Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El despertar de selene - Capítulo 67

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El despertar de selene
  4. Capítulo 67 - 67 capítulo 67Reina Roja en acción
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

67: capítulo 67:Reina Roja en acción 67: capítulo 67:Reina Roja en acción Él se había arreglado con esmero; quería causar una buena impresión, así que eligió sus mejores vestidos.

Caminó hacia el parque y se sentó en una banca, observando el lugar mientras esperaba a la chica.

De repente, una camioneta amplia se detuvo cerca.

De ella bajó una joven con enormes tacones dorados, un vestido azul extremadamente corto y rizos que le caían hasta la espalda.

Caminaba con una cartera de lujo hacia él, con pasos seguros.

Algo en su porte le hizo pensar que podía ser la chica.

Cuando llegó a la banca, lo miró fijamente y dijo: —Hola… tú debes ser la chica que me escribió por Instagram.

Yo soy Jessica.

Pero no me digas Jessica… dime “La Diabla”.

¿Sabes por qué me llaman así?

Selene negó con la cabeza.

—Bueno —continuó Jessica—, porque alguna vez existió alguien como yo que recibió ese apodo.

Yo consigo lo que me propongo: manipulo, actúo, genero… pero mucho cuidado.

Ahora, ¿de qué querías hablar?

Selene sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

La seguridad de Jessica era intimidante, y algo en su mirada le hacía pensar que estaba entrando en un mundo mucho más peligroso de lo que había imaginado.—Mira, ¿cómo te llamas tú?

—preguntó Jessica, cruzando los brazos con curiosidad.

—Yo me llamo Selene —respondió ella, un poco nerviosa.

—Gusto —dijo Jessica, esbozando una leve sonrisa—.

Bueno, tú solo podrías llamarme Jessica.

Hizo una pausa, como evaluando a Selene.

—En fin —continuó—, el negocio comienza así: yo no te voy a obligar a nada.

Tú sabes a lo que se dedica uno, pero yo no hago esas cosas.

Lo único que hago aquí… pues no es nada malo.Solo llevo a las chicas al patrón, y ellas le bailan.

Eso es todo.

Selene la escuchaba con atención, tratando de comprender cada palabra.

—Y nada —dijo Jessica, bajando un poco la voz—, tú vas a hacer lo mismo.

Porque veo que estás muy chiquilla para esto.

Selene sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Las palabras de Jessica eran directas, casi frías, pero a la vez había en ellas una claridad que la hacía sentir que, si quería, podía entrar en ese mundo sin perderse completamente.

Selene dudó un instante, pero finalmente dijo: —Bueno… puedo hacerlo.

Pero, ¿y si las niñas no quieren?

Jessica la miró con una sonrisa fría y segura: —Mira —dijo—, por algo me llaman La Diabla.

Porque yo manipulo.

Y mírame… ¿acaso soy pobre?

No, ¿verdad?

Estoy rodeada de lujo.

Selene tragó saliva, atenta a cada palabra.

—Lo que tú puedes lograr —continuó Jessica—, si sabes usar la inteligencia y la manipulación… con esas dos cosas ya estás en el cielo.

Pero hay algo que debes cambiar: tu nombre.

Aquí, como eres tan menor, no voy a arreglar tu nombre.

Selene sintió un nudo en el estómago.

Todo era tan extraño, intimidante… y al mismo tiempo, fascinante.

Sabía que lo que estaba escuchando podía cambiar su vida, para bien o mal —El patrón me pidió cuatro niñas —dijo Jessica con voz firme—.

Dos son mías y dos son tuyas.

Nos dividimos los milloncitos entre nosotras.

Selene la miró, concentrada, tratando de asimilar cada palabra.

—Tienes que buscar a una rubia virgen, muy elegante, muy jovencita… si puede ser de 20 años o menos.

La otra tiene que tener experiencia; debe verse mayorcita, como de 28 o 30, pelinegra y bajita.

