta inmediata, mucho menos a esas horas.
Pero apenas unos segundos después, la notificación iluminó la pantalla.
Selene sintió un escalofrío recorrerle la espalda al leer: “Pues sí.
Mira, por cada milloncito que a mí me pagan, yo me puedo comprar todo esto.
¿Y tú?
Eres un narquito, porque yo te puedo comprar y tratar muy bien 😉.” La frialdad de esas palabras la dejó helada, como si alguien hubiera abierto una ventana en pleno invierno.
No podía creer lo que acababa de leer.
El tono descarado, casi presumido, le revolvió el estómago.
Se sintió asqueada, como si una nieve amarga se hubiese derretido en su interior.
En ese instante, entendió que la distancia entre la chica que había conocido y la que ahora le respondía con tanta ligereza era abismal.
Ella le dijo: —Mira, te puedo pasar algunos contactos para que tu amiga entre a esto… pero tiene que cumplir ciertas cosas: estar increíble, aparentar ser más joven, y siempre mantener la fachada de inocencia.
Para llegar al que manda aquí, que llaman “La Virgen”, es indispensable.
Y, bueno… ahí pagan lo que quieran, si cumple sus reglas.
Selene quedó tan impactada que solo pudo escribir: —¡Ay, gracias!
Era más por curiosidad que por otra cosa.
Cerró su computador, porque la verdad, estaba totalmente en shock.
Eso era demasiado… ¿realmente podía ser así de fácil ganar dinero?
Pero al pensarlo bien, era como venderse a sí misma.
La idea la hizo estremecerse.
Su mente daba vueltas y vueltas, enredada en mil pensamientos que no quería aceptar.
Finalmente, decidió dejar de pensar en eso… al menos por un rato.
Selene se quedó pensativa, contemplando la vida de aquellas mujeres.
Si cada una de ellas ganaba tanto dinero, ¿por qué ella no podría lograrlo también?
Claro, sin tener que prostituirse.
Eso estaba fuera de toda discusión.
Una mezcla de ambición y prudencia se abrió paso en su mente, dibujando un camino que aún no sabía córrer.
Entonces Selene murmuró para sí misma: “Hmm… sería buena idea.
Así podré ayudar a mi mamá y a mi papá.
Ya sé.” Con decisión, buscó el perfil de la chica que, según los rumores, estaba relacionada con narcos.
La siguió y le escribió: —Hola… oye, este… de seguro ya te habré comentado algunas fotos, o… bueno, soy del colegio.
Pero quería preguntarte lo de los narcos, ya sabes… ¿crees que podamos hablar en persona?
La respuesta no tardó.
La chica escribió rápidamente: —Claro, veme en el parque del Arauco a las 7.
Te espero ahí.
El corazón de Selene dio un salto; sentía emoción y miedo al mismo tiempo.
Nunca había hechoalgo así, pero sabía que era un paso que tenía que dar.
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