¿Me entiendes?

—Sí… sí puedo encontrarlas —respondió Selene, con determinación y un nudo en el estómago.

—Bien —continuó Jessica—.

El patrón les da dos millones por cada noche.

Tú no tienes que decirles eso; con eso caen.

Y si no, diles que les da tres millones, porque a veces sí da tres.

Selene asintió, guardando cada detalle en su mente.

Cada palabra era vital.

Sabía que cualquier error podía costarle caro, y que estaba entrando en un mundo mucho más peligroso de lo que había imaginado.

—Muy bien, excelente —dijo Jessica—.

Mira, yo tengo unos tres amiguitos que se llaman Paola, Lorena y Cindy.

Ellas tres me ayudaron a mí, así que igual te van a ayudar a ti.

Selene asintió, tratando de procesar todo.

—Ahora puedes ir a buscar a las niñas, yo te llevo en mi camioneta.

—okey —murmuró Selene, nerviosa pero decidida.

Jessica se detuvo antes de volver a la camioneta y la miró con seriedad: —Ah, una cosa… nunca le digas tu nombre a nadie.

Solo dile que tú eres“La Reina Roja”, así como a mí me llaman “La Diabla”.

—Sí, excelente —respondió Selene—.

Está bien, no te preocupes.

Jessica sonrió levemente y añadió: —Muy bien, sube al auto,Jessica miró el reloj y frunció el ceño.

—Se nos hace tarde —dijo con rapidez—.

Vamos, sube al auto, niña, que no podemos perder tiempo.

Selene respiró hondo, se ajustó la chaqueta y entró en la camioneta.

A su alrededor, la tensión era palpable; cada minuto que pasaba podía acercarla más al peligro… o a la oportunidad que había estado esperando.Mientras iban en la camioneta, Selene jugaba discretamente con sus poderes.

Una pequeña chispa de nieve danzó entre sus manos, brillando apenas, invisible para Jessica.

Mientras practicaba, su mente trabajaba a mil por hora, intentando imaginar cómo podría encontrar a las dos niñas.

La pregunta era enorme, y la respuesta no era nada sencilla.

Cuando finalmente llegaron, Jessica señaló con un gesto firme: —Mira, es acá, en este barrio —dijo—.

Aquí se encuentran las dos niñas que el patrón quiere.

Selene asintió, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza.

—Si las encuentras en menos de una hora —continuó Jessica—, el patrón te da hasta diez millones.

Pero como eres nueva, te va a dar cuatro… así que apúrate, quizás cinco.

Selene tragó saliva, consciente de que cada segundo contaba.

Este era su primer gran reto, y sabía que no podía fallar.

Selene respiró hondo, tratando de controlar la impotencia que sentía: —No te preocupes —dijo con determinación—.

Yo las consigo en menos de una hora, ya verás.

La chica asintió y sonrió levemente: —Muy bien, Reina Roja, adelante.

Selene se acercó a la primera casa que Jessica había indicado y tocó la puerta.

Para su sorpresa, salió una joven rubia que coincidía con la descripción.

—Hola, ¿qué tal?

—dijo Selene, con voz cordial—.

Bueno, mira, te venía a proponer algo.

—¿Qué cosa?

—preguntó la chica, con curiosidad.

—Es que… esto está un poco complicado.

No creo que aceptes, pero… ¿estarías dispuesta por cuatro millones?

—¿De qué me está hablando?

—dijo la joven, frunciendo el ceño.

—Mi amiga trabaja para el patrón, y yo casi también —explicó Selene—.

Quería saber si estarías dispuesta a pasar una noche con él.

Te pagaría tres o cuatro millones, lo máximo.

Y en dólares, imagínate.

La chica frunció los labios, claramente molesta: —Oiga, no se pase de lista.

Yo no soy como esa gente tan fácil que hay por ahí.

Me llamo Viviana, y que te quede claro: yo no soy ese tipo de persona.

Selene suspiró, con impotencia pero firme: —Ah, pero va a ser solo una noche.

Usted no hará lo que piensa, solo le hará compañía.

Nada más.

No va a perder nada, ¿me entiende?

Además, le puedo ofrecer hasta cinco millones, lo mismo que me pagarían a mí.

Ándale, acepte, porque el patrón paga muy bien.

Viviana dudó un instante, luego asintió: —Bueno, está bien… ¿a qué hora hay que ir?

—Mi amiga, La Diabla, la va a pasar a buscar mañana —dijo Selene, con voz firme—.

Bueno, adiós, espero que esté satisfecha con su recompensa Cuando Viviana se dio la vuelta, miró a Selene con curiosidad: —Oiga, ¿pero tú cómo te llamas?

Selene negó con la cabeza, sonriendo apenas: —Yo no puedo decir un nombre… pero dígame La Reina roja Selene salió rápidamente de la casa de Viviana, sintiendo un impulso de urgencia.

Solo le quedaba una niña por encontrar: Mariana.

Sabía que no podía perder tiempo; el reloj avanzaba y el patrón no perdonaba errores.

El barrio estaba lleno de calles estrechas y casas antiguas.

Selene caminaba con paso firme, observando a su alrededor y repasando en su mente la información que Jessica le había dado: Mariana debía verse mayorcita, con experiencia, segura de sí misma, pero también con cierta vulnerabilidad que pudiera aprovechar.

Finalmente, frente a una casa de fachada discreta, vio a Mariana: una joven pelinegra, baja, con una mirada que denotaba desconfianza y orgullo.

Selene respiró hondo.

Este era el momento de actuar.

—Hola —dijo Selene, acercándose con una sonrisa amistosa y segura—.

¿Tú eres Mariana, verdad?

Mariana levantó una ceja, con desconfianza: —Sí, ¿y tú quién eres?

—Mi nombre no importa —respondió Selene con voz firme pero suave—.

Pero puedo decirte algo: tengo una oportunidad que podría interesarte mucho.

Es sencilla y bien pagada.

No tendrás que hacer nada que no quieras, y ganarás más de lo que te imaginas.

Mariana la miró con incredulidad: —¿De qué estás hablando?

Selene inclinó un poco la cabeza, como compartiendo un secreto: —Mira, sé que suena extraño, pero confía en mí.

Hay alguien que necesita compañía por una noche, alguien que paga muy bien.

No tienes que involucrarte en nada más, solo estar ahí.

Es segura, nadie te hará daño.

Y si aceptas… podrías ganar cinco millones.

Mariana frunció el ceño, dudando.

Selene notó el pequeño gesto de inseguridad, la grieta que necesitaba para abrirse paso.

—Sé que eres inteligente —continuó Selene, bajando un poco la voz para sonar más cercana—.

Nadie más te daría esta oportunidad.

Otros ganarían mucho dinero por ti… pero tú puedes decidir.

Tú controlas la situación, tú decides.

Solo es una noche, Mariana.

Nada más.

Mariana vaciló, mordiendo ligeramente su labio.

Selene respiró hondo, reforzando su postura de confianza: —Además —añadió—, es tu oportunidad de demostrar que puedes manejarte, que sabes moverte en este mundo sin depender de nadie.

Confía en mí, solo una noche, y será tu elección.

Después de unos segundos que parecieron eternos, Mariana suspiró y asintió: —Está bien… lo haré.

Selene sonrió apenas por dentro, pero por fuera mantuvo la calma: había conseguido lo que necesitaba.

—Perfecto —dijo—.

Mañana alguien pasará por ti.

Solo prepárate y confía en mí.

Mariana asintió de nuevo, sin saber del todo qué la esperaba, mientras Selene se alejaba, consciente de que había dado otro paso en un mundo mucho más peligroso de lo que jamás había imaginado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